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ENTREVISTA CON VICENTE BATTISTA, AUTOR DE GUTIÉRREZ A SECAS
«Busco no abrumar al lector con exceso de información»
Ante todo escritor, pero también profesor de talleres literarios y periodista. Cualquier oficio relacionado con la escritura con tal de sobrevivir. Algunos de los trucos de un novelista y cuentista con varios premios a sus espaldas.
María Taltavull
mtaltavull@ciudad.com.ar
A pesar de ser un hombre de múltiples oficios relacionados con la escritura, Vicente Battista se considera «sobre todas las cosas escritor». Pero también un lector compulsivo: tiene una biblioteca de más de 3.000 libros, disfrazada de departamento. De hecho, 2.958 de ellos están clasificados en la computadora, en una exquisita y ordenada tabla que incluye título, autor, género, comentarios, y hasta una columna que indica si lo prestó, a quién y cuándo. Una prolijidad envidiable, desde luego. Sin embargo, la compulsión atesoradora de libros de Battista no acaba ahí: a estos libros perfectamente catalogados hay que sumar la gran pila de volúmenes que aún no han ingresado en la biblioteca ni en el archivo. Por cierto, pila que ya tiene un tamaño considerable y que empieza a expandirse por su casa.
¿Cómo ordenás tantos libros? ¿Por orden alfabético?
No. Por países. Toda esta pared —señala la biblioteca que está detrás de mí— es de literatura argentina, por ejemplo, y sigue en la otra habitación. En el pasillo, tengo la de Francia. Por allá sigue la de España, y a su lado, respetando la geografía, la de Portugal. Eso sí, las mujeres, todas juntas en la misma biblioteca. Sí: hay más libros de hombres; pero eso no es mi culpa.
¿Cómo fueron tus comienzos? ¿Empezaste este camino de la escritura como periodista?
Yo soy, sobre toda las cosas, escritor. Nunca fui periodista, trabajé como periodista, que es otra cosa. De alguna manera me tenía que ganar la vida, y me sentía más cómodo escribiendo notas que vendiendo tornillos en una ferretería. Escribir notas más o menos sabía; sin embargo, no tenía ni idea de cómo vender un tornillo, es decir, que en eso hubiera sido un fracaso. Bueno, en algún sentido como periodista también fui un fracaso; porque no me ponía la camiseta de la editorial, con lo cuál nunca ascendía. Y no ascendía porque huía de todo aquello que implicara mayor responsabilidad y me quitara tiempo para escribir, para escribir como escritor. Eso mismo pasaba con otros escritores amigos que también trabajaban como periodistas: jamás ascendían. A pesar de esto, hace unos años TEA me entregó un reconocimiento por la labor periodística, «Al maestro con cariño». Así que finalmente resultó que yo era maestro de periodismo. Pero sé, y siempre me pasó, que abandono cualquier trabajo periodístico a la hora de ponerme a escribir: por la literatura dejo de lado cualquier cosa. Hay una frase que lo resume muy bien: si yo no hago periodismo no me siento para nada mal, en cambio, si no escribo me siento terriblemente frustrado.
Pero el periodismo te dio oficio…
Sí, no sólo me dio oficio, sino que yo lo recomiendo… Te aporta muchísima experiencia, además te enseña a manejarte y a entender el mundo de las editoriales. Aunque creo que ser escritor y ser periodista son dos disciplinas completamente diferentes, los puntos en común son pocos, a pesar de tener como herramienta el lenguaje. El enfoque es distinto: yo puedo escribir una nota por encargo de un día para otro, pero no podría escribir un cuento de esa manera. Un cuento necesita otra elaboración, la maduración de una idea, un trabajo muy grande de corrección… El periodismo y la literatura manejan tiempos distintos, van por carriles muy diferentes. Cuando escribo una nota sé cuántos caracteres tengo que cubrir, cuál es el plazo de entrega y cuánto voy a cobrar por ello. Cuando escribo una novela, por ejemplo, no estoy pensando en cuánto voy a ganar; tampoco existen plazos para terminarla ni condicionamientos externos. No podría trabajar de otra forma.
¿Cómo lograste publicar tu primer libro?
Yo siempre tuve suerte. A los 27 años, mi primer libro de cuentos, Los muertos, obtuvo una mención de la Casa de las Américas y fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes. Éste último, fue un premio económico que me sirvió para pagar el anticipo de mi primer departamento. Así que empecé con el pie derecho. Después, a lo largo de mi carrera he ganado varios premios; no me puedo quejar.
