Desde finales de los años 90 hasta 2003, todo congreso de economía contemplaba un área temática titulada Nueva economía o Economía de la información o Economía digital o Internet y economía. Diversas formas de llamar a algo que estaba ahí, algo nuevo, distante, desconocido, ilusionante e, incluso para algunos, preocupante. Pero en los últimos años esas áreas han ido desapareciendo de congresos y revistas especializadas. Y parece que ya a nadie le interese especular sobre nuevas, digitales e informacionales economías. En realidad, a nadie no: muchos políticos siguen obsesionados con el tema, quizá por un afán de modernidad no muy sedimentada.
A principios de los 90 los ordenadores y la red se circunscribían al ámbito universitario y suponía más esfuerzo utilizarlos que conseguir los mismos resultados con medios más tradicionales. Coexistían entonces ilusionados visionarios utilizadores con escépticos pasotas no dispuestos a vérselas con un aparato que no comprendían y que, para colmo, se estropeaba muy a menudo. No es que los utilizadores comprendieran el aparato; sin embargo, lo disimulaban con el mayor de los empeños. Prueba y error de ello fue la metodología educativa informática, que se tomó como eficaz, pues sigue siendo la habitual.
En estos momentos los ordenadores, con o sin red, son elementos cotidianos y se nos antojan imprescindibles. Esa cotidianidad los ha desmitificado y por ello su entorno, su presencia, su influencia y su desarrollo futuro han dejado de interesar en los medios académicos. Y así, pasaron a ser materia de noticias para cubrir el final de los telediarios.
Muchos pusieron empeño en hablar de una nueva situación, de una nueva economía, incluso de una nueva sociedad basada en la tecnología y en la información (TI), basada en el ordenador y en la red. En este sentido, un teléfono móvil ¿no es también un ordenador? ¿No es la red de telefonía móvil tan red como Internet?
TEORÍA DE LOS TRES ENTORNOS
Centrándose en aspectos sociales y generales, Javier Echeverría hablaba de la «nueva situación» como de un tercer entorno (3e). Para ello partía de la tesis de que las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones (NTIT) estaban posibilitando un escenario «que difiere profundamente de los entornos naturales y urbanos en los que tradicionalmente han vivido y actuado los seres humanos». (1)
Así, Echeverría proponía el tercer entorno en contraposición a la existencia de los otros dos (2). El primero (e1 ) sería aquel alrededor del ambiente natural al ser humano: el cuerpo, el clan, la familia, la tribu, las costumbres, los ritos, las técnicas de producción, la lengua o la propiedad son algunas de sus formas humanas y sociales características. El segundo (e2) sería aquel que gira alrededor del ambiente social y cultural de la ciudad y del pueblo. Los espacios urbanos han desarrollado diversas formas sociales constitutivas de este entorno: el vestido, el mercado, el taller, la empresa, la industria, la ciudad, el estado, la nación, el poder, la iglesia, la economía. Y la sociedad industrial sería su forma más desarrollada. El tercer entorno aparecía como un nuevo espacio social en construcción, básicamente artificial y posibilitado por una serie de tecnologías (3) que modifican las relaciones sociales y culturales que se daban y dan en el primero y el segundo entorno.
Pasado un tiempo en el que se han popularizado los teléfonos móviles, los ordenadores personales y la red Internet, ¿se puede seguir hablando de un tercer entorno? ¿O estos objetos son simples actuantes/modificadores de los entornos más o menos naturales: el primero y el segundo?
Me decanto claramente hacia esto último. Las tecnologías de la información no se han convertido en un nuevo escenario, como apuntaba Echeverría. Sencillamente, son un medio más o menos utilizado por el individuo en la medida de que su grupo lo utilice en mayor o menor medida. Modifican, por tanto, las relaciones en el segundo entorno y las actitudes y acciones en el primero. No obstante, las tecnologías de la información no constituyen una nueva situación, un nuevo entorno en sí mismas.
USOS EMPRESARIALES DE LAS NTIT
Un vendedor a domicilio realiza durante la conversación con su potencial cliente tres consultas por móvil y recibe dos impertinentes llamadas. En una obra los obreros del tercer piso se comunican mediante el móvil con el capataz que está en el sótano. Todas estas situaciones y las que puedan imaginarse generan gastos y contribuyen a una mejor y más eficaz gestión empresarial. Los teléfonos móviles son los cachivaches más importantes de las tecnologías de la información y de la comunicación. Nadie, al parecer, ha hecho un estudio claro sobre su influencia en el funcionamiento económico de las empresas. Los móviles son una herramienta nueva; para muchos, la prolongación de las orejas y de los gritos. Su utilización empresarial puede resultar imprescindible o, en ocasiones, superflua. Por su parte, en las relaciones sociales no empresariales los móviles se convierten en imprescindibles en tanto un grupo participe de su utilización. De ahí que los adolescentes y jóvenes sean los más proclives a utilizarlos y a verse influidos por su magia.
