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La democracia semiótica del blog

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«Uno es más escritor que nunca cuando está solo en casa, en pijama, sentado escribiendo»


 
 

 

CONTRA LA HEGEMONÍA DE LAS VIDRIERAS CULTURALES DE SIEMPRE

La democracia semiótica del blog

 

Pese a su compromiso con la libertad de expresión, ¿reproducen internet o los blogs la sociedad estamentada que los genera? ¿Con ellos ha llegado por fin la «comunidad horizontal de pares»? ¿Por qué afloran las bitácoras virtuales relacionadas con la cultura?

 

Carlos Juárez Aldazábal
carlosaldazabal@yahoo.com

 

Es un lugar común decir que los nudos informativos de Internet significan, en la mayoría de los casos, una apuesta por la contaminación visual y auditiva antes que un verdadero esfuerzo por la democratización del sentido. Sin embargo, esta afirmación no debe engañarnos: quien busca en la red (sea lo que sea) algo encontrará, aunque no sea lo esperado. Esto puede radicalizar una opinión contraria a lo que escrito antes: en internet, entonces, vendría a concretarse la mayor utopía de la participación democrática, donde todo y todos están incluidos.

En ese sentido, sería mejor pensar en un punto intermedio. Porque si bien es cierto que la ventaja del sentido redificado —admítase la palabra— logra destruir el tubo shannoniano de la comunicación, esa mejora tecnológica no implica que se permita el acceso irrestricto de todo el mundo, y que los incluidos en el rizoma tengan la misma horizontalidad.

(Aclaración: con tubo shanonniano me refiero a la comunicación punto a punto, lineal y sin interferencias y rizoma la tomo prestada de Deleuze, como sinónimo de internet. El rizoma es una raíz que crece, sin orden ni propósito, en forma de red.)

Así, internet reproduce en su interior el funcionamiento del sistema que le dio vida, es decir, el funcionamiento del capitalismo occidental. Y lo hace con todas sus estratificaciones y jerarquías, incluida la brecha tecnológica que separa a quienes tienen acceso al sistema de quienes no, a quienes tienen un acceso dial up de quienes se conectan por banda ancha.

No obstante, la red ya es una ventaja en relación al tubo. Esto lo sabe muy bien, por ejemplo, el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional), que logra sostener su discurso y su lucha amparándose en el rizoma. Es decir, sucede lo de siempre: ninguna tecnología es buena o mala en sí misma, todo depende de su uso. Y lo mismo ocurre con la novedad del blog, el tic internético de moda entre exhibicionistas y poetas.

En mi caso, su descubrimiento vino a enmendar ciertas frustraciones periodísticas que arrastraba de lejos. Desde 1998, primer y último intento de dirigir una revista literaria (se llamaba El Tyrano y la derrocaron en el primer número), mis impulsos decisorios quedaron sujetados a la voluntad de los editores. En algún sentido, esto fue bueno porque me permitió despreocuparme de la tarea material que implica toda edición. Por otro lado, fue una limitación que encorsetó mis decisiones y me obligó a sostener un espacio propio.


PERIODISMO

Cuando la flexibilización laboral de los 90 no se había instalado en la Argentina todavía como una verdad indiscutible, el crítico cultural Jorge B. Rivera (1995) indicaba las posibilidades laborales para los intelectuales que quisieran dedicarse a la práctica del periodismo cultural. Y éstas eran:

(...) destinar regularmente su producción a medios de prensa convencionales que sí retribuyen la colaboración, y en ese caso —de acuerdo con la regularidad del trabajo— pueden encuadrar dentro de las previsiones del Estatuto [del periodista], adquiriendo en consecuencia la condición de periodistas profesionales.

Esto lo que significaba era, entre muchas otras cosas, estabilidad laboral, con aportes provisionales incluidos. Pero más adelante aclaraba que «En la práctica, no obstante, la situación real del colaborador es mucho más ambigua (y a veces ficticia e incierta) que lo que permite inferir el texto legal», a pesar de que «Para muchos escritores la vidriera que objetivamente proporcionan un diario, un suplemento cultural o una revista de alta circulación es compensación suficiente frente a la ambigüedad de su condición profesional» (Rivera, 1995: 110-11).

