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DOS MIRADAS DE WINTERBOTTOM: IN THIS WORLD Y CÓDIGO 46
Presente y futuro: no hay lugar para las felices utopías
Del descarnado realismo documental de In this world a la ciencia ficción orwelliana de Código 46. De la historia de dos afganos que quieren emigrar a Londres al romance de una pareja occidental en un contexto futurista y policial demasiado parecido al presente. Dos películas que nacieron la una de la otra, dos maneras de contar un mismo fenómeno: la inmigración.
Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es

Si bien de registros y tramas muy diferentes, In this World (2002) y Código 46 (2003) están íntimamente ligadas. Escritas y dirigidas por el cineasta inglés Michael Winterbottom, ambas películas coinciden en que prestan especial atención a la inmigración.
El vínculo entre ambas producciones pasa por allí; en lo demás son completamente distintas. Mientras In this world adopta las maneras del documental para, desde la ficción, narrar la dura travesía de dos niños afganos que buscan emigrar a Europa; Código 46 cuenta, desde algo parecido a la ciencia ficción, una historia de amor imposible, ambientada en un futuro no muy lejano y donde la inmigración, la multiculturalidad, la obsesión por la seguridad y las desigualdades socioeconómicas forman el contexto.
Desde el aspecto formal —realidad frente a ficción— parece que no hay mucha relación entre una y otra película; sin embargo, ambas reflexionan sobre las causas, consecuencias y protagonistas del fenómeno migratorio. De hecho, como explicó el propio Winterbottom, filmar In this world le influyó notablemente en la escritura de Código 46.
LA MADRE DEL CORDERO
In this world (En este mundo) es una película indispensable para hablar y entender por qué la gente emigra en la actualidad. La cinta cuenta la historia de Jamal y Enayatullah, dos primos afganos que deciden emigran a Gran Bretaña. Si la situación en que ellos y sus familias se encontraban en su país era de por sí complicada, esta se volvió insostenible cuando Estados Unidos y sus aliados atacaron Afganistán luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas.
Así, ante un panorama tan sombrío, ambos optan por dirigirse a la lejana Inglaterra con el objetivo de lograr una vida mejor. Pero el camino será arduo y peligroso. Tendrán que atravesar Afganistán, Irán y Turquía, y desde ahí dar el salto a Londres. Para emprender tal aventura se ponen en manos de redes de traficantes de seres humanos, organizaciones que no dejan de crecer en los países menos favorecidos.
Así, a partir del tortuoso peregrinar de estos dos primos, Winterbottom deshilvana la complicada madeja que es la inmigración. Por un lado, deja en claro que emigrar no es jamás una decisión caprichosa de quienes la toman, sino un hecho forzado por las circunstancias. Y también constata la innegable responsabilidad que el mundo rico tiene en las penurias de los países pobres. Aquí la historia surge por las bombas de Estados Unidos y sus aliados sobre Afganistán, pero seguramente Winterbottom también podría haber hablado de cómo Europa subsidia a sus agricultores e impide así que los de África y América Latina puedan competir libremente, una medida que ha hundido en la pobreza a millones de personas. O de las políticas que el FMI y el Banco Mundial imponen en el Tercer Mundo, algo que solo les procura a estos países miseria y ejércitos de desesperados dispuestos a emigrar.
In this world narra la trágica historia de dos afganos que buscan llegar a Inglaterra, pero a la vez es también la historia de los miles de africanos que arriesgan a diario sus vidas para llegar a costas europeas en precarios cayucos y pateras. O la de muchos latinoamericanos que tratan de colarse en los Estados Unidos atravesando a pie el desierto de Sonora, muriendo muchas veces de sed en el camino o baleados por los cazadores de inmigrantes que actúan en las áreas fronterizas. En definitiva, una historia de dos primos que funciona como metáfora para entender por qué emigran millones de personas hacia el gran sueño de sus vidas: tener un poco más de esperanza.
In this world (En este mundo) es una película dura, que no hace concesiones y que no busca el efecto fácil y sensacionalista del espectador. Explica muy bien el fenómeno, sí, pero además es una película de un gran valor humano.
EL FUTURO YA NO ES LO QUE ERA
En Código 46, el eje central es la historia de amor entre William (Tim Robbins) y María (Samantha Morton), con sus dificultades y desavenencias de rigor. Pero lo más interesante radica en el contexto en que sucede. Ubicar los acontecimientos en un futuro cercano permite a Winterbottom especular con escenarios no solo plausibles, sino harto probables. Y es ahí donde está el punto fuerte, en la posibilidad de plantear lo que puede ocurrir si se mantienen y profundizan algunas realidades y tendencias que se dan en la actualidad.
La película presenta un mundo con una sociedad multicultural y multiétnica en la que se habla una lengua híbrida que mezcla palabras de diferentes idiomas, una sociedad marcada por las contrastes, por las fuertes desigualdades. Por un lado están quienes pertenecen al sistema, los incluidos; y por otro, los marginados, los que fueron desechados por ese mismo sistema y que ahora se dedican a sobrevivir según puedan. En Código 46 no hay lugar para felices utopías.
La omnipresencia del estado policial que todo lo controla, o que al menos lo intenta, remite tanto a las fábulas orwellianas como al mundo después del 11 de septiembre de 2001. Así, los controles a los que se ven sometidos los protagonistas de la película (en el acceso a la fábrica, en el aeropuerto, en los puntos de entrada y salida de la ciudad) no difieren demasiado de los que se aplican hoy en cualquier aeropuerto o paso fronterizo de Estados Unidos o de Europa. Para más similitudes, en Código 46 las personas se dividen básicamente en dos categorías: los que tienen «papeles» y pueden moverse por todos los sitios sin mayores problemas, y los que carecen de ellos, por lo que se ven marginados del sistema y viven una realidad diferente, caótica, de inferior calidad y mucho más ardua. Según Winterbottom, la necesidad de incluir estas características en la cinta surgió de las dificultades que atravesaron durante el rodaje de In this world.
«Hay mucho de Código 46 que fue tomando cuerpo a partir de nuestra experiencia en la realización de In This World», explica el autor. Y agrega que «un aspecto importante fue la frustración que se derivaba de los pasaportes, visados, y de toda la burocracia que acompaña el acto de viajar a través de distintos estados. El problema de no tener los papeles precisos. Eso se convirtió en parte de la historia: la necesidad de papeles, el bloqueo de las carreteras, la inseguridad, así como las dificultades en general al cruzar las fronteras».
El film muestra también un mundo eminentemente urbano pero que nada tiene que ver con las fantasías más positivas acerca de la ciudad. Al contrario, lo que se ve es el modelo de ciudad dual llevado a su máxima expresión. Es decir: un urbanismo desequilibrado, pensado solo para una minoría que reside en las zonas habitables, donde esa clase privilegiada acumula símbolos de poder. Sin embargo, esas zonas no son más que islas rodeadas por un océano de favelas —o villas miseria— y por hordas de desclasados que están al acecho, a la espera de encontrar un hueco, de colarse en un vehículo o de saltar la valla que los separa de ese paraíso.
En este sentido, se trata de una película inquietante, en cuanto muchos de los augurios negativos que vaticina ocurren ya hoy en día. Ahí están Buenos Aires con sus barrios privados de acceso exclusivo —los countries, que incluso tienen escuelas propias—, Los Ángeles con su violencia y sus guetos, Sao Paulo y sus notables desigualdades, África y sus masivas migraciones internas y hacia Europa… Desafortunadamente ciertos aspectos de ese mundo del mañana que muestra Winterbottom, son ya desde hace tiempo parte de la vida diaria de millones de personas.
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