ENTREVISTA A JOSE NARANJO NOBLE, AUTOR DE CAYUCOS

«Los jóvenes africanos están fascinados con la posibilidad de emigrar a Europa»

Periodista y escritor, cubre desde hace más de una década la llegada de inmigrantes a las Islas Canarias (España). En su labor de reportero, ha recorrido varios países africanos y ha conocido la desesperación que cada día empuja a miles de personas a intentar llegar a Europa en precarias embarcaciones. Así lo avalan la gran cantidad de testimonios, sueños, dramas y experiencia que ha incluido en su libro Cayucos, un trabajo que llegó a finalista del Premio Debate en la categoría de Libro Reportaje.

Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es

En el imaginario colectivo de la opulenta Europa occidental, las Islas Canarias son un paraíso de sol y playa, campos de golf y diversión, distante a apenas unas pocas horas de avión. No es de extrañar entonces que millones de europeos, principalmente alemanes e ingleses, las visiten cada año. Durante el último verano, muchos de esos turistas vieron súbitamente interrumpida su rutina playera por la llegada sorpresiva de cientos de africanos amontonados en embarcaciones a punto de hundirse. La imagen de turistas que socorrían a personas que luchaban por no ahogarse o que estaban cerca de morir por hipotermia —luego de pasar semanas a la intemperie en alta mar, sin agua ni comida— fue portada de los diarios del continente y ocupó durante algunos días la atención de los informativos de radio y televisión. Luego, lo de siempre: la novedad dejó de serla y, si bien la llegada de inmigrantes a estas costas no cayó en el olvido, sí fue perdiendo interés para los medios de comunicación.

Sin embargo, esta situación sirvió para que la opinión publica española y europea tomara conocimiento de un drama que ocurre en las Canarias de manera ininterrumpida desde 1994. José Naranjo Noble es canario y periodista y, desde 1998, ha seguido el fenómeno de la inmigración africana en estas islas. Para elaborar sus reportajes y artículos, ha viajado por el sur de Marruecos, el Sahara, Argelia, Malí, Senegal y Mauritania, donde ha recogido los testimonios de centenares de personas. A finales de 2006 editó Cayucos, un trabajo riguroso y documentado que le valió el premio Antonio Mompeón Motos de Periodismo y que fue finalista del Premio Debate en la categoría de Libro Reportaje. Durante la entrevista que mantuvo con Teína, explicó que «lo que persigo con el libro es tratar de poner nombre y apellido a una serie de gente anónima. Hay que pensar que detrás de cada una de esas personas que busca llegar a Europa hay todo una historia de vida, un largo viaje, un sufrimiento, una familia detrás esperando. Hay todo un drama, y en eso hay que hacer hincapié. Tenemos que ver que son personas igual que nosotros y que vienen tratando de buscar un futuro mejor».

La inmigración africana a las Islas Canarias ocurre de manera continua desde 1994. Sin embargo, en los últimos meses ha pasado a ser el centro de la atención informativa. ¿Hay diferencias entre el primer caso y la situación actual?, ¿o es una simple cuestión de escala, de cantidad?

Primeramente hay que recordar que la inmigración por vía marítima es lo que formó la población de las Islas Canarias. Incluso los canarios prehispánicos tuvieron que llegar aquí de alguna manera y, evidentemente, lo hicieron por mar desde las cercanas costas africanas. Respecto a la pregunta, creo que sí hay una gran diferencia entre las primeas barquillas que empezaron a llegar en 1994 y lo que ocurrió en el verano de 2006. En primer lugar, el medio de transporte es diferente. Las primeras barquillas, que partían del sur de Marruecos, eran unas pateras de apenas 6 metros de eslora, con mucha menos capacidad que los actuales cayucos, que van de los 15 a los 25 metros de eslora, y que proceden de Mauritania, Senegal y Gambia. Eso hace que el perfil de los inmigrantes cambie. Los que venían en pateras eran fundamentalmente marroquíes y saharauis, mientras que los que llegan en cayucos son todos subsaharianos, población negra.

Usted ha recorrido los países africanos donde se concentran los aspirantes a emigrar. ¿Qué significa para esas personas emigrar?

