El delgado hilo entre la asistencia social y la despolitización de conflictos

Colaboración

Entre sueños globales y condiciones materiales: la otra cara de las ONG, José Beltrán Llavador

Voluntariado: ¿participación política, labor social o interés egoísta?, por Elvira del Pozo

Entrevista:

James Petras, sociólogo
«No hay que despreciar la lógica de partir de las luchas sociales cotidianas hacia las luchas por el poder político»

Antonio Ariño Villarroya, sociólogo
«El tercer sector es una realidad que el poder trata de controlar constantemente»


 

Algunos libros del entrevistado

El calendari festiu a la valència contemporània: (1750-1936)
Ariño Villarroya, Antonio.  

Postmodernidad y autonomía los valores de los valencianos
Manuel García Ferrando; Antonio Ariño Villarroya. 2000

Los nuevos valores de los valencianos
Manuel García Ferrando ; Antonio Ariño Villarroya.

Las encrucijadas de la diversidad cultural
Ariño Villarroya, Antonio.

Diccionario de la solidaridad
Antonio Ariño (Ed.). Libro sin existencias.

El porvenir del altruismo
Rafael Aliena ; Ramón LLopis ; Antonio Ariño ; Felipe Alcalá-Santaella ; Xabier Ballesteros.

La ciudad ritual. La fiesta de las fallas. Barcelona
Ariño Villarroya, Antonio. Anthropos; Ministerio de Cultura, 1992.

La ciudadania solidaría. El voluntariado y las organizaciones de voluntariado en la comunidad valenciana.
Ariño Villarroya, Antonio [dir.]; Castelló i Cogollos, Rafael; Llopis Goig, Ramón.
Edita: Bancaja.
Valencia 2001.

 

Enlaces para ampliar el tema

Sobre las Organizaciones no Gubernamentales, por Raquel Herranz Bascones

Las ONG en el marco del nuevo orden mundial

¿Estado versus “sociedad civil”? (PDF)

Reseña "Las ONG en España. De la apariencia a la realidad", de Carlos Gómez Gil

El Espectáculo humanitario

La creación mediática de la sociedad de la información, por Salvador Giner

Las ONG en la picota ¿Se acabó la luna de miel?, por Franz Nuscheler

La semilla del 7%

Las dos caras de las ONG, por James Petras

"La paradoja del sistema es que el capitalismo no puede controlar sus capitales", entrevista a James Petras

Artículos de Jordi Raich, auntor de El espejismo humanitario

Revista Española del Tercer Sector

Portal sector3

Tercer sector


 

 

ENTREVISTA A ANTONIO ARIÑO VILLARROYA, SOCIÓLOGO, VICERRECTOR DE ESTUDIOS DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA

«El tercer sector es una realidad
que el
poder trata de controlar constantemente»

 

 

Uno de los grandes debates frente al auge asociativo de las últimas décadas —y su consecuente institucionalización— refiere a si estas entidades son espacios de educación democrática con significado político. Para Antonio Ariño, resulta claro que la experiencia asociativa excede la mera conversación, implica una ciudadanía vigilante, aunque limitada, y conlleva «consecuencias transformadoras de las preferencias individuales». No obstante, el fomento de la participación cívica no es un valor exclusivo del asociacionismo, un movimiento que también puede construir guetos alejados de la dimensión sociopolítica. En esta entrevista, el autor sostiene que lejos de constituir un valor positivo en sí mismo, la gran diversidad de agrupaciones responde más bien a la pluralidad de intereses presente en las democracias modernas.

 

Juan Pablo Palladino
juanpabloteina@yahoo.es

 

Las asociaciones muestran una extensa gama de objetivos, estructuras y presencia en cada ámbito social, según se trate organizaciones culturales y educativas, festivas, deportivas, de defensa cívica, de salud, de convivencia, de solidaridad internacional, de servicios sociales, ambientales y de desarrollo y promoción comunitaria. Éstas son las 10 tipologías que el sociólogo Antonio Ariño Villaroya reconoce en su estudio Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social, desarrollado en la Comunidad Valenciana.

Entre todas conforman ese sector ubicado en tercer lugar frente al mercado y al Estado. De todos modos, Ariño prefiere hablar de cuatro sectores porque agrega el de «las relaciones de proximidad» que se dan entre familiares y que existen desde el principio de los tiempos.

Ariño Villaroya es sociólogo y ocupa el cargo de Vicerrector de Estudios en la Universidad de Valencia, un puesto que le deja poco tiempo para entrevistas. Pese a esto, Ariño encontró un hueco en su agenda para atender a teína , quien acudió a él en el contexto de este dossier sobre Organizaciones no Gubernamentales por ser un especialista en asociacionismo. ¿Qué son muchas ONG si no asociaciones de personas que persiguen un fin determinado?

