Pedagogía de lo imposible
Hoy empieza todo, de Tavernier

Si no te acuerdas tú, me voy a acordar yo
Memento, de Nolan

Los héroes también tienen su lado oscuro
El cine en el diván, de T. Liébana



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Referencias

(1) El síndrome de Korsakoff es un transtorno neuropsicológico frecuente en alcohólicos, cuyo principal síntoma es una grave alteración de la memoria. Se produce a causa de una carencia severa de vitamina B1 (o tiamina). El efecto es tal y como se describe en la película. De hecho, el nombre de uno de los personajes corresponde a un paciente verídico del que también se han servido en diversas publicaciones científicas.

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EL CRITICÓN

 

 

 

RESEÑA DE LA PELÍCULA MEMENTO, DE CHRISTOPHER NOLAN

Si no te acuerdas tú, me voy a acordar yo


Christopher Nolan le puso la tilde a su carrera con su segunda película: Memento, una obra vertiginosa, desordenada, inquietante y en definitiva, de auténtico infarto.

 

Óscar Soler P.
oscar_teina@yahoo.es

 

La trama de Memento viene determinada por la prisa: apenas da tiempo para pensar. El protagonista anota cada suceso que le ocurre en una libreta, en la palma de su mano, en el brazo, en el reverso de una foto. Debe redactar los acontecimientos antes de que se le olviden. Porque se le olvidan rápido. El síndrome de Korsakoff(1) es lo que tiene. Su discapacidad lleva la memoria a su punto final: en su cerebro no cabe nada más. Leonard —así piensa que se llama— olvida incluso que olvida.

En ese sentido Memento es la peor pesadilla: comer lo mismo una y otra vez, pagar la habitación del hotel por la mañana, a mediodía, y después del almuerzo. Convertirse en víctima del taxista, del hostalero o de la prostituta de la esquina. No tener pasado ni futuro; estar atascado en un presente que se disuelve cada quince minutos.

Por eso Leonard actúa según lo que escribe. Se guía por las palabras que apunta en los dobladillos de las servilletas, en las fotos de su Polaroid, en los tatuajes que cubren su cuerpo. Está convencido de que son sus propias palabras, y son muy importantes: le obligan a perseguir un objetivo que hace de pila alcalina y da sentido a su vida.

Desde tiempo atrás, Leonard quiere esclarecer un asesinato: el de su esposa. Alguien la mató. Él no le vio la cara. Sólo conoce su nombre: Jimmie G. Un nombre sagrado, casi bíblico. Un personaje que le acompaña a cada hotel, a cada esquina y cada vez que revisa sus notas. Alguien a quien hay que matar. Si no, ¿qué razón hay para esforzarse en recordar?

 

SIN UN SEGUNDO QUE PERDER
Con una sinopsis así es difícil relajarse en la butaca. Desde el comienzo de la cinta resulta endiabladamente fácil caer en las garras de su argumento y dejarse llevar por una historia atípica pero creíble. Memento (2000) es una de esas rarezas donde el efectismo propio de videos musicales y un buen guión proyectan al espectador hacia un universo delirante. Muy al contrario que el actual cine de suspense —en general—, que no consigue más que desconcertar al público con chutes visuales adulterados y manidos en exceso.

El artífice de esta asombrosa película se llama Christopher Nolan, más conocido por su Batman returns. Memento fue su segundo trabajo y le valió el reconocimiento unánime del público y la crítica. ¿Cómo lo cnsiguió? Con una pequeña historia de su hermano Jonathan, 25 días de rodaje y un buen reparto: por un lado, Guy Pearce como protagonista (L.A. Confindential, Ravenous) y por otro, Joe Pantoliano y Carrie-Anne Moss, quienes ya se vieron las caras en Matrix. El resultado es un genial rompecabezas de escenas fulminantes no apto para hipertensos.

 

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