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UNA PEDAGOGÍA RURAL ADAPTADA AL CONURBANO BONAERENSE
Pan en alternancia
Proyectos en el conurbano bonaerense, el noroeste argentino, los suburbios parisinos y zonas rurales del interior de España adaptan su pedagogía a las necesidades de alumnos que han de compaginar responsabilidades familiares, laborales o discriminación económica con educación. En San Cayetano, a 28 kilómetros de Buenos Aires, 50 jóvenes bregan en una de esas iniciativas por alcanzar el penúltimo peldaño de la exclusión. El modelo: enseñanza, flexibilidad y sentido común. Su nombre: alternancia.
Explican los maestros panaderos que, si la harina es buena, se amasa con cuidado y fermenta el tiempo justo, el horno sabe ser agradecido. En San Cayetano, la calidad de la harina es algo peor de lo deseado, pero se amasa con cuidado. De ello se encargan 20 manos de la localidad de Virreyes. Allí, a 28 kilómetros al norte de Buenos Aires y en una lucha por no dejarse barrer por las panificadoras, funciona La Nueva Estrella. Una exitosa experiencia panadera, en un intento de dar vuelta al destino de diez chicos del barrio de Santa Rosa, donde residen cerca de 450 familias en condiciones de villa miseria. Cada madrugada, esos diez muchachos sacan de los hornos de La Nueva Estrella facturas suficientes para todo el vecindario. Instruidos en la puesta en marcha de emprendimientos, siguieron cursos específicos sobre higiene de los alimentos, gestión de pequeñas y medianas empresas y economía de las organizaciones. Así, los almuerzos de Virreyes cuentan con productos adquiridos a estos jóvenes panaderos y pagados a la caja de su establecimiento. Una caja, cuya contabilidad también aprendieron en las aulas del Centro de Atención Integral (CAI) San Cayetano. Panadería y gestión de empresas y, a la par, estudios de EGB. Son programas horneados de acuerdo a un sistema pedagógico en alternancia, que facilita a los jóvenes de Santa Rosa acabar ciclos pendientes (EGB) y aprender un oficio (panadería). Al tiempo, el sistema académico fija horarios que respetan otras ocupaciones de los alumnos como changas, familia y trabajos parciales. Es decir, alterna. Para ello, San Cayetano permanece abierto todo el día y brinda tanto formación como apoyo escolar. En él, toman forma tres espacios: las instalaciones generales, la Casita del Joven y la Casita de los Sueños. Entre los que los frecuentan, hay quienes se forman —en EGB y panadería— y quienes buscan un espacio de contención como la Casa del Joven La Cueva, que atiende a 50 adolescentes en riesgo de exclusión. Cada tarde, un número inferior de menores, aunque sin cuantificar, recibe apoyo escolar en la Casita de los Sueños. San Cayetano es, desde 2002, el primer centro en alternancia ubicado en zona urbana de todo el país. Cuando las experiencias de este sistema —conocidas en Argentina desde mediados de los años 70— correspondían en exclusiva a ámbitos rurales del noroeste argentino, la ONG italiana Iscos-Lombardía se atrevió a trasladar el modelo del campo a la ciudad. Gracias a esa transposición, los hornos de Santa Rosa, que encienden a diario los jóvenes obradores de San Cayetano, desprenden aroma a pan. Cuecen, en alternancia.
Retroalimentación pedagógica
La alternancia tiene el doble objetivo de incorporar a los jóvenes al mundo del trabajo y de estimularlos para la formación. Propone la continuidad en el proceso enseñanza-aprendizaje, genera mecanismos de ida y vuelta entre el espacio de formación (la institución educativa) y el de producción (la empresa) y aplica un programa de asimilación que se traduce en un saber hacer y en un saber estar. De tal forma que los aproxima a su futuro laboral.
Gracias a que permite descubrir potencialidades, la alternancia sirve. Es un sistema que promueve el desarrollo de habilidades particulares porque concentra la enseñanza en el individuo y no en el alumnado en general. Por eso, los estudiantes toman conciencia. Crece su autoestima y crecen sus expectativas profesionales. Se ven capaces.
