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Fragmento de Poemas & Híbridos de Bernardo Atxaga
Henry Bengoa, inventarium
(En busca de un amigo desaparecido.)
I
Se ha escondido el sol detrás de las casas,
hay sombras en el puente.
No veo amigos: sólo gente extraña
en los lugares del pasado.
He abandonado el reino,
levanté el campamento, lo recuerdo.
En el día señalado, partí
con el as de oros en la mano,
preguntando: «¿Soy yo quien sobra
en los lugares del pasado?»
Cansado del viaje, seré bien recibido
entre los nuevos compañeros.
II
Pasaban los días y los meses, y tus amigos seguíamos sin saber nada de ti, Henry; y pensamos salir en tu búsqueda, partir hacia donde nos señalaba el remite de tu última carta, hacia aquel Gotenstrasse veintisiete cuarto C Hamburgo que tú habías escrito en uno de los ángulos de un sobre color marrón. Poco después, un día de mucha lluvia, tomábamos el tren: en silencio, con oscuros presentimientos, sintiendo que algo se había roto KRA! en nuestro corazón.
Y acompañados siempre por aquella lluvia, atravesamos las llanuras de Francia, hablando del tiempo, intercambiando tabaco con los tres trabajadores árabes que habíamos elegido como compañeros de viaje. Después pasamos por Holanda, de noche, sin alcanzar a ver los campos de tulipanes, los tulipanes amarillos que tú, Henry, solías regalar en nombre del sol; entonces, cuando los viejos tiempos de la adolescencia, cuando ni siquiera imaginábamos que un día algo se iba a romper KRA! en nuestro corazón.
Y atravesamos ciudades y pueblos, y luego, por fin, vimos una mancha roja en el cielo, como si alguien hubiera dado allí una cuchillada, como si una nube estuviera desangrándose; y uno de los árabes señaló aquella mancha y dijo Es el puerto de Hamburgo, cuarenta mil barcos al año, ocho mil obreros, ojalá no tengamos problemas con la policía, si me obligaran a volver a mi país algo se me rompería KRA! en el corazón.
Y hacía frío en Hamburgo, y sus calles estaban completamente vacías; y los veleros del lago Binnen, atracados en uno de los muelles, parecían mariposas heladas, blancas, reunidas allí para no morir en soledad. De vez en cuando, ladraba un perro, y su ladrido se perdía en el viento, como nuestras llamadas; porque te llamábamos de todas las cabinas y tú nunca contestabas; porque estaba escrito que aquel día algo, definitivamente, iba a quedar roto KRA! en nuestro corazón.
Vimos entonces un coche con la palabra Taxi en una de sus puertas. ¿Taxi? preguntamos, Sí, ja, claro. Taxi, nos respondió el conductor. Por favor, bitte. le rogamos, esta dirección. Gotenstrasse veintisiete, ¿Gotenstrasse?, Ah, sí, ja, claro, Gotenstrasse, sí, por favor, rápido, bitte. Y como volvía a llover, el conductor encendió el limpiaparabrisas antes de salir. Al pasar por Saint Pauli vimos a las putas pasear con gabardinas transparentes: mostraban a todo el mundo que algo se había roto KRA! en su corazón.
Nada más entrar nosotros en el edificio, el administrador nos recibió gritando. ¿Dónde está Henry Bengoa! ¿Quién va a pagar los meses que debe! Supimos entonces que faltabas desde hacía tiempo, que habías desaparecido de Hamburgo igual que antes habías desaparecido de entre nosotros; y cuando el administrador nos exigió que hiciéramos un inventario de tus cosas, algo se rompió KRA! en nuestro corazón.
Entramos así, con el corazón roto, en tu apartamento, y vimos que la cama estaba deshecha, que había papeles por el suelo, restos de cigarrillos en la mesilla. No quiero KRA! saber nada, dijo el administrador; hagan el inventario y luego váyanse de aquí KRA!; ustedes, la gente como ustedes, ustedes son los culpables KRA! de todo. Calla, cerdo, le dijimos cerrándole la puerta. Luego cogimos unos folios y, empezando con el armario, nos pusimos a tomar nota de todo lo que tú habías dejado allí.
INVENTARIO. OBJETOS PERSONALES DE HENRY BENGOA.
—Seis pares de calcetines negros.
—Cinco camisetas blancas.
—Diez slips blancos.
—Cinco camisas negras.
—Dos jerseys azules de lana.
—Tres jerseys azules de lana.
—Una cazadora negra de pana, con los bolsillos vacíos.
—Una cazadora gris de franela, y en los bolsillos:
—Un peine.
—Un pañuelo.
—Un paquete medio vacío de Camel.
Y en la superficie del paquete, una anotación:
«Preguntad dónde, o cuándo, o cómo, pero no preguntéis por qué; cada otoño enrojece en el árbol una manzana, allá, colgada de la rama más alta: sé dónde, cuándo y cómo, pero si preguntáis por qué, deberé contestaros por necesidad; y ni siquiera sé qué significa esta palabra.»
—Una chaqueta de piel con los bolsillos vacíos.
—Unos pantalanes negros de pana con los bolsillos vacíos.
—Unos pantalones verdes de pana, y en los bolsillos:
—Un pañuelo.
—Una caja de cerillas, nueva.
—Una tarjeta de autobús, usada.
Y, en la tarjeta, una anotación...
*
Poemas & Híbridos, Bernardo Atxaga.
Editorial Plaza y Janés, Barcelona 1997.
106 páginas, 2 pesos.
Librería Libertador, Corrientes y Talcahuano

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