Uno de los grandes debates frente al auge asociativo de las últimas décadas —y las leyes impulsadas para regular los derechos y obligaciones— refiere a si estas entidades desempeñan la labor de acicates democráticos. Se trata de determinar hasta qué punto y en qué casos conforman núcleos de participación ciudadana comprometida con el devenir de los asuntos públicos o si son lugares donde las personas buscan tan sólo relacionarse con sus semejantes. El estudio de Ariño advierte de que si bien resultan complicadas las conclusiones terminantes por la gran variedad asociativa, cabe matizar la idea de que las agrupaciones conformen sólo lugares de inculcación democrática.

Y realiza una distinción en tres categorías: las entidades que «tienen un discurso político explícito» y «se presentan a la sociedad con el propósito de cambiar e incidir en el orden común»; las asociaciones de «orientación pragmática, centradas en la producción y prestación de servicios para personas con graves carencias y que eluden la decantación política y la crítica porque necesitan permanecer próximas al poder de turno para captar o mantener subvenciones»; y las agrupaciones «netamente apolíticas», que entienden que las carencias y los riegos —adicción al alcohol o a las drogas, el fracaso escolar o la dependencia—  tienen una razón estrictamente individual y deben ser reparadas desde una opción moral, no social ni política.

En esta última categoría, la orientación hacia las medidas urgentes y realizables conllevan una «evaporación de la dimensión política». Dentro de ella se ubican también las organizaciones cuyo objetivo central es «la construcción de una experiencia de comunidad» por medio de la fiesta, el deporte, una afición cultural, la simple convivencia. Aquí el discurso apolítico e irreligioso responde a la necesidad de «proteger la armonía comunitaria», librándola de enfrentamientos de etiquetas o ideologías. Y es que, en una sociedad «crecientemente individualizada», explica Ariño, las asociaciones generan espacios «para la conversación excepcional y la confianza entre amigos, donde suele haber poca cancha para la tertulia, el diálogo y el debate políticos, para establecer un vínculo entre lo que sucede en el local asociativo y su entorno o en la sociedad más amplia». Por ello, el autor sugiere erradicar la «mitificación del carácter democrático del asociacionismo o de la ciudadanía asociativa como una alternativa al desencanto político».

Asimismo, sostiene que incluso en estas agrupaciones creadas puramente con fines de esparcimiento asoma tímidamente la dimensión política, pese a que en su discurso oficial intenten apartarse de esta realidad. Aun las asociaciones que se declaran apolíticas, «capacitan para asumir riesgos en el ámbito público y actúan como espacios de transformación de las preferencias individuales», indica en su estudio. La experiencia asociativa excede así la mera conversación, implica un concepto de ciudadanía vigilante limitada, por un lado, y conlleva «consecuencias transformadoras de las preferencias», por otro.

Así, la vida asociativa incide en que sus miembros desarrollen un «sentido del control de la actuación de la Administración» en el campo que les concierne, lo cual «constituye una forma de afirmación ciudadana, aunque limitada en su alcance». Además, su discurso apolítico no impide, por ejemplo, las asociaciones de amas de casa que se declaran apolíticas y tienen una perfil más bien conservador lleven a cabo actividades que «transforman de forma imprevista las relaciones de género en el plano doméstico y modifican tanto la autoestima como el estatus de las mujeres». Las mujeres descubren en su integración a la asociación una esfera privada, individual y una pública que pasan a complementar la doméstica. A partir de este descubrimiento personal influyen también sobre sus familias. La experiencia asociativa les ayuda reconfigurar así sus concepciones.

Ello no significa, por supuesto, que todas las asociaciones deban ser valoradas de la misma forma respecto a cuánto fomentan la vida democracia y el compromiso cívico. Sobre todo cuando en medio de su gran diversidad «pueden ser muros, guetos y refugios frente a la dimensión sociopolítica de la existencia(...)». Aun cuando, como dijo Tocqueville y cita Ariño en su informe, «los sentimientos y las ideas no se renuevan, el corazón no se engrandece, ni el espíritu humano se desarrolla, si no por la acción recíproca de unos seres humanos con otros».

 

LOS CUATRO SECTORES

¿Qué se entiende por «tercer sector»?

El concepto tercer sector se introdujo no hace muchos años en las ciencias sociales para referirse al espacio que no es el Estado ni es el mercado, entendiendo el Estado como el espacio coercitivo donde se imponen las reglas de juego para la vida social y el mercado como el espacio de beneficio e intercambio lucrativo. En Estados Unidos, fundamentalmente, pero también en países ¿europeos?, llevan ya tiempo estudiando este campo muy amplio, que se basa en los intercambios de reciprocidad, la libre elección de los individuos, la solidaridad y el altruismo.

