
ENTREVISTA A CRISTIAN GAJARDO, ACTOR TEATRal chileno
«La novedad nace cuando mezclas lo que hay y sacas algo diferente»
Actor, principalmente de teatro, por lo tanto, anónimo para la mayor parte de la gente, pero muy conocido entre sus colegas y los escasos seguidores de esta disciplina. Después de haber dedicado los últimos diez años a trabajar con distintas compañías, directores y dramaturgos —nóveles y consagrados— de la escena chilena, se ha decidido a formar compañía con Los Hijos de la Yola. Su último proyecto es Game Over/GO, una obra que sucede en un video juego.
Alejandra Garrido Buzeta
alejandramelfi@yahoo.com

Cristián Gajardo (Santiago de Chile, 1973), estudió Arte Dramático y completó su formación en danza y gesto con distintos profesionales. Ha trabajado en numerosos e importantes espectáculos teatrales en Chile y el extranjero, también ha hecho carrera en cine y televisión. Premio «Mejor Actor Revelación» en V Festival Internacional de Cortometrajes de Santiago (1997).Nominación Premio APES «Mejor Proyección Actoral» (1999). Cristián ha desarrollado la mayor parte de su carrera en las tablas, por lo que ha experimentado directamente los cambios que ha sufrido la dramaturgia y la creación Chilena en los últimos diez años. Pese a tener un extenso bagaje por distintas compañías, se ha comprometido con una en particular: Los Hijos de la Yola, con la que lleva ya cuatro montajes. El último de ellos es Game over/GO, un espectáculo que mezcla las disciplinas textual y corporal para contar una historia muy cercana que se desarrolla dentro de un videojuego.
LOS HIJOS DE LA YOLA
¿Quiénes son Los Hijos de la Yola?
La compañía que ha montado Game Over. Antes era La fuga. Ese nombre se le puso en el primer montaje que dirigió Felipe Hurtado —actual director—. Luego, se siguió utilizando para los espectáculos que vinieron. La Fuga montó varias obras y el elenco iba variando. Yo estuve en tres de ellas, por eso me siento tan parte de todo.
Cuando se armó el equipo para Game Over decidimos que queríamos cerrar ese capítulo, y empezar una cosa nueva. Ahora la idea era formar una compañía estable y repartir responsabilidades. El cambio de nombre también coincidió con el debut de Felipe como dramaturgo, antes habíamos montado textos de otros autores. Había muchas razones para el cambio.
¿Cómo llegaste a La fuga?
Felipe me había visto en una obra (Fotonovela) donde yo hacía la voz de un narrador estilo comic norteamericano, después me vio en otra (La cocinita) en la que el registro era muy distinto; le gustó lo que yo hacía y me invitó a trabajar en su primer montaje, Juegos a la hora de la Siesta de Roma Mahieu. El resultado fue muy bueno. Después vinieron Los Justos de Albert Camus y Carita de emperaora de Daniela Lillo.
GAME OVER/GO
¿Cómo surgió el proyecto de Game Over?
Felipe llegó con unas hojas sueltas de su autoría diciendo que quería montar esos borradores usando dos tipos de lenguajes teatrales: la actuación y el movimiento —no quiero decir danza—, después se completaría el texto con la participación de los actores. Enseguida empezamos los ensayos.
Explícame Game Over
G.O. es un juego virtual, como los de las pelis futuristas, en el que se opta para entrar; pero tienes que tener ciertas características: no tener norte, no tener respuesta verdadera de qué hace uno acá; un ansia de búsqueda de lo que tiene valor en tu vida. Entras al juego y todo puede pasar, tus armas para encontrar la respuesta —trofeo en el caso de un videogame—, son tus propias emociones y vivencias. Como esto es virtual puede ocurrir cualquier cosa extraña como estímulo: que aparezca una canción que te recuerde la infancia, por ejemplo o que la lucha con los otros pase de una reflexión existencialista a una coreografía de competencia. No es sólo un enfrentamiento personal o lucha de poder, como harían los niños, son etapas que hay que superar dentro del juego. El fin sería encontrar las respuestas y así poder salir. En G.O. casi no hay respuestas. En G.O. nadie sale… aún. Tú entras al juego por decisión propia, para descubrir una respuesta, la respuesta de tu vida. Y no puedes salir hasta que la encuentres.
LENGUAJES/CODIGOS
¿Por qué se elige un juego?
