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DESPUÉS APARECIÓ UNA NAVE, UN MANUAL PARA ESCRIBIR CUENTOS Guillermo Samperio: la conceptualización al poder
Números evaluadores, gráficas que atraviesan «puntos de distracción» y métodos para analizar cuentos en 24 pasos. Para este mexicano, emular a Chéjov o a Poe consiste casi en elaborar un artefacto matemático que conviene estudiar con frialdad de forense. Un libro no apto para románticos de la escritura.
Rubén A. Arribas
revistateina@yahoo.es
Hay libros que yo no sé, diría César Vallejo. Después apareció una nave (manual para nuevos cuentistas) del mexicano Guillermo Samperio es de esos manuales de escritura que dejan perplejo y sorprendido al lector a partes iguales. Quienes opinen que un cuento debe funcionar como un mecanismo de relojería y que su escritura puede desmenuzarse hasta casi convertirla en una función matemática, agradecerán la lectura y venerarán sus enseñanzas. Por el contrario, quienes estén más cerca de eso que el peruano Fernando Iwasaki denomina «experiencia textual, texto libre o el texto por el texto» encontrarán aquí nuevos argumentos para militar todavía con más firmeza en la acera de enfrente.
En cualquier caso, se esté en una u otra vereda, sorprende el subtítulo: manual para nuevos cuentistas. Leído el libro, uno advierte que en realidad «nuevo» solo alude al llamado «cuento moderno», esto es, al género alumbrado entre Poe y Chéjov en el siglo XIX, no más que eso. Todo es póquer clásico: prosa científicamente controlada, teoría de las dos historias, revelación final, clímax, anticlímax, etcétera. Es decir: el cuento como la ejecución de un crimen perfecto, el cuento como un artefacto matemático, el cuento, en definitiva, según los postulados de Borges y Piglia. Por tanto, un manual con poco o ningún espacio para eso que Eduardo Becerra y más de 20 cuentistas hispanoamericanos trataron de dilucidar como «nuevas poéticas» en El arquero inmóvil: la digresión, las estructuras ramificadas o la llegada del caos y de la fragmentación a la escritura. En el universo Samperio todo rezuma orden, geometría y proporción áurea.
CUÁNTO NÚMERO Y YO QUÉ VIEJO
Y es que cualquiera que abra este libro lo recordará por sus gráficas y por la insistencia del autor en cuantificar los atributos de la escritura. De hecho, las 4 ó 5 tablas que ofrece y las explicaciones aledañas dejarán huella en el lector. ¿Por qué? A continuación, un clarificador fragmento de la página 87:
Hay varios tipos de final. El más común es el natural, que está ligado al argumento y que, si bien no es esperado por el lector, tampoco alcanza a ser sorpresivo; es más bien lógico, consecuente, con un rango de tensión alrededor de 8,3. Valor similar al del final abierto; como el cuento se maneja sobre un hecho narrado solamente, en este final abierto se presentan al lector no más de cuatro o cinco expectativas como posibles soluciones.
Por si pasó desapercibido: «rango de tensión alrededor de 8,3». Para entender esto, primero hay que estudiarse la página 62, donde Samperio ofrece una gráfica sobre tensión narrativa, que asemeja la escritura del cuento a una función matemática que corretea por entre unos ejes X e Y... Según el autor, el rango ideal de tensión debe oscilar entre los 3,5 del inicio y los 10 del final. Asimismo, esa función matemática describe que el «Lado visible del cuento o líneas de distracción (LD)» debería atravesar 4 «puntos de confrontación (PC)» y 6 «puntos de distracción (PD)», hasta llegar al «punto dramático definitorio (PDD)», donde se produce el «clímax»... Y ya puestos, aclara que por debajo de la LD discurre la «Línea dramática definitoria (LDD)», que, obediente con la teoría de las dos historias que avanzara Borges y que confirmara Ricardo Piglia, solo se une con la otra en el PDD.... En fin, por momentos el manual cae en el vicio del lenguaje técnico y el cuento, más que un organismo vivo parece un cadáver en mitad de una autopsia.
Paradójicamente, ese espíritu de forense con que Samperio expone su teoría sobre el cuento es lo mejor y lo peor del libro. Del lado positivo, esa pretensión por objetivarlo todo proporcionará al lector conceptos útiles para analizar la estructura de muchos cuentos clásicos y entender por qué los autores narran en imperfecto, qué mecanismos ayudan a generar tensión o qué significa comenzar la narración con el conflicto desarrollado. Del lado negativo, tanto ímpetu por conceptualizar genera la sensación de estar ante un contenido demasiado aséptico y frío. Hay tanto peso puesto sobre la esquematización del texto que, al final, solo falta que aparezca una Deep Blue cualquiera y derrote a nuestro mejor Borges, Rulfo o Cortázar.
ENTRE LA COCA COLA Y MONTERROSO
En cualquier caso, el libro ofrece detalles de interés. Por ejemplo, las 50 primeras páginas reúnen una breve historia del género y una reflexión sobre en qué inefable lugar está el cuento antes de comenzar a escribirlo. Asimismo, hay unas 40 páginas donde el autor reproduce y desmenuza dos cuentos contemporáneos según un método de 24 pasos de su cosecha, que, si bien no es la panacea, puede proporcionarle una pauta de análisis de los textos a más de un despistado. Por último, la variada bibliografía y los ejercicios propuestos para romper el bloqueo creativo también aportan su granito de arena.
En resumen: un libro para leerlo con aquello que decía Monterroso bien a mano:
La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad.
Tomado así, leído con cierta distancia, Manual para nuevos cuentistas resultará útil a quienes necesiten ideas para trabajar sus cuentos o encauzar sus improvisaciones textuales. Leído sin esa prevención, más de uno puede pensar que descubrió la Coca Cola o que cuanto escribió hasta ahora no sirve para nada... Por eso, tómese este libro más que como un «manual» como los apuntes teóricos de un escritor sobre su experiencia frente a la pantalla en blanco. En esas condiciones no euclídeas, no está de más echarle un vistazo.
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