Los ordenadores e Internet representan, por su parte, muchas cosas a la vez, según cada cual. Incluso para una misma persona encarnan determinados elementos en su trabajo y otros bien distintos en su casa. El denominador común de este universo tecnológico variopinto es el aparato, el ordenador, y, en muchas ocasiones, la red.
Determinadas empresas, por ejemplo los bancos, utilizan ordenadores y redes desde que existen. Las redes que utilizan son exclusivas y cerradas; los programas son específicos y su utilización conjunta a la red da lugar a oficinas espacialmente
distantes pero informacionalmente próximas; comparten información y software que permiten decisiones y operaciones entre agentes lejanos en el espacio. En este tipo de empresa la utilización del paradigma ordenador-red es la actividad principal, al punto de que el desarrollo técnico de programas y redes ha sido espectacular en los últimos años y de que sin ordenadores su actividad sería imposible.
En estas empresas no se utiliza Internet global libremente o si se hace es simplemente como opción. El número y tipo de compañías que trabaja de esta manera aumenta siempre que la actividad, el tamaño y las características lo permitan. Funcionan así desde cadenas de hoteles hasta organismos administrativos. Estas formas de actuar en el paradigma ordenador–red no pueden considerarse como propias de Internet. Simplemente han sustituido mensajeros, sobres, cartas, archivadores, asientos contables, ábacos y calculadoras por ordenadores y cables de comunicación; por tecnología electrónica.
RED COMO PROMOCIÓN O RED COMO ESENCIA
De otro lado, una gran parte de pequeñas y medianas empresas utiliza ordenadores en su gestión y administración, incluso en la producción. Utilizan las tecnologías de la información como lo hacen las empresas referidas anteriormente pero con ausencia de red interna o bien con una estructura mínima. Como esa red interna es mínima o inexistente aprovechan la red global (Internet) para sus comunicaciones personales e interdepartamentales. Pero tal aprovechamiento es mínimo y, en la mayoría de los casos, se limita a la transmisión de ficheros erótico-festivos entre empleados, lo que no parece que sea claramente una manera adecuada de interpretar la revolución que ha supuesto el advenimiento de las NTIT.
Así, muchas empresas pagan mensualmente su conexión a Internet sin saber muy bien por qué. Muchas han contratado, también, a un creador de páginas web. En ellas ofrecen información de sus productos, de su institución y de cómo comunicarse (aunque el lector sabe muy bien que, si lo intenta por ese camino, puede quedarse esperando la respuesta eternamente). Para esas empresas tener web es una especie de publicidad posmoderna, que verdaderamente no conduce a ningún sitio: como mucho puede ser útil para dar a conocer la dirección y el teléfono.
En cambio, para otro tipo de empresas el paradigma ordenador-red es sencillamente su motivo de existencia. Empresas cuya actividad se relaciona precisamente con alguna de las partes del conjunto: el ordenador, la red o ambos. Son las empresas que más conviven con el fenómeno de la NTIT. Intentan vender sus productos mediante la red global y son las únicas que claramente lo consiguen. Este tipo de empresas constituyen realmente la nueva economía. Aunque, claro, no en todas sus actuaciones.
Otro lugar lo ocupa el comercio electrónico. Su futuro fue materia de innumerables artículos y comunicaciones a finales del siglo pasado. Esta modalidad se ha convertido —o quizá nunca fue otra cosa— en una especie de venta por catálogo. Eso sí, un catálogo más vistoso que los de antaño. Si bien en el comercio electrónico empresa a empresa (e-commerce B2B) éstas utilizan las nuevas tecnologías, se trata sólo de otra forma de relación entre proveedores y clientes. Forma probablemente más eficaz, rápida, segura y barata que las tradicionales (visita-muestrario-pedido-pago), pero no totalmente novedosa.
En un principio se pensó que el comercio electrónico rebajaría costes en su vertiente B2B y, por su puesto, en la versión de relación directa con el consumidor (B2C). Incluso que generaría «consumos productivos». Pero la desconfianza del consumidor en las formas de pago y la escasa e inadecuada capacidad logística para la entrega de los productos adquiridos conllevó que el comercio electrónico no acabase de despegar. Aun más, no parece que vaya a hacerlo por el momento. De hecho, se venden más determinados productos mediante teléfono móvil (la manera de pagar es distinta) que por Internet. Tanto, que quizá haya que indicar a este aparatito como el rey de las NTIT en su vertiente económica y empresarial.
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