La alternancia ayudó a que los jóvenes de San Cayetano desarrollaran confianza en sí mismos. Enfrentarse a otros medios y a otras realidades, como la empresa, les exigió adaptación y flexibilidad y eso fortaleció, primero, su seguridad y, luego, sus intereses laborales.
Mediante acciones alternas (escuela-trabajo-familia o San Cayetano-La Nueva Estrella-Santa Rosa), el programa vincula el saber con el hacer: la teoría con la experiencia laboral. Desempeña un papel fundamental con jóvenes que hace tiempo perdieron el contacto con la educación formal y que hoy tienen dificultades para abordar el conocimiento abstracto. Así, el estudiante va y viene del saber hacer en la empresa al desarrollo teórico y práctico en aula.
Esta metodología recupera lo aprendido durante las pasantías y lo utiliza como material de aula. Es, por tanto, un sistema de retroalimentación que convierte el trabajo en un recurso educativo. Logra, además, un mayor compromiso del joven con la enseñanza. Es un lobby de la capacitación, que persuade de la importancia de formarse.
La alternancia aprovecha todo problema para enseñar: tanto en la empresa, donde el joven debe solucionarlo solo, como en el aula, donde lo resuelve con sus compañeros. Y es flexible: el programa se rediseña en función de cómo lo evalúan el tutor, la empresa, el chico y sus docentes. |
«No era un salto al vacío», defiende Viera Schioppetto, la cooperante italiana que coordina Iscos-Lombardía en el Cono Sur. La ONG titular del proyecto financió además la capacitación, también en alternancia, de los responsables locales de San Cayetano. «Contábamos con los buenos resultados de otras experiencias en las periferias de París y de algunas ciudades italianas cuya población es, por su baja calificación, alta deserción y analfabetismo funcional, similar a la del conurbano», aclara. APRENDER CON EL HACER
La educación en alternancia invita a aprender con el hacer. Tiene la particularidad de que los conocimientos teóricos se adquieren luego de haber sido puestos en práctica. Es así tanto en el proyecto de educación complementaria para EGB (apoyo escolar) como en el de educación de adultos y formación profesional (secundaria y panadería). En el panificado San Cayetano, las salidas y el acercamiento al mundo laboral son una constante. Motivan al alumnado. De esa forma, primero conocen el oficio, a través de una curiosa fórmula de ensayo, que luego revisan en el aula con profesor y compañeros. «Mezclás la harina con el agua… Zafaste si acertás con la temperatura», advierte Romina, una ex alumna. Habrá, entonces, que «preguntar al panadero jefe que dirige el grupo, apuntarlo en un cuaderno y después plantear la duda cuando llegue la clase», ayuda a relatar Mario, uno de los docentes. Gracias al prueba-error, se sabe a qué grados mezclan bien harina y agua. Un técnico mostrará luego, en el aula, «lo que la ciencia explica sobre cómo dar con la temperatura exacta: cuatro grados, refrigerada para compensar el recalentamiento del amasado», terminan por resumir egresada y profesor. «Los chicos de San Cayetano son jóvenes con los que no funcionó la educación tradicional de rígidos horarios, ya que la mayoría tiene hijos y trabaja», apunta Elvira Echezarreta, coordinadora del centro. El sistema aspira a que, tras el experimento, el adolescente descubra la necesidad de apropiarse de conocimientos relacionados con esa práctica. «Eso favorece su interés por aprender», explica. Luego, del lado personal «está acompañado por su familia y orientado por los maestros del apoyo», agrega la coordinadora. La alternancia, que nació en 1937 en Francia para dar respuesta a las dificultades de escolarización de estudiantes de zonas rurales, se articula sobre la discontinuidad de ámbitos de formación: la escuela y el medio familiar. En lo básico es una pedagogía que se desenvuelve en distintos escenarios y se ejerce de forma intuitiva. Su ritmo también es una motivación para terminar los estudios ya que permite mayor flexibilidad horaria al combinar las estadías en el centro, con el trabajo en la escuela y en la casa.
