|
EL CINE EN EL DIVÁN, UN LIBRO DE TEODORA
LIÉBANA
Los héroes también tienen su lado
oscuro
De los personajes a las personas. Del cine a la
realidad. La psicoanalista Teodora Liébana, columnista
de Cinemanía, revisa en su libro el comportamiento de muchos
personajes de película y trata de explicar a golpe de edipo
mal resuelto qué le pasaba a Álex en La naranja
mecánica o a Rick en Casablanca. Una lectura útil
para guionistas.
Fernando Pellitero
fernando_pellitero@yahoo.es

Teodora Liébana
es una psicoanalista y gran cinéfila, leonesa para más
señas. Firmó en la revista Cinemanía
una columna periódica donde analizaba las distintas aristas
del comportamiento humano a través de personajes cinematográficos
que ejemplifican esas conductas, patológicas o no. De la
recopilación de estos artículos nace El cine
en el diván, lectura curiosa y entretenida, que nunca
va a figurar en los anales del psicoanálisis o del ensayo
sobre cine.
Juan José Millás escribe
el prólogo, y en él ofrece las claves de El
cine en el diván:
El cine ha sido, desde su invención,
un proveedor importantísimo de mitos. En este curioso libro,
Teodora Liébana analiza un buen puñado de ellos
a través de la mirada que proporciona el psicoanálisis
[…] Bajo epígrafes tales como El poder, La obsesión,
La seducción, La envidia o La maldad, se agrupan una serie
de películas, la mayoría de ellas muy conocidas
que, al desmontarse desde una mirada freudiana, dejan ver toda
la carga de información existencial oculta bajo sus materiales
narrativos […] De ahí que Freud se acercara al mito
clásico y a la literatura en general para preguntarse si
la ficción estaba de acuerdo con la verdad teórica.
La verdadera cuestión –en sus propias palabras- es
saber si la teoría resiste ante la obra literaria.
Así pues, he aquí a una
psicóloga freudiana que desmenuza las razones y motivaciones
de personajes casi todos reconocibles y claves de la historia
del cine. La mayoría son personajes del cine clásico
de Hollywood, aunque también hay referencias al cine norteamericano
más moderno, al cine francés, e incluso a recientes
producciones españolas. No
hay que olvidar que la madre de este libro es una revista como
Cinemanía, de clara orientación mainstream.
Nada de Kusturica, Von Trier, Kitano, Ferrara, Kiarostami y otros
reconocidos directores que acostumbran a vivir en mundos lejanos
al box office. De todos modos, la selección de
películas es excelente, salvo quizá por un par de
insustancialidades (La boda de mi mejor amigo, Persiguiendo
a Amy), incluidas probablemente por su actualidad en el momento
en que Liébana estaba escribiendo para Cinemanía.
La autora divide los
comportamientos humanos en cuatro grandes áreas. La primera
está dedicada al narcisismo, y en ella engloba la ambición,
el poder, la envidia, el odio, la maldad, la venganza, el maltrato
y la crueldad. Desfilan por este apartado clásicos eternos
como El retrato de Dorian Gray, Sed de mal, La noche del cazador,
Ciudadano Kane, Eva al desnudo, Rebeca, Calle Mayor junto
a títulos más modernos como Amadeus o El
Bola. Para el segundo bloque, el complejo de edipo, reserva
los capítulos dedicados a la seducción, la fantasía,
la rivalidad, el tercero, la culpa o el arrepentimiento. Aquí
analiza, entre
otras, Lolita, El graduado, Gilda, La muerte en Venecia, Delitos
y faltas, Fresas salvajes y Una historia verdadera.
El tercer bloque la dedica al amor, con capítulos para
la renuncia, la obsesión, amores ocultos, los celos, la
pasión. Aquí la heterogénea mezcla incluye
Casablanca, Corazón salvaje, El último tango
en París, ¡Qué bello es vivir!, El piano,
Hable con ella y Los puentes de Madison entre las más
conocidas. Para finalizar, entra en asuntos más escabrosos,
bajo el epígrafe general de El Sexo y La Muerte, como las
neurosis, la perversidad, el travestismo, el voyeurismo, el sadismo,
la violencia, el miedo. Imposible no referir aquí películas
como La naranja mecánica, Tristana, El silencio de
los corderos, Un tranvía llamado deseo, Los pájaros,
Las amistades peligrosas, Mejor imposible, La ventana indiscreta.
Esto es lo que ofrece El cine en
el diván, ni más ni menos. Los objetos de estudio
favoritos de los psicoanalistas aplicados a un puñado de
películas y personajes de sobra familiares. A partir de
aquí se pueden hacer varias consideraciones.
CUANDO TODO EL MONTE ES EDIPO
Por un lado, resulta evidente el deseo de Teodora Liébana
de manejarse en términos psicológicos claros; incluso
ofrece antes de entrar en materia una breve explicación
de los fundamentos del psicoanálisis a modo de introducción.
Por otra parte, de la lectura de conjunto surge la impresión
de que todo queda explicado (la
psicopatía de Alex en La naranja mecánica,
la ambición de Charles Foster Kane, la renuncia al amor
de Rick o la pederastia de Humbert Humbert) con edipos mal resueltos,
con la huella al parecer indeleble de la primera infancia y la
relación de rivalidad con los progenitores. Como si estas
teorías fuesen un determinista guante mágico que
se adapta a todas las manos. Quizá con el análisis
más extenso de un menor número de películas
se hubiese conseguido una mayor riqueza en los argumentos.
El cine en el diván también
puede analizarse por su utilidad, como la enésima
aproximación de otras disciplinas al cine, o como el poco
exigente pasatiempo de una tarde de piscina. Dicho de otra manera,
¿sirve para algo? La primera tentación sería
decir que no. El tema da para mucha más profundidad, es
evidente, aunque también está claro que no es el
objetivo de Liébana. Sin embargo, a medida que avanza en
la lectura, uno se da cuenta de que esta obra puede resultar una
buena herramienta para el gremio de los guionistas.
La gran carencia de los guionistas noveles,
o simplemente de los malos guionistas, es la falta de profundidad
de sus personajes. A la hora de contar una historia resulta vital
que los personajes sean sólidos, bien construidos, con
enjundia. El personaje bien hecho, multidimensional, complejo,
hace cosas interesantes y dice cosas que valgan la pena; el personaje
plano, poco detallado, primario, como mucho se liará a
tiros porque unos narcotraficantes mataron a su hermano. La calidad
del personaje es lo que va a marcar la diferencia entre un buen
y un mal guión, y como consecuencia casi natural (pero
no necesariamente), entre una buena y una mala película.
En este sentido, El cine en el diván
nos enseña parte del armazón de carácteres
que en muchos casos son iconos del siglo XX, como un curioso making
off de los más notables personajes de algunas de las
principales películas de la historia. Y puestos a copiar,
copiemos a los mejores.
*
El cine en el diván, Teodora
Liébana
Editorial punto de lectura
1ª edición. Madrid, 2003
347 páginas
*
Arriba

|