En este momento hay una generación de jóvenes africanos, entre los 15 y los 30 años, que está absolutamente fascinada con la posibilidad de llegar a Europa.  Eso es fruto, entre otras muchas cosas, del desequilibrio económico que existe entre ambos continentes. En África son conscientes, a través de los medios de comunicación, de las ventajas que hay en Europa respecto de las condiciones de vida que tienen ellos. A eso hay que sumarle el efecto del éxito de los inmigrantes, de aquellos que han conseguido llegar a Europa.

En el libro señala que, pese a los riesgos, muchos africanos seguirán intentando llegar a Europa «porque en muchos casos no tienen mucho que perder». ¿Son conscientes de que incluso pueden morir durante la travesía?

Saben perfectamente que el viaje —al que llaman la aventura— es muy duro y que cuando emprendan el camino se encontrarán con muchas dificultades. Son muy conscientes de los riesgos, lo que indica que están dispuestos a jugárselo todo por venir. Y aunque se pongan obstáculos, no se los podrá disuadir. En Canarias llevamos 13 años con el tema y este último año ha sido el de mayor llegada de personas. Esto demuestra que la situación está creciendo y que hay mucha gente que quiere venir.

¿Está mitificada en África la idea de lo que supone la emigración?

Tienen mitificado el destino más que el viaje. Piensan que se van a encontrar con muchas más facilidades que las que realmente encuentran al llegar. Eso es un fenómeno normal. También cuando los españoles emigrábamos a otras tierras mitificábamos el destino.

EL USO DEL LENGUAJE Y LOS MEDIOS DE COMUNICACION

 

Tanto en España como en Europa, desde las declaraciones de los políticos hasta las medidas que toman las administraciones, apuntan al tratamiento de la inmigración como un asunto casi exclusivo de seguridad. Pero las políticas de «más vallas y más controles» no parecen ser las más sensatas para abordar el asunto. ¿Qué piensa de esto?

Yo creo que ese es probablemente el gran error. Europa siempre se ha enfrentado a la inmigración. Es muy curioso ver la terminología que se utiliza, el lenguaje es muy sintomático... Se habla de «ofensiva diplomática contra los cayucos», o de «parar la invasión», o «la avalancha». Y de hecho lo que se ha mandado a África desde Europa han sido patrulleras y militares, en lugar de mandar lanchas de salvamento que serían más necesarias. Este tipo de medidas, desde luego, son un error histórico porque no tiene en cuenta el verdadero origen de este asunto. Los problemas tienen unas causas y si, como en este caso, esas causas son el desequilibrio, la falta de expectativas de toda una generación, la miseria y el hambre, mientras no sea eso lo que se combata —por seguir con la terminología bélica—, el problema seguirá sin resolver; lo otro son sólo paliativos. He llegado a oír que existe la intención de crear un área de prosperidad entre Marruecos y Senegal para tratar de frenar lo que hay del otro lado, pero lo que hay del otro lado es inmenso, es todo un continente que tiene graves problemas y eso no se va a parar así nomás.

¿Se tomarán medidas que mejoren la situación en los países de origen de la emigración?

Se seguirá apostando por medidas de seguridad, casi en exclusiva. He visto algún cambio moderado en los últimos años, y eso quizá sea indicativo de que las autoridades apuestan ahora también por explorar otros territorios. De hecho, por fin vieron que deben estar presentes en esos países, por ejemplo con la apertura de embajadas y consulados. Es decir: se han percatado de que no pueden cerrar una puerta sin abrir al menos una ventanita. En este momento, al gobierno español le empieza a sonar bien la música de los cupos  y que así cada año vengan jóvenes africanos a trabajar, pero con un contrato. Esa es una de las posibles soluciones que sí puede ayudar a regular estos flujos. Sin embargo, el asunto es también cómo planteamos la pregunta ¿qué podemos hacer para solucionar este problema? Realmente el «problema» es para nosotros; para quienes vienen en los cayucos, emigrar a Europa no es un «problema», es una solución. Por tanto, en primer lugar debemos apostar por una inmigración en la que ellos no se jueguen la vida y, después, por una inmigración que beneficie a los países de origen, que es de lo que se trata.

¿Cómo ve el tratamiento que los medios de comunicación en España han dado al fenómeno de la inmigración en Canarias?

