![]() |
|
|
HACER UNA PELÍCULA, UN LIBRO DE MEMORIAS CINEMATOGRÁFICAS DIRIGIDO POR FEDERICO FELLINI Una inclinación natural a contar historias Recopilación de escritos del director italiano, memorias de juventud, manual para soñadores, Hacer una película introduce al lector en el apasionante mundo felliniano. Una herramienta multiusos para entender películas clave de la historia como 8 ½, La Dolce Vita, La Strada o Amarcord. Fernando Pellitero
Descubrí a Fellini hace no muchos años una noche de fiebre alta mientras navegaba por canales satelitales. Fue con una de sus obras menores y postreras, Y la nave va , pero desde el primer minuto entré fascinado al mundo casi onírico en el que el italiano dibujó la decadente aristocracia europea de preguerra. Desde luego es una película ideal para ver con fiebre. Después no dejé pasar cada ocasión de ir completando su filmografía, hasta constatar lo que sabe cualquier cinéfilo: Federico Fellini es un referente de la cultura europea del siglo XX, además de uno de los cinco o seis directores más influyentes de todos los tiempos. Pese a lo que pueda sugerir el título, Hacer una película no es un manual para estudiantes de cine. O quizá sí, pero a la manera particular de Fellini. No contiene indicaciones técnicas que ayuden al inexperto, trucos infalibles para escribir un guión meritorio o lecciones magistrales a la hora de elegir posiciones de cámara. Ni siquiera cuenta cómo se debe lidiar con la estrella de turno. Muy poco dice sobre la planificación, el rodaje, la edición. Ni una sola anécdota sabrosa con Anita Ekberg o Marcello Mastroianni . ¿Qué hay entonces en Hacer una película ? Pues ante todo, hay mucho Fellini. Mucha pasión por contar historias. Mucha imaginación, y cientos de reflexiones, recuerdos, sentimientos que merecen la pena ser contados y leídos. Sinceridad, ironía, ternura y ninguna autocomplacencia. Y como en los buenos relatos, hay historias de amor, odio e indiferencia. Claro que sus partenaires no son de carne y hueso, sino de papel y celuloide.
Los primeros capítulos suponen la parte autobiográfica más clásica, y ahí es donde se revela Fellini como poseedor de una notable narrativa. Resulta maravillosa la descripción de su infancia y de su ciudad natal, Rímini , con personajes que tan bien le vendrían en películas como La strada o Amarcord . Muestra además otras claves de lo que será su obra: la pasión por el circo, la afición al dibujo o su ambigua relación con la Iglesia. Relata después el encuentro con uno de sus grandes amores: Roma, donde se instala para trabajar de dibujante y periodista. Luego entra en el mundillo cinematográfico de la mano de su mentor, Roberto Rossellini , como guionista y ayudante de dirección. Y así es su vida hasta el día en que debe sustituir a un director enfermo; entonces la historia del cine cambia para siempre. A partir de aquí el libro adquiere un tono menos narrativo y más reflexivo, íntimo, donde cabe todo, formando un ordenado collage . El compendio abarca desde textos escritos con anterioridad y entrevistas antiguas hasta los apuntes para Satyricon y anima la sucesión de los capítulos. Estos comprenden cada vez una o dos películas de su trayectoria, que Fellini explica casi exclusivamente por su nacimiento, es decir, estas pueden surgir de alguien a quien ve por la calle, de una música, de un objeto, de un sueño. Con ello, parece quedar claro que para Fellini, «hacer una película» es imaginarla, definirla, pelearse con ella y sus personajes, quererla y odiarla como si fuera real hasta el momento en que la historia cierra y se pone por escrito. A partir de ahí, la película parece perder interés para él, como si ya sólo le importara sacársela de encima para pasar a la siguiente. Como el seductor que sólo disfruta con la seducción y, cuando consigue llevarse a la amante a la cama, ya empieza a pensar en la próxima conquista. Dirigir una película siempre es dominar a la gente de Cristóbal Colón que quiere volver atrás. ¿Por qué hago esta película, precisamente esa y no otra? No quiero saberlo. Las razones son oscuras, inextricables, confusas. La única razón, honestamente declarable, es que firmé un contrato: firmo, me dan un adelanto, después, como no quiero devolverlo, estoy obligado a hacer la película. Y trato de hacerla de la manera que me parece que la película quiere ser hecha. Sin duda, puro Fellini. En resumen, Hacer una película resulta ser un complemento perfecto para entender la obra de Federico Fellini, una útil recopilación de pensamientos de uno de los más grandes, y un regalo perfecto para cinéfilos. Pero sobre todo es un libro para entender por qué y cómo hacía cine el italiano. É l mismo lo explica así, con algo menos de cinismo que antes: No me imaginaba que podía llegar a ser director de cine, pero después, desde el primer día, desde la primera vez que grité: «¡Cámara! ¡Acción! ¡Corten!», me pareció que lo había estado haciendo siempre, que no hubiera podido hacer otra cosa y que aquello era yo y aquella era mi vida. Por eso, al hacer cine no me propongo otra cosa que seguir esta inclinación natural, contar historias, historias que me gustan y que me gusta contar en una mezcla inextricable de sinceridad y de invención, de deseo de asombrar, de confesarme, de absolverme, de deseo desvergonzado de agradar, de interesar, de hacer de moralista, de profeta, de testigo, de payaso… de hacer reír y conmover. ¿Se necesita algún motivo más?
|
|