Fue una solución. En un principio esto era como un purgatorio o un lugar devastado por la guerra, y quedaban muchas cosas en el aire para justificar las relaciones y conflictos internos de los personajes. El proceso fue al revés que en otras ocasiones en las que el texto impone la geografía donde ocurren los hechos —una sala de baño en el Caribe, un bus en Siberia, por ejemplo—. Acá empezamos a descubrir el lugar a medida que se montaba. Al comienzo era sólo el lugar de la incertidumbre, luego, cuando surgió la idea del juego virtual, las cosas funcionaron mucho mejor. Queríamos crear un mundo donde pudieran caber todas las cosas sobre las que estábamos trabajando, y que pudieran tener una coherencia, sin caer en el teatro del absurdo. Un juego virtual era el molde perfecto. Además, en esta época los videojuegos son una realidad cada vez más cotidiana y nos parecía adecuado para lo que queríamos contar.
¿Cómo se abordó el trabajo corporal para dar las claves de ese juego?
Cada integrante traía algo de educación corporal por sus escuelas, talleres o experiencias laborales anteriores, todos aportábamos un granito de arena —de distintas índoles y estilos—. Para el trabajo coreográfico teníamos libertad absoluta de creación, sólo había dos condiciones importantísimas: primera; debía ser siempre una competencia, aunque estuviéramos haciendo lo mismo, no se podía perder la idea de enfrentamiento con el otro, tenía que haber una constante pelea —evitando la literalidad—. Y segunda, a todas las frases había que quitarles lo dancistico que pudiera aparecer, me refiero a esa cosa preciosista de los movimientos. No queríamos que pareciera que las coreografías eran una parte distinta de lo otro, sino más bien una manera natural de comportarse en ese lugar. No se debía abandonar la personalidad individual, el personaje, en el momento coreográfico.
¿Se inspiraron en la estética de algún juego en particular?
En un juego específico, no. Recordábamos películas que tuvieron su origen en los video-juegos como Mortal Combat o Tomb Raider, por ejemplo, pero sabiendo que queríamos un resultado diferente. Soñábamos con inspirar un nuevo género en lo que a juegos virtuales se refiere. No sé si existe un juego virtual en que tu compitas contra tus propias emociones y recuerdos… Nuestra idea no era imitar esas películas o algún video-juego, sólo queríamos utilizar ese soporte para contar nuestra historia. En los ensayos íbamos investigando sobre movimientos que rompieran los tiempos reales del ser humano: correr el tiempo hacia atrás, distintos ritmos, etc. Hay mucho de estética de video Clip.
¿Con qué dificultades se enfrentaron durante el proceso?
Pasó mucha gente por la obra, el proceso se alargaba y la gente se retiraba, unos se fueron a la televisión y no les quedó tiempo, otros viajaron a estudiar fuera. En muchos momentos el proyecto parecía que se desintegraba. Creo que la principal causa era no tener recursos, no tener sueldos que amarraran a la gente. Pasó mucho tiempo y no se concretaba nada. Yo soy el único de la convocatoria original, no me gusta retirarme cuando estoy en mitad de un proceso creativo, aunque sea difícil, es frustrante para mí. Además, le tenía mucha fe, quería arriesgarme. Hubo gente que vio la obra, de los que se retiraron antes, y estaban un poco arrepentidos. Me carga que se aborten los proyectos, acá pasa mucho.
PROYECCIONES
Has pasado por muchas compañías, te han nominado y has ganado premios ¿Te sientes identificado con algunas especialmente?
Me gusta estar en compañías que trabajan con temáticas cercanas a mi realidad, que tratan los conflictos a los que se enfrenta una persona como yo, a mi edad y en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que yo entiendo como teatro contemporáneo, aunque la denominación está muy manoseada. Tampoco me es indiferente la forma, me gusta investigar con el trabajo del actor de manera integral —cosa criticada en la escuela— usando todo el instrumento, como se dice. Trabajar en conjunto las emociones, la parte física y vocal; agotar las posibilidades del lenguaje. Atacar al público en sus diferentes formas de leer una pieza teatral. Eso es algo que se viene investigando hace mucho, pero de todas maneras es un territorio donde aún hay mucho que explorar.
¿Por qué dices que era criticado en la escuela el trabajo integral del actor?
Por lo menos en nuestra generación se privilegiaba un teatro de las emociones solamente, el resto era circo, técnicas obsoletas o simplemente frívolo. Pero, en nuestra época de universitarios era más lo que se criticaba que lo que se hacía. Actor de cuerpo y actor de texto se entendían como disciplinas muy distintas, ahora se aprovechan ambas cosas para crear, y eso hace el resultado mucho más interesante.