Estos párrafos claros y concisos anticipaban por qué la tecnología (gratuita) del blog se volvió una opción interesante para democratizar las vidrieras culturales. Porque no todos pueden financiar una revista digital. Porque no todos pueden sostener económicamente las impresiones y el costo del papel. Pero todos (los que acceden a internet, al menos) sí pueden tener un blog.

 

UN POCO DE HISTORIA

El lingüista y editor madrileño José Antonio Millán ha dado, en su página personal http://jamillan.com, un excelente resumen de la historia de esta tecnología. Él señala allí:

El log-book (o, abreviadamente, log) era el documento en que el capitán del barco anotaba las incidencias del viaje («el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación», como recoge la Academia); es decir, el «cuaderno de bitácora». Pues bien, el weblog o «bitácora de la web» es la relación y anotación que hace un navegante de la Red de los sitios que ha visitado.

Y más adelante amplía:

Los weblogs son más conocidos por el prócope blog (…) El nombre blog lo acuñó en 1999 Peter Merholz, antiguo director creativo de Epinions, y él mismo es un notable blogger (persona que se dedica a hacerlos). Hoy hay cientos de miles, de tipos muy diversos: temáticos o anárquicos, comentados o no. Unos parecen diarios personales (Zdnet los calificaba recientemente de «válvulas de escape para el ego»), otros parecen revistas; todos son auténticos buscadores idiosincrásicos, a veces con miles de enlaces.

Esta sucinta pero clara descripción expresa el extraordinario crecimiento que tuvo la tecnología desde su aparición en la red, en 1999, hasta nuestros días. De «bitácora de navegación electrónica» a «válvula de escape idiosincrásico», el blog viene demostrando una vigorosa aptitud para horizontalizar la información que circula en internet. Esta apertura permite pensar en la instalación de una posible democracia semiótica, amparada en la gratuidad de la tecnología y en la relativa sencillez de su manejo. 

 

UN POSIBLE EJERCICIO DE LIBERTAD

El blog es un fragmento de diseño que se socializa. Esto quiere decir que a una estructura estandarizada se le va a imprimir una carga de subjetividad (en la mayoría de los casos el contenido, pero no solamente) que cada vez menos se adapta a la idea de la «bitácora de navegación». Es muy raro, hoy por hoy, que un blog se limite a contar los recorridos internáuticos y a recomendar paginitas. Cada vez más, el blog viene a funcionar como página personal, como revista digital o, especialmente en el caso de algunos escritores, como novela por entregas. Funcionamiento, en todas las versiones mencionadas, de vidriera cultural (para retomar la expresión de Rivera) que garantiza la presencia discursiva del bloguista (o blogger) en el incierto rizoma de internet.

Es innegable, entonces, el potencial democrático de esta tecnología. Se trata de una herramienta capaz de multiplicar los universos de la subjetividad al brindar, gratuitamente, un pequeño espacio de diseño destinado a la manipulación (es decir, a las intervenciones) de los usuarios. Y éstos, bien mirado, pueden llegar a comprenderse, al menos ficcionalmente, como una comunidad horizontal de pares.

Además, como el blog es una puerta que abre posibilidades infinitas, algunos podrán optar por colocar las fotos de sus viajes. Otros sus perversiones y angustias. Eso sí, cualquiera sea el camino elegido de lo que se trata es de alentar en los sujetos la experimentación constante.

En mi caso, www.elpimentero.blogspot.com, me he limitado a mostrar diferentes inquietudes escriturales: notas viejas (transcripciones del papel al rizoma), algunos poemas, algunos relatos breves, sin descontar la producción de otros escritores. Un buen antídoto para mi frustración como editor de revistas, en definitiva.

Sin embargo, hay algo que conviene no olvidar: el blog, al igual que internet (aunque ésta en sus orígenes haya sido una tecnología militar), es una apuesta democratizadora que surge en una sociedad estamentada. La «comunidad horizontal de pares» que evoca la blogosfera sólo puede ser comprendida, en tanto imposibilidad, como una ficción que oculta la desigualdad latente en las jerarquías instaladas en el interior del rizoma. Escribir un blog, entonces, debería entenderse como un posible ejercicio de libertad, lo cual no deja de ser un privilegio.   

 

 

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