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LA NOVELA INDIE QUE SE VENDE A SÍ MISMA MEJOR QUE PAULO COELHO Nocilla Packaging Nocilla Dream es desde hace meses comentario de pasillo literario en España. Incluso en el prólogo, Juan Bonilla sostiene que la apuesta narrativa de Fernández Mallo resulta significativa. Desde luego, el narrador de la novela así lo cree y opina que su obra «responde a la traslación de ciertos aspectos de la poesía postpoética al ámbito de la narrativa». Ahí es nada. Sin embargo, algunos desconfían de tanta anglofilía gratuita y de tanta autoconsciencia para imponer el éxito. Alberto Olmos Me ha pasado con Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo, lo que ya me sucedió en otras dos ocasiones cuya exposición me resulta, cuando menos, incómoda. Una fue con el Quijote. Sí, el de Cervantes. En un momento de la caudalosa narración, se nos dice que el Quijote será leído y publicado en todas las lenguas, y que su lectura conocerá el mayor de los éxitos. Leído eso a finales del siglo XX, cuesta trabajo no darle la razón. Pero sincronizando el momento de lectura con el de la escritura, no podemos dejar de pensar: «Jo, don Miguel, ¡qué ego!». La segunda ocasión en que noté esto (que podemos definir como «la imposición del status») me resulta aún más incómoda de narrar. Se trata del disco de rap Vivir para contarlo, de Violadores del verso. Este cedé ocupó el primer puesto en las listas de ventas españolas en 2006, algo absolutamente descabellado teniendo en cuenta la competencia feroz de productos musicales más afines al gusto facilón de los compradores. En el propio cedé, que es a lo que voy, hay varios momentos en los que las letras de las canciones (evidentemente compuestas y grabadas antes de que el disco se ponga a la venta: perogrullada jugosísima, por cierto) refieren de hecho el éxito que está teniendo el disco, hasta el punto de afirmar, clarividentes: la industria se pone de los nervios Y de ahí pasamos a Nocilla Dream. Se trata de un libro al que he llegado después de que me lo vendieran. Después de oír hablar de él. Después de atender a la calificación de innovador y revolucionario que se le daba. Después de, en definitiva, recibir la consigna de que se trataba de una novela imprescindible y pionera. Lo que me ha sorprendido más del libro, ya leído, es la autoconsciencia que destilan sus páginas de todo eso que luego ha sucedido. Lo que más me gusta, de hecho, de Nocilla Dream, es cómo contiene en sí mismo la imposición de su propio éxito. EL PACKAGING Obra suya sí es la cubierta de la novela. En ella, aparece ya la anglofilia que por lo visto subyuga al autor: el propio título del libro, con la palabra ‘Dream'; un póster, en inglés, para un concierto de Belle and Sebastian; y una televisión con la palabra ‘Open' titilando en la pantalla. Abrimos el libro. En la solapa biográfica, nos enteramos de que Fernández Mallo tiene un poemario cuyo título incluye la palabra ‘travelling', otro texto con la palabra ‘pixel' y otro con la palabra ‘remake'. Luego hay una foto del autor, en páginas interiores, en cuyo pie se dice que está tomada en Carson City (Nevada; Estados Unidos). La foto es un interior y bien podría estar tomada en Cangas de Onís. A continuación, un prólogo de Juan Bonilla. En él se califica a la novela como «indie», se cita un juicio del autor («el 99 por ciento de la poesía española es muy mala»; mi padre, que no lee, piensa seguramente lo mismo, y hasta añadiendo al uno por ciento restante) y se propone que la «aventura narrativa, Proyecto Nocilla, no debería pasar desapercibida». Acudimos al final de la novela, a los «Créditos». Allí se nos listan las referencias bibliográficas, y se nos cuenta, con admirable pertinencia para enmarcar una obra que el lector ya asume como genial, cosas como la que sigue: Nocilla Dream, cuyo arranque surge de la conjunción de la lectura del artículo El árbol generoso (de Charlie LeDuff, The New York Times, 10-06-2004), con el fortuito hallazgo, en un sobre de un azucarillo de un restaurante chino, del verso de Yeats, Todo ha cambiado, cambió por completo/ una belleza terrible ha nacido, y la también fortuita reaudición ese mismo día de la canción ¡Nocilla, qué merendilla! de Siniestro Total (DRO, Discos Radioactivos Organizados, 1982), fue escrito entre los días 11 de junio y 10 de septiembre de 2004 en las ciudades de Bangkok y Palma de Mallorca. El así denominado Proyecto Nocilla, constituido por Nocilla Dream y las sucesivas Nocilla Experience y Nocilla Lab, responde a la traslación de ciertos aspectos de la poesía postpoética al ámbito de la narrativa. Desde luego, Fernández Mallo se toma súper en serio a sí mismo. Finaliza todo este aparato packaging con una lista de agradecimientos: unos treinta nombres. Visto lo visto, a uno le parece que la novela sabía perfectamente lo que quería que se dijera de ella, y yo como lector he disfrutado mucho de este envoltorio, toda vez que en las novelas al uso suele ser puramente informativo, si no estrictamente doméstico. Luego, en el propio texto del libro (si a alguien le interesa: el libro está muy bien), hay un episodio que acaba por decirnos todo lo que tenemos que decir sobre Nocilla Dream. Es el 107. Se trata de un compendio de críticas a Nocilla Dream (habéis oído bien), en el que figuran halagos como estos:
Honestamente: qué valor.
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