¿Te gustaría quedarte como permanente en alguna compañía e investigar?
Sí, por supuesto. Aunque este deseo se viene despertando hace muy poco. Antes, prefería trabajar con distintos directores y colegas, para aprender con gente de diferentes escuelas y tendencias. No quería encasillarme en un estilo y perderme la posibilidad de asimilar en la práctica otras formas de trabajar. Ahora que nos hemos juntado Los Hijos de la Yola esa idea me parece muy atractiva, aunque de todas maneras no quisiera cerrarme a otras posibilidades. Estuve en grupos donde en determinado momento pensé que me iba a quedar, pero por alguna razón los directores tomaron otros rumbos.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Ahora estoy en un montaje para colegios, de donde saco las monedas para subsistir, y estoy esperando la respuesta de un FONDART (Concurso Nacional proyectos artísticos organizado por el gobierno de Chile), para una obra en la que participaré, si es que nos dan la plata. En septiembre estaré en un largometraje llamado Punga.
Si quieres saber mis sueños para el futuro, eso es otra cosa: poder vivir de mi trabajo como actor, tener una compañía estable con una identidad propia, viajar por el mundo mostrando nuestras obras, hacer cine, tal vez TV, y lo que aparezca interesante por el camino.
¿Cómo ves a Los Hijos de la Yola en unos años más?
Con respecto a eso trato de no proyectarme demasiado hacia el futuro, este medio es muy difícil y es preferible tener metas cercanas. Lo ideal es que a corto plazo remontemos Game Over y ya veremos qué pasa más adelante. Participar en Festivales, darle la mayor vida posible y en un futuro próximo empezar un nuevo proyecto. Ahora hablo con más desencanto porque he estado en muchos intentos de compañía que luego se han abortado.
TEATRO CHILENO
¿Cómo crees que ha evolucionado el teatro Chileno en este período?
La evolución más clara que he podido ver es en el número de ofertas para el público. Hay más diversidad de espectáculos, muchos grupos jóvenes experimentando, y la gente los ve. En lo relacionado a la investigación, puedo decirte que hace diez años se trabajaba mucho con las revisiones de los clásicos y ahora, aunque eso no se ha dejado de lado, hay un creciente interés por los autores contemporáneos extranjeros, sobretodo británicos. También hay una generación que se interesa más por dramaturgia; muchos directores jóvenes escriben sus propios textos. Ahora mismo en Santiago hay una oferta muy variada que no podría encasillar en una tendencia particular. Hay mini grupos que apuntan hacia diferentes cosas. Lo único en lo que hay ciertas coincidencias, y sobretodo en los grupos jóvenes, es en el trabajo integrado de cuerpo y texto. No sé si existen nuevas técnicas, la novedad nace en mezclar de forma inteligente lo que hay y sacar algo diferente de allí
¿Hacía dónde van las investigaciones de los nuevos dramaturgos y directores?
Creo que hacia el mismo deseo que tienen los creadores desde hace un rato: hacer un teatro con temáticas chilenas; nuestros conflictos, intereses, dolores, pero con un lenguaje nuevo, artístico y universal. La nueva realidad chilena en el siglo XXI. Creo que el chileno se está aprendiendo a querer, a aceptar y enfrentar el dolor que le ha provocado su historia reciente; pero también a llevar ese luto mejor, a hablar de otros temas. Hasta los 90' solo se hablaba de eso, en la escuela ya tuvimos algunos choques con nuestros profesores por querer hablar de otras cosas. No queremos olvidar, pero queremos reconstruirnos y mirar hacia delante. Creo que vamos en ese camino. El teatro tiene la obligación de hablar de tu cultura, de llevar tu cultura hacia otros lugares. Creo que estamos en condiciones de hacer algo que hable de nosotros y que lo pueda entender todo el mundo. He tenido la oportunidad de actuar en España y África con dos montajes muy chilenos y la gente los recibió y comprendió muy bien.
¿Cómo vive un actor de teatro en Chile?
Eso no ha evolucionado mucho. Si no caíste en la tele haciendo teleseries y no fuiste rostro, se hace difícil. Tú sabes cómo se facilitan las cosas si eres conocido. Pero, como ese no es mi caso, ni el de muchos actores en Chile, tienes que arreglártelas dando clases, trabajando en eventos, actuando en telefilms de dudosa calidad —son como fábrica de salchichas—, garzoneando, etc.
Es cierto que ahora hay mucho más producciones en todos los formatos, pero también hay muchas escuelas y eso crea una saturación de actores buscando trabajo.
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