Invitación a la lectura

1956: Zama, Di Benedetto y qué es literatura, por Juan José Saer

Lecturas

El novelista y las novelas, de Manuel Gálvez

Después apareció una nave (manual para nuevos cuentistas), de Guillermo Samperio

Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo

El colectivo, de Eugenia Almeida

Tintalabios

Juan Aparicio-Belmonte: «Abundan los dogmáticos que se toman la literatura con una seriedad de asno»

Roberto Fontanarrosa: «Quisiera ser talentoso, popular y millonario, pero me basta saber que mis libros se venden bastante bien»



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El libro y su
autor

Guillermo Samperio (México D.F., 1948) combina su dedicación a la literatura con actividades profesionales, académicas y culturales. Entre otros, ha ganado el Premio Casa de las Américas, el Premio Nacional de Periodismo Literario al Mejor Libro de Cuentos o el Premio Instituto Cervantes de París Juan Rulfo.

Algunos libros suyos son estos:

Cualquier día sábado (1974),

Gente de la ciudad (1985),

Anteojos para la abstracción
(1994),

Miedo ambiente
(1994),

¿Por qué Colosio?
(1995),

Ventriloquia inalámbrica
(1996),

Cuando el tacto toma la palabra. Cuentos 1974-1999
(1999),

Tribulaciones para el siglo XXI (1999),

Humo en sus ojos
(2000) y

Después apareció la nave. Manual para nuevos cuentistas
(2002).

Enlaces en la web

Páginas de
espuma: la editorial

Blog de Páginas de Espuma

Entrevista con el
autor

Aquí se puede
descargar un
fragmento del libro

 

 

DESPUÉS APARECIÓ UNA NAVE, UN MANUAL PARA ESCRIBIR CUENTOS

Guillermo Samperio: la conceptualización al poder

 

Números evaluadores, gráficas que atraviesan «puntos de distracción» y métodos para analizar cuentos en 24 pasos. Para este mexicano, emular a Chéjov o a Poe consiste casi en elaborar un artefacto matemático que conviene estudiar con frialdad de forense. Un libro no apto para románticos de la escritura.

 

Rubén A. Arribas
revistateina@yahoo.es

 

Hay libros que yo no sé, diría César Vallejo. Después apareció una nave (manual para nuevos cuentistas) del mexicano Guillermo Samperio es de esos manuales de escritura que dejan perplejo y sorprendido al lector a partes iguales. Quienes opinen que un cuento debe funcionar como un mecanismo de relojería y que su escritura puede desmenuzarse hasta casi convertirla en una función matemática, agradecerán la lectura y venerarán sus enseñanzas. Por el contrario, quienes estén más cerca de eso que el peruano Fernando Iwasaki denomina «experiencia textual, texto libre o el texto por el texto» encontrarán aquí nuevos argumentos para militar todavía con más firmeza en la acera de enfrente.

En cualquier caso, se esté en una u otra vereda, sorprende el subtítulo: manual para nuevos cuentistas. Leído el libro, uno advierte que en realidad «nuevo» solo alude al llamado «cuento moderno», esto es, al género alumbrado entre Poe y Chéjov en el siglo XIX, no más que eso. Todo es póquer clásico: prosa científicamente controlada, teoría de las dos historias, revelación final, clímax, anticlímax, etcétera. Es decir: el cuento como la ejecución de un crimen perfecto, el cuento como un artefacto matemático, el cuento, en definitiva, según los postulados de Borges y Piglia. Por tanto, un manual con poco o ningún espacio para eso que Eduardo Becerra y más de 20 cuentistas hispanoamericanos trataron de dilucidar como «nuevas poéticas» en El arquero inmóvil: la digresión, las estructuras ramificadas o la llegada del caos y de la fragmentación a la escritura. En el universo Samperio todo rezuma orden, geometría y proporción áurea.


CUÁNTO NÚMERO Y YO QUÉ VIEJO
Y es que cualquiera que abra este libro lo recordará por sus gráficas y por la insistencia del autor en cuantificar los atributos de la escritura. De hecho, las 4 ó 5 tablas que ofrece y las explicaciones aledañas dejarán huella en el lector. ¿Por qué? A continuación, un clarificador fragmento de la página 87:

Hay varios tipos de final. El más común es el natural, que está ligado al argumento y que, si bien no es esperado por el lector, tampoco alcanza a ser sorpresivo; es más bien lógico, consecuente, con un rango de tensión alrededor de 8,3. Valor similar al del final abierto; como el cuento se maneja sobre un hecho narrado solamente, en este final abierto se presentan al lector no más de cuatro o cinco expectativas como posibles soluciones.

Por si pasó desapercibido: «rango de tensión alrededor de 8,3». Para entender esto, primero hay que estudiarse la página 62, donde Samperio ofrece una gráfica sobre tensión narrativa, que asemeja la escritura del cuento a una función matemática que corretea por entre unos ejes X e Y... Según el autor, el rango ideal de tensión debe oscilar entre los 3,5 del inicio y los 10 del final. Asimismo, esa función matemática describe que el «Lado visible del cuento o líneas de distracción (LD)» debería atravesar 4 «puntos de confrontación (PC)» y 6 «puntos de distracción (PD)», hasta llegar al «punto dramático definitorio (PDD)», donde se produce el «clímax»... Y ya puestos, aclara que por debajo de la LD discurre la «Línea dramática definitoria (LDD)», que, obediente con la teoría de las dos historias que avanzara Borges y que confirmara Ricardo Piglia, solo se une con la otra en el PDD.... En fin, por momentos el manual cae en el vicio del lenguaje técnico y el cuento, más que un organismo vivo parece un cadáver en mitad de una autopsia.

Paradójicamente, ese espíritu de forense con que Samperio expone su teoría sobre el cuento es lo mejor y lo peor del libro. Del lado positivo, esa pretensión por objetivarlo todo proporcionará al lector conceptos útiles para analizar la estructura de muchos cuentos clásicos y entender por qué los autores narran en imperfecto, qué mecanismos ayudan a generar tensión o qué significa comenzar la narración con el conflicto desarrollado. Del lado negativo, tanto ímpetu por conceptualizar genera la sensación de estar ante un contenido demasiado aséptico y frío. Hay tanto peso puesto sobre la esquematización del texto que, al final, solo falta que aparezca una Deep Blue cualquiera y derrote a nuestro mejor Borges, Rulfo o Cortázar.


ENTRE LA COCA COLA Y MONTERROSO
En cualquier caso, el libro ofrece detalles de interés. Por ejemplo, las 50 primeras páginas reúnen una breve historia del género y una reflexión sobre en qué inefable lugar está el cuento antes de comenzar a escribirlo. Asimismo, hay unas 40 páginas donde el autor reproduce y desmenuza dos cuentos contemporáneos según un método de 24 pasos de su cosecha, que, si bien no es la panacea, puede proporcionarle una pauta de análisis de los textos a más de un despistado. Por último, la variada bibliografía y los ejercicios propuestos para romper el bloqueo creativo también aportan su granito de arena.

En resumen: un libro para leerlo con aquello que decía Monterroso bien a mano:

La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad.

Tomado así, leído con cierta distancia, Manual para nuevos cuentistas resultará útil a quienes necesiten ideas para trabajar sus cuentos o encauzar sus improvisaciones textuales. Leído sin esa prevención, más de uno puede pensar que descubrió la Coca Cola o que cuanto escribió hasta ahora no sirve para nada... Por eso, tómese este libro más que como un «manual» como los apuntes teóricos de un escritor sobre su experiencia frente a la pantalla en blanco. En esas condiciones no euclídeas, no está de más echarle un vistazo.


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