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RESEÑA DE CARRETERA PERDIDA, UN FILME DE DAVID LYNCH Experiencias enteogénicas
O cómo David Lynch convierte una sencilla historia de suspense en un terrible sin sentido a lo largo de una película inverosímil e inquietante.
Óscar Soler P.
oscar_teina@yahoo.es

Carretera perdida (Lost highway, 1997) es una película confusa, cierto, pero a su vez es más simple de lo que aparenta. En ella un saxofonista y su esposa reciben un paquete sin remitente que bien podría ser el Mc Guffin de la película o bien un acertijo sin solución. El caso es que en el interior del paquete hay una cinta de video con grabaciones de las inmediaciones del portal de su casa. Pocos días después, la pareja recibe una nueva cinta con un contenido mucho más siniestro: el video muestra imágenes del interior del domicilio, lo que les incluye a ellos mientras duermen plácidamente en la cama.
Fred (Bill Pullman) es el marido, un tipo convencido de que su mujer (una despampanante Patricia Arquette) se divierte con ciertos amigos mientras él toca el saxofón en locales nocturnos. Esta idea se convierte en una obsesión que le asfixia, y de ahí que ocurra lo imposible: su mujer muere descuartizada, él es acusado del asesinato, y cuando aguarda la ejecución en la silla eléctrica, de la noche a la mañana —así tal cual—, se convierte en otro personaje diferente.
Este nuevo individuo (Balthazar Getty) sale de prisión atónito y sin cargos, para volver a casa junto a sus padres. El chico se llama Pete y trabaja como mecánico en un taller donde se encarga del mantenimiento de los cochazos de un peligroso gángster (un tarado como el que interpreta Dennis Hopper en Terciopelo Azul). Casualmente —y en realidad, causalmente— el mafioso tiene una compañera idéntica a la esposa del saxofonista, aunque con una cabellera rubia de femme fatale que le viene, nunca mejor dicho, al pelo. Pete se enamora de esta joven misteriosa y ambos inician una tempestuosa relación donde el sexo es tan determinante como el secretismo, lo que contribuye a un final repleto de asesinatos y huidas despavoridas.
Aunque no lo parezca, esta doble trama guarda un vínculo estrechísimo: la chica (en sus dos versiones de cabello), la tortuosa relación entre ambas parejas, y sobre todo Mistery Man (Robert Blake), un siniestro personaje que aporta la fantasía a esta historia, o quizás no; que cada cual decida si es una invención esquizofrénica del protagonista o un criminal de ultratumba.
Parada en el Lost Highway
David Lynch (Terciopelo Azul, Twin Peaks, Mulholland Drive) se la juega con un argumento que por poco fracasa. Carretera perdida es una arriesgada historia en la que no hay ni principio ni fin. Lynch ideó una trama circular que no admite el concepto occidental de tiempo y transforma cualquier instante de la película en su posible comienzo. De este modo no existe un argumento firme y conciso, las interpretaciones se multiplican y, como el leitmotiv de la película, no conducen a ningún lugar.
Pero no sólo hay que entender la historia; también hay que valorar su contenido. Gran parte del éxito de la cinta radica en que la trama contiene mucho erotismo, violencia sangrante e incluso humor negro y absurdo, como la escena en que el capo mafioso embiste con su Mercedes Benz a otro coche porque aquel no respetaba la distancia de seguridad entre ambos vehículos. Cuando paran, el gángster le sacude unas tortas y luego le hace jurar que repasará la normativa de circulación para evitar peligros al volante.
Además de la violencia extravagante e inconfundible del director, Carretera perdida posee una curiosa banda sonora a cargo de múltiples artistas: Angelo Badalamenti, Trent Reznor, David Bowie, Brian Eno, Rammstein, Smashing Pumpkins o incluso Marilyn Manson (que además, sorpresa, aparece en una secuencia de la película). Con todo, el director consigue que crítica y espectadores queden contentos —o como mínimo, perplejos— al dar a cada uno su parte: dificultades de análisis e interpretación por un lado y mucho entretenimiento por otro.
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