¿Su estudio es reciente, entonces?

El término tercer sector, como tal, tiene una génesis muy concreta. Sin embargo, ha habido otros conceptos anteriores. En Francia, desde el siglo XIX detectamos una corriente distinta que habla de economía social, por ejemplo. Otros estudios hablan del espacio de las organizaciones sin ánimo de lucro o del voluntariado o, sencillamente, del asociacionismo. En la medida en que durante la modernidad los espacios del Estado y del mercado han sido más claramente definidos cobró forma automáticamente un tercero, residual, que parece no tener nombre propio. Desde mi punto de vista, este planteamiento resultan deficiente. Cualquier perspectiva histórica nos permite ver que antes de cualquiera de esos sectores existían los vínculos de parentesco y que estos gozaban también de determinadas reglas sobre la transferencia e intercambio de recursos. Esos vínculos de parentesco, antiquísimos en la historia de la humanidad, persisten hoy y tienen una enorme importancia, por ejemplo a la hora de afrontar la dependencia. Por lo tanto, hablo de cuatro sectores: el de las relaciones de proximidad, el de las relaciones de intercambio lucrativo, el de las relaciones formales de carácter estatal y el de las relaciones libres y voluntarias que se pueden basar en el altruismo.

¿Por qué surge el interés por estudiar este sector?

Hay muchas corrientes. La neoliberal surge con la crítica al Estado: supone que éste ha venido ocupando un espacio excesivo, que hay que ponerle límites, reducirlo a su mínima expresión y que hay que dar mayor autonomía a las organizaciones de la sociedad civil. Otra concepción es la católica, la de la subsidiariedad, que pone en primer lugar a la familia, luego al Estado y luego a las organizaciones de la sociedad civil, que cumplen funciones subsidiarias allí donde no llega la familia. Otras teorías indican, por el contrario, que el tercer sector representa la expresión de la fortaleza de una sociedad civil; una expresión que no debe entenderse en términos de concurrencia y antagonismo con el Estado ni con cualquier otro ámbito, sino como otra forma de afrontar problemas en sociedades plurales, modernas, donde la esfera híbrida de lo público-privado adquiere una creciente importancia. No hace falta acudir a ninguna de las teorías sobre solidaridad o constitución del tercer sector para legitimar este fenómeno, aunque lo cierto es que esas teorías están en la agenda pública.

Entonces el Estado puede impulsar y reforzar el tercer sector mediante leyes...

Puede regularlo, financiarlo y vigilarlo, es decir, tratar de colonizarlo y de controlarlo. De algún modo eso se hace: se regula y se fomenta el tercer sector generalmente con medidas bastante discrecionales. Porque constituye una realidad que el poder trata de controlar constantemente. Y que lo consiga depende del grado de fortaleza que tenga la sociedad civil.

Muchas ONG reciben financiación estatal...

La inmensa mayoría recibe la mayor parte de su presupuesto del Estado, esto es claro aquí y en muchos otros países. Las fuentes de financiación externas sueles ser minoritarias. Esto es una debilidad y un error.

¿Existe una contradicción entre el tercer sector y el Estado, como poder que intenta vigilar y controlar al tercer sector?

El tercer sector en sí mismo es resultado del dinamismo de la sociedad civil. Habrá sectores que pueden desarrollar una posición más crítica frente a las fuerzas dominantes y otras que, por el contrario, están de acuerdo con su lógica; organizaciones que se dedican a prestar servicios y no desarrollan una postura crítica frente al Estado y otras, como movimientos sociales, que indican que el mundo tal y como está constituido ahora es un mundo de desigualdad, injusticia y es insostenible. El tercer sector se caracteriza por su heterogeneidad y su escasa articulación. Si ya en el mercado hay una gran diversidad entre multinacionales y pequeñas empresas locales, el tercer sector es aún más heterogéneo y dispar, y por lo tanto no tienen una cohesión organizativa.

¿Esta pluralidad puede interpretarse como un rasgo positivo para la democracia y un síntoma de fortaleza de la sociedad civil?

Suele decirse eso con frecuencia. Pero no creo que en sí misma la pluralidad y la heterogeneidad sean negativas o positivas, sino que son parte de una realidad que hay que asumir naturalmente: la sociedad tiene una pluralidad de intereses y de sujetos y una gran diversidad de valores que se manifiestan en el asociacionismo. Ahora bien, éste puede constituirse para defender intereses de grupo de tipo corporativo o para defender privilegios y cortar el acceso de otros grupos sociales a ciertos recursos, y por lo tanto resultar negativo. En este momento, por ejemplo, hay muchas organizaciones de carácter fundamentalista que desarrollan la lógica de las asociaciones no lucrativas, pero cuya finalidad es proteger privilegios.

 

 

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