Pantallas, papel y ondas: con poder para mitificar

La engañosa pero efectiva fórmula que relaciona inmigración y delincuencia

Ciudadanos extranjeros: de siervos a conversos, por José Beltrán Llavador

Colaboraciones

Cuando la brújula universal apunta siempre hacia el Norte, por Tomás Calvo Buezas

Montevideo: más viejo y pobre cada vez, por Laura Caorsi

Perder un idioma y un país,perder los puntos de referencia, por Romina Iebra Aizpurúa

Entrevista

Entrevista a Adela Ros I Híjar, Socióloga y ex secretaria de Inmigración de Catalunya
«Los políticos utilizan la inmigración como un elemento electoral; en la cotidianeidad, no les importa»



Ver número anterior: INMIGRACIÓN

Notas

1) Mitos y realidades sobre la relación entre inmigración y delincuencia, en Derechos Ciudadanos. Inmigración. Nº0, de 2005.

2) Anuario CEIM 2006: Los inmigrantes en la Comunidad Valenciana.

3) Mitos y realidades sobre la relación entre inmigración y delincuencia, en Derechos Ciudadanos. Inmigración. Nº0, de 2005.

4) Anuario CEIM 2006: Los inmigrantes en la Comunidad Valenciana.

 

Enlaces para ampliar el tema

Javier de Lucas: “Mientras no entendamos que vamos a una multiplicidad simultánea de identidades que hay que negociar, fracasaremos”

Estudios sobre inmigración en España del Colectivo Ioé, intervención sociológica

Medios de comunicación e inmigración, por Jordi Sanchez

La inmigración en España (El País)

Secretaría de Estado de inmigración y emigración de España

Estudios sobre inmigración en diferentes ámbitos

Aulaintercultural, el portal de la educación intercultural

Multiculturalismo, en Revista Teína nº3

Organización internacional para las migraciones

Observatorio Valenciano de las Migraciones (Fundación CeiM) 

Inmigración y racismo. Análisis de radio, televisión y prensa española.

La inmigración extranjera en España

 

 

LOS EXPERTOS CUESTIONAN LA VERACIDAD DE LAS ESTADÍSTICAS POLICIALES EN ESPAÑA

La engañosa pero efectiva
fórmula que relaciona
inmigración y delincuencia

Medios de comunicación, partidos políticos y otras instituciones suelen ligar la entrada de extranjeros con la variación de las tasas delictivas. Especialistas en estadísticas y estudiosos de las migraciones advierten del poco rigor con que estos grupos interpretan los índices, lo cual deja en evidencia los intereses ocultos detrás de esos análisis. Pero además, revelan las falencias de la metodología que se emplea para elaborar los datos policiales, sobre todo, los que discriminan por la nacionalidad de quienes cometen las infracciones.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

La inmigración como amenaza. Eso se desprendía de una de las últimas encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, donde el 58,1 por ciento de los españoles responsabilizaba a los extranjeros de un aumento de los índices de delincuencia (1). Aunque el estudio fue confeccionado hace algunos años, es poco probable que esta percepción haya variado radicalmente. En todo caso, se trata de una asociación que se escucha con frecuencia en la calle y que, incluso, suena hasta en las campañas políticas de partidos que se presentan como moderados.

En la competencia previa a las autonómicas del 27 de mayo, eso se ha convertido en habitual. Así, el derechista Partido Popular (el principal grupo de la oposición en España) apela a los argumentos más sensibles para ganarse la calle. En Badalona —donde hasta la fecha de elaboración de esta nota gobierna el Partido Socialista—, por ejemplo, el PP repartió entre los vecinos más de 30.000 copias de un DVD (también disponible en el sitio youtube) donde el entrevistador incita a varios transeúntes a que opinen sobre inmigración e inseguridad ciudadana. La producción muestra imágenes de inmigrantes musicalizadas con melodías dramáticas, tensas, y complementadas con testimonios de vecinos que ligan la llegada de extranjeros con la delincuencia o el deterioro de las viviendas, entre otros. Llegado un momento, el reportaje reivindica, sobre fondo negro, lanza tres consignas:

  • «Falta seguridad»,
  • «No a la mezquita en suelo público» y
  • «No a los pisos patera».
  • Para finalizar, el candidato a alcalde del PP García Albiol se compromete a trabajar por una «ciudad limpia». Casi nada.