«GUTIÉRREZ A SECAS ES MI MEJOR NOVELA»
¿Cómo empezaste a escribir Gutiérrez a secas?
Cuando empecé a escribir Gutiérrez pensaba en hacer una novela que me despegara un poco del género policial. Como consecuencia de Siroco y de Sucesos Argentinos, había quedado catalogado como escritor de policiales y, no es que reniegue del género, pero sí del rótulo. Yo he escrito muchas cosas además de dos novelas policiales. Entonces, cuando empecé sabía lo que no quería escribir (tenía una lista de noes), pero no tenía claro mucho más. Sabía muy pocas cosas: quería escribir una novela, narrada en tercera persona, que transcurriera en la Argentina de los años 90; y hasta ahí llegaba. Estuve seis meses haciendo anotaciones y buscando ideas. Hasta que un día apareció el personaje: un escritor de libros por encargo. Ahí el motor se puso en marcha. Escribí el primer capítulo y encontré enseguida el tono de la narración, después seguí con cosas que terminaron formando parte del tramo final de la novela. Así se fue armando, y fue un libro que me dio en todo momento mucho placer; me divertí mucho escribiéndolo.
¿Cuánto tardaste en escribir esta novela?
El 19 de agosto del 1996 empecé con las primeras ideas, las notas preliminares, y la terminé el 2 de mayo de 2000: tardé casi cuatro años. Claro que eso no fue sólo escritura, fue búsqueda de información, organización de datos, corrección, relecturas… Escribir una novela es un proceso que necesita tiempo.
Gutiérrez siente una especie de vacío existencial cuando termina de escribir un libro, ¿qué sentís vos?
Y… algo de eso hay, mezclado, por supuesto, con una gran satisfacción. Es un poco haber llegado a la meta que uno se propuso. Pero creo que en mi caso pesa más el placer que la angustia.
En el momento de corregir, ¿tenés algún lector o lectores especiales de los que te interesa su opinión?
Sí, claro. Me parece imprescindible tener buenos lectores a la hora de terminar de darle forma a una obra. Cuando empecé a escribir Gutiérrez a secas la presencia del Siestáculo fue fundamental. El Siestáculo es un cenáculo de escritores que nos reunimos en la casa de Horacio Salas, los sábados, a la hora de la siesta.
¿En tus novelas siempre empezás buscando algo? ¿Eso te sirve de disparador?
Sí, en todas mis novelas hay un tipo que busca algo, y esto no lo inventé yo. La novela es la búsqueda de algo, es un formato que precisa de un suspenso, aunque sea sutil, para avanzar. Y lo importante es que ese hilo conductor lo tenga muy presente el escritor, porque ayuda a mantener la coherencia, es la guía en la cual uno se va apoyando.
¿Con qué género te sentís más cómodo: el cuento o la novela?
Con los dos, pero yo tengo alma de cuentista. De hecho, Gutiérrez a secas es una novela que busca la perfección del cuento: por la economía de palabras que tiene, con capítulos cortos, también por la búsqueda de la exactitud. Pienso que el cuento es un género muy exigente, mucho más que la novela. Mi devoción por los cuentos me lleva a trasladar la economía de recursos a la novela: intento decir las cosas en la menor cantidad posible de páginas, busco no abrumar al lector con exceso de información.
SOBRE TODO LEER
¿Qué estás leyendo ahora?
El último lector, de David Toscana, un escritor mexicano que conocí cuando fui jurado en Casa de las Américas. Desde una voz muy personal, David plantea también una relación particular con los libros. Es una novela inteligente y divertida.
¿Cuál es tu próximo proyecto?
Estoy con una imagen dándome vueltas. Me desperté una mañana con una idea totalmente armada, con el disparador de la historia, digamos. La novela empezaría más o menos así: «La puta con la que debuté se tiene que haber muerto. Tengo 65 años; ella me llevaba 20. Si no se murió, está en un geriátrico. No recuerdo cómo se llama, tampoco recuerdo cómo era, pero tengo necesidad de encontrarla, aunque no sé por que y para qué». Y a partir de ahí el protagonista empieza a buscar a la puta. Y la búsqueda de la puta es el replanteo de su vida. Al igual que con Gutiérrez a secas, ya tengo el final.
¿Qué consejo le darías a los escritores que recién empiezan?
Que no se desesperen. Hay que manejarse con cierta astucia, esperar el momento justo. Si un libro es bueno, te van a llamar. El desafío es lograr que lo lean…

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