En el caso del apoyo escolar en la Casita de los Sueños, los chicos estudian cuatro horas diarias, más las que cursan en la escuela. Tres días a la semana lo hacen en el hogar y, los otros dos, asisten a San Cayetano, donde trabajan en grupos, intercalando actividades afuera y tiempo de estudio. Cuando toca aprendizaje de panadería, los alumnos alternan escuela con prácticas profesionales y responsabilidades familiares. La mayoría supera los 18 años, es padre, madre o integra una familia de más de cuatro miembros. «De ahí, lo importante de hacer atractiva la enseñanza y concienciarlos de cuánto pesa en su futuro», defiende Echezarreta. PLAN DE BÚSQUEDA
Profesores y alumnos elaboran juntos un planificado programa en que se aúnan exigencias escolares e intereses particulares. Hacen una puesta en común, se plantean preguntas sobre la materia y, mediante actividades varias —entre las que hay visitas al exterior, entrevistas a profesionales o ejercicios prácticos—, las resuelven. Es lo que se conoce como plan de búsqueda. Una investigación cuyo objetivo es que el alumno se descubra a sí mismo y desarrolle su vocación. «Los padres tienen expectativas muy bajas hacia los chicos. Nunca antes hubieran imaginado a su hijo en un estudio contable o con un médico», se felicita Echezerreta. En capacitación de adultos, el plan no varía mucho. Combinado con formación profesional, en 2005 imprimió diez diplomas dobles en EGB y Técnico en Panadería. Eso congratula. Con menos clases teóricas y más pasantías, los jóvenes trabajaron al ritmo que imponía el maestro panadero en su local, al que también acudíeron para resolver las preguntas del plan de búsqueda. En la actualidad, esos diez jóvenes diplomados regentan una panadería: La Nueva Estrella. Para el futuro, Iscos, la Fundación Marzano, la diócesis de San Isidro, San Cayetano y la Fundación Caripló —ejecutores de esta experiencia piloto— esperan ampliar el número de oficios al sector de la navegación, a fin de aprovechar la cantera laboral de la cercana localidad de San Fernando (Capital Nacional de la Náutica). Con esas y otras profesiones, y pudiendo compaginar responsabilidades personales con escuela y trabajo, es posible que la alternancia contribuya a reducir la deserción escolar en los bolsones de pobreza del conurbano bonaerense. Al menos, ése es el objetivo de esta experiencia al gluten. Del hambre de ayer al pan para hoy y al barcos para mañana. CAI San Cayetano: 005411/4580-0451/6 y centrosancayetanovirreyes@yahoo.com.ar
| Banlieues en alternancia A partir de este curso, los alumnos franceses de cuarto y quinto año de bachillerato residentes en Zonas de Educación Preferente (ZEP) —los banlieues incendiarios que tanto sonaron en noviembre de 2005— cursarán según un modelo de educación en alternancia. «Más que una estructura educativa, un dispositivo adaptado a la realidad del terreno», definen desde el Ministerio de Educación francés.
Ante las revueltas de los suburbios franceses, su ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, reaccionó de muchas maneras. Buenas y malas iniciativas, según para quien. Lo positivo es que ciertas de ellas fueron encaminadas a mejorar la educación e inclusión de los jóvenes parisinos de zonas desfavorecidas. Así, el 59 por ciento de los cadetes egresados en 2005 de la Escuela de Policía Nacional procedían de barrios desfavorecidos de la periferia. Su formación obedeció a un sistema en alternancia.
Además, el Bachillerato Comercial que imparte el Liceo Paul Painlevé, en los alrededores de La Défense en París, desarrolla un modelo que alterna aula, prácticas en empresas y ejercicios en el hogar que ha dado excelentes resultados. Otras muchas experiencias pretenden resolver problemáticas sociales en Francia con la ayuda de este sistema. |
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