    Por desgracia, ése es solo un ejemplo de cómo las instituciones, a través de los medios, connotan negativa y parcialmente la inmigración. O dicho de otro modo: de cómo éstas apelan a nociones que se sustentan más en reacciones emocionales que en argumentos racionales. Pero la visión sesgada de las instituciones no termina ahí.

     

    LAS COMPLEJAS RAÍCES DEL DELITO
    Algo similar ocurre con la asociación entre número de extranjeros y cantidad de delincuencia, aun cuando el método para elaborar las estadísticas policiales que relacionan ambos indicadores impide establecer una correspondencia sensata. El anuario de 2006 del Centro de Estudios para la Integración Social y Formación de Inmigrantes de la Comunidad Valenciana (CeiM) analiza esta identificación terminológica, cuyas consecuencias exceden el terreno de las palabras (2). Antes de adentrarse en las causas que la promueven, los investigadores conceden veracidad a cuatro datos:

  • Conforme aumenta el número de extranjeros residentes, lo hace el de delitos cometido por personas de nacionalidad no española.
  • Algunas nacionalidades presentan tasas de delincuencia mayores.
  • Los medios de comunicación corroboran la manifestación de actos violentos de bandas de adolescentes.
  • Existen mafias organizadas de origen foráneo que infringen la propiedad privada.
     
  • Ahora bien, el interrogante que, en seguida, se desprende del artículo del CeiM puede traducirse así: ¿bastan estas circunstancias para equiparar inmigración y delincuencia, al estilo de los discursos xenófobos de partidos de extrema derecha?

    Los analistas están convencidos de que no. Y acusan al tratamiento informativo de anular la «posibilidad de obtener una percepción ajustada a la realidad» del problema del crimen asociado a «algunos» extranjeros. Para ellos, «afirmar el crecimiento de la delincuencia en un grupo de población que está creciendo rápidamente no tiene más alcance que afirmar lo obvio». Por eso caben menos que nunca las generalizaciones. Porque es lógico que, cuanto más se ensancha un grupo, mayor es la probabilidad de que algunos de sus integrantes protagonicen determinadas conductas.

    Un debate aparte merecen los motivos que impulsan a cualquier ser humano, sin importar su origen, a delinquir. En general, y en particular en la mayoría de las informaciones periodísticas y policiales, se alude a las violaciones de ley como sucesos que responden, exclusivamente, a una decisión personal. Así, «se simplifica el análisis del problema» —y por tanto las respuestas de quienes abogan por aplicar mano dura— si las causes de éste quedan limitadas a la voluntad individual del delincuente, advierte el Sìndic de Greuges de la Comunidad Valenciana, Bernardo del Rosal Blasco (3).

    Las teorías que se han desarrollado para explicar la naturaleza del crimen contemplan otros campos, además de las características personales (4). Pero probablemente estas líneas de análisis ofrecen causas complejas que conllevan la aplicación de recetas profundas. En fin, explicaciones que incomodan a un electorado que busca soluciones mágicas: rápidas y que le perjudiquen lo menos posible. Y que resultan frustrantes, incluso a los ojos de los más utópicos, porque implicarían atacar el funcionamiento de la economía actual y sus secuelas sociales.

    Así que las reflexiones sobre la delincuencia, al menos las más mediáticas, suelen eludir esas líneas de investigación. Entre ellas, la que atribuye las diferencias en las tasas de crímenes a las diferencias en el acceso a los bienes, servicios y la calidad de vida considerados «normales» en cada sociedad. Según ésta, una persona puede delinquir «por la frustración que le genera el contraste» entre su situación y sus aspiraciones. Deseos que, todo hay que decirlo, también se fomentan desde el entorno y a partir de los modelos que la sociedad enaltece. En este sentido, los investigadores advierten del riesgo que conlleva marginar, de que se cercenen las posibilidades de prosperar y de satisfacer necesidades de una parte de la población.

    Otra teoría vincula la delincuencia a los problemas de integración familiar, urbanística, social, económica y política. Según ésta, «una persona está tanto menos expuesta a delinquir cuanto más integrada se halla en su entorno, a través de un conjunto de valores compartidos» que se transmiten en la familia, la escuela, el barrio y todo el tejido asociativo de la comunidad. En esta línea se advierte del riesgo de relegar a muchos inmigrantes a barrios sin infraestructuras básicas (ver número anterior de Teína) y del peligro de condenar su apego por las raíces culturales. Cuanto más respeto, cuanta más integración, menor riesgo de que cometan delitos.