En la percepción que tenemos de este lado del fenómeno de la inmigración, la influencia de los medios de comunicación ha sido decisiva. Me resulta muy llamativo el desconocimiento que había en el resto de España del fenómeno de la llegada de cayucos a Canarias (aquí se los conoce como barquillas), cuando ocurre desde 1994. La imagen que se tiene en España de las islas es la de un destino turístico donde todo va bien; sin embargo, desde 1994, y ya concierta intensidad desde 1998, llegaron pateras y cayucos, pero los medios nacionales mantuvieron un ominoso silencio. Entiendo que se debe a una cuestión de lejanía y de que los problemas de Canarias, y de la periferia en general, importan poco al centro político. Marzo y mayo de 2006 fueron meses de llegada muy intensa; con todo, la gran crisis de los cayucos de cara a la opinión pública nacional estalló recién en el verano, un momento en el que no había noticias políticas. No había estatuto catalán ni terrorismo vasco del que hablar.

¿Qué opinión tiene de lo que ha ocurrido en Alcorcón? (NdelaR.: en el mes de enero, la actualidad informativa en España estuvo centrada en los conflictos generados en esta localidad madrileña entre jóvenes latinoamericanos y españoles)

He visto con preocupación todo lo que ha ocurrido. Me da la sensación que eso ocurre un poco por el miedo que se tiene a lo que viene de afuera, y por eso se producen roces de este tipo. Vimos que cosas similares también han ocurrido en Francia. Las autoridades deben estar atentas a ese tipo de situaciones para evitar que se sigan produciendo.

Dio la sensación que la situación fue agrandada por los medios. ¿Hay alguna manera de exigir a los medios un tratamiento determinado de estos asuntos?

Los medios de comunicación en primer lugar son empresas que venden un producto. Uno ve los informativos de televisión y ve que la mayoría son puro espectáculo visual... Siempre hay que apelar a la responsabilidad de los profesionales de los medios para que traten de buscar la verdad y profundizar en las causas de las cosas, pero no podemos hacer descansar exclusivamente en los medios la responsabilidad de lo que ocurre. Existe sí un instrumento al que hay que recurrir cuando se pasan los límites, y ese es el Código Penal.

DEL MIEDO AL OTRO A LA INTEGRACION

La instrumentalización del miedo al otro, en este caso al extranjero, no es un recurso nuevo en política. Pero sigue resultando, aun cuando las cifras demuestran que la inmigración impacta favorablemente en la economía. ¿Por qué entonces sigue funcionando?, ¿por ignorancia, por xenofobia?

Funciona porque apela a lo más primitivo del ser humano. Ese tipo de discursos, que se escucha mucho —fundamentalmente desde la derecha—, apela al miedo al otro, a lo desconocido, a lo que viene de fuera. Esa utilización, a la larga, se vuelve en contra de quienes la hacen. En estos momentos vivimos tiempos oscuros porque hay mucha gente tratando de sacar réditos políticos de esta situación, pero en el fondo y a largo plazo tenemos que ser optimistas: el cambio en la sociedad española se está produciendo. Cada vez somos una sociedad más multicultural, más mestiza. Dentro de 15 años me gustaría ver como está el panorama, porque estoy seguro de que habrá cambiado mucho y este tipo de discursos que hoy oímos afortunadamente también cambiarán.

En la sociedad española conviven ya miles de personas de culturas, religiones, etnias y nacionalidades diferentes. Y esa diversidad sigue aumentando. Desde el  pragmatismo, habría que asumir esta situación y trabajar para insertar a los más de 4 millones de inmigrantes de la mejor manera. Sin embargo, no se observan políticas de Estado realmente ambiciosas en ese sentido. ¿Cómo ve la situación?

La inmigración o cualquier otro movimiento de población a gran escala son productos de un proceso natural e histórico que no es fácil regular. Pero creo que la integración se va a dar y que, de hecho, ya se está dando. El deber de la administración es, en todo caso, combatir el rechazo de la población local, combatir las actitudes xenófobas y racistas sin piedad, con valentía y sin tregua. Y por otro lado, permitir los espacios de encuentro, facilitar el encuentro y el intercambio con la población local. La integración se acabara produciendo por sus propios medios.