|
CINE SOCIAL CON HOY EMPIEZA TODO, DE BERTRAND TAVERNIER
Pedagogía de lo imposible
No se puede salvar el mundo a cada rato. Ni
siquiera un mundo reducido, como la barriada más pobre
de un pueblo francés. Hoy empieza todo así lo demuestra. De hecho, en ocasiones tampoco puede salvarse a
la propia familia. Ni Superman lo puso.
Óscar
Soler P.
oscar_teina@yahoo.es

La cumbre
del cine social tiene nombre: Hoy empieza todo. Su dramatismo,
la trama y su desarrollo la colocan más allá de
las modas a las que se agarran este tipo de películas.
Y por si fuera poco, su crítica golpea con dureza, sin
medias tintas ni banderas, contra una situación perpetuada
con gran descaro.
En 1999, Bertrand Tavernier denunció
un despropósito estatal que se descubre en la escuela,
entre sus actores y recursos. A pesar de los años, su acusación
sigue en pie: durante noventa minutos frenéticos pone en
entredicho un sistema educativo plagado de carencias. De hecho,
es curioso cómo el título original, Ça
commence aujourd'hui—cuya traducción literal
sería Esto comienza hoy—, induce a creer
que realmente el director quiso decir que Esto no se acabará
nunca.
EL HÉROE Y LA TRAGEDIA
Esta historia la protagoniza Daniel Lefebre (Philippe
Torreton), un director de colegio que cumple con gran pesar sus
obligaciones como funcionario. Entre estas destaca su labor como
profesor en una clase de educación infantil donde se enfrenta
a diario con los problemas familiares de sus alumnos. Por desgracia,
su puesto no le convierte en monarca del reino y su labor, en
teoría, no va más allá de educar y llamar
la atención a las familias despreocupadas.
Sin embargo, la situación de estas
familias está clara: no tienen medios ni ganas. Muchos
son padres que sufren depresiones perpetuas a causa de un vacío
existencial y económico que toca fondo. La desesperanza
de esta gente se transforma en hastío, alcoholismo y siestas
a jornada completa. Por eso todos los años hay alumnos
con grandes dificultades de adaptación y signos evidentes
de dejadez o incluso violencia.
Estas circunstancias afectan profundamente
a Daniel, quien lleva sobre su conciencia el pasotismo del gobierno
local y la falta de lapiceros en las aulas. Como no hay recursos
y la alcaldía ni sabe ni contesta, Daniel atiende por su
cuenta la mayoría de problemas que le rodean. Así,
su vida se convierte en una carrera de obstáculos sin opción
a llegar primero, y lo que es peor: con la sospecha de que ni
hay meta ni tampoco remedio para el asunto que lleva entre manos.
LA ESCUELA Y LOS SERVICIOS SOCIALES
Hoy empieza todo retrata con crudeza esta situación
y pone sobre la mesa un par de asuntos delicados. Por un lado,
la precariedad de los servicios sociales y por otro, la dificultad
para cumplir los preceptos del gobierno en cuanto a educación.
En el caso de la película, el protagonista
está harto de la asistencia social porque su exigua plantilla
cubre una gran masa de población. De ahí que no
se trate de coger el tique de turno y sentarse a esperar en la
cola: la ayuda puede tardar años en llegar y eso desborda
a familias con pocas expectativas de sobrevivir. Sí, de
sobrevivir, porque no se trata de que reciban asesoramiento para
que sean grandes papás. Lo suyo es que olviden sus frustraciones
y saquen la voluntad necesaria para apoyar a sus hijos.
Otro tema son los principios que se deben
acatar por ley. En concreto la igualdad de oportunidades y la
obligatoriedad de la enseñanza. El caso del igualitarismo
es fácil de discutir porque requiere una estructura docente
infalible e imposible: ningún engranaje —docentes,
medios, recursos— puede fallar para socializar a cada muchacho
sin discriminaciones. Por suerte, a pesar de la cultura dominante
y el currículo escolar de casi dos décadas, el ser
humano se resiste —a duras penas o sin saberlo— a
ser un miembro absolutamente integrado e idéntico a los
demás.
Por último, la obligatoriedad
de la enseñanza es un asunto parejo al anterior aunque
más peliagudo. Tavernier no cuestiona el derecho de los
chiquillos a saber leer, escribir, jugar, pintar, y a quedar resguardados
mientras sus padres andan ocupados. De lo que sí discrepa
es del potencial del colegio para ayudarles a conseguir un buen
estatus social. En el caso de Hoy empieza todo, Daniel
exige a los padres que traigan a sus hijos a la escuela para que
no acaben como ellos. Él sabe que se equivoca, que los
niños no saldrán triunfadores de sus aulas, pero
al menos tendrán tiempo de soñar entre tantas dificultades.
Arriba

|