    Como fuente de la delincuencia por parte de grupos de extranjeros armados y violentos, los analistas apuntan a la desestructuración de las instituciones en países del Este de Europa, África y Oriente Medio. Una arista bastante explotada por los medios, de modo sensacionalista, y que condujo a identificar a determinadas nacionalidades, como la rumana, con el crimen. Estas estructuras delictivas están integradas por miembros de las fuerzas militares, paramilitares, policiales y de seguridad de naciones sujetas a profundos cambios políticos o a extensos conflictos armados. Estas circunstancias suelen promover la reagrupación de esos profesionales de la violencia en torno a mafias que actúan en el país, aun cuando residen fuera.

    También se ha aludido a las diferencias culturales para explicar la comisión de ciertos delitos. Por ejemplo, la costumbre de la ablación en las capas populares de determinados grupos étnicos. Sin embargo, este enfoque debe matizarse con que, en todas partes, «el homicidio, el robo y la violación son considerados delitos».


    EL ESPEJISMOS DE LOS NÚMEROS
    Como se ve, las perspectivas con mayor difusión ofrecen una lectura sesgada de la delincuencia y de la relación entre ésta y la inmigración. Pero además, existen otros motivos que alarman a los especialistas cuando observan estas lecturas. El principal, y que ellos interpretan como un grueso error de fondo, refiere a la ineficaz metodología que se utiliza para diseñar las estadísticas policiales en España. Según dicen, los datos pueden sobre valorarse, hincharse de modo artificial. Y no sólo por interés. Antes bien, por simple limitación del sistema con que se recogen y se interrelacionan para extraer tendencias criminológicas. No obstante estos reparos, tanto los medios como algunos políticos explotan el recurso con asiduidad, por aquello de que, en las pantallas, una cifra suele decir más que mil palabras.

    He aquí algunos obstáculos para interpretar los índices oficiales como reflejo fiel de lo que ocurre con la delincuencia y la población extranjera en el país:

  • Difieren las fechas de los datos de inmigración y delincuencia que se tienen en cuenta.
  • Existe una cantidad de inmigrantes que las estadísticas oficiales desconoce y que, si se contemplara, reduciría la tasa de infracciones en esa población.
  • Las cifras se refieren al número de detenciones, no al de delitos cometidos por personas distintas. Es decir: las valoraciones ignoran las reincidencias y proyectan las cantidad de sucesos sobre la población total.
  • Muchos extranjeros que cometen infracciones se encuentran en régimen de turista y no son residentes. Como se explicó en el caso de los grupos violentos, que viven en otros países, pero delinquen aquí.
  • «Qué podríamos pensar de las personas de nacionalidad italiana si constantemente se nos presentan los crímenes y delitos de la mafia y ese fuera nuestro único conocimiento de esas personas?», se preguntan los especialistas del CeiM. Según ellos, existen sobrados motivos para revisar a la baja las tasas que relacionan inmigración y delincuencia.

  • Las tasas de delitos cometidos por españoles y extranjeros contrastan directamente entre ambas poblaciones, lo cual resulta engañoso. Para obtener una representación más real, las comparaciones deben realizarse entre grupos compuestos de forma similar.
  • Entre los inmigrantes hay, en proporción, más jóvenes y hombres que entre los españoles, lo cual «eleva artificialmente» las tasas de delincuencia en ese colectivo. Estos datos de edad y género —sumados a otros, como los socioeconómicos— determinan que, al contrastar pautas entre poblaciones diferentes, resulte más o menos fiel a lo que ocurre.

    Rosal Blasco añade otra razón contundente para considerar «poco fiables» las estadísticas que relacionan inmigración y delincuencia, en tanto que subraya la necesidad de «someter a análisis la propia metodología de la elaboración de los índices». Dice que, en España, las tasas contemplan las detenciones como consecuencia de la aplicación de la legislación de extranjería, es decir, las que se efectúan contra personas por encontrarse éstas de forma irregular en el país. ¿Puede asimilarse la naturaleza de un robo a la circulación sin permiso por un territorio? Aunque la lógica policial lo haga, el sentido común debería negarlo. Conclusión: los números explican bastante menos de lo que los políticos, como Albiol en Badalona, y la Policía en sus estadísticas quieren hacernos creer.

     

     

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