MÁS ALLÁ DEL DILEMA NO GUBERNAMENTAL - NEO GUBERNAMENTAL

Entre sueños globales y condiciones
materiales: la otra cara de las ONG

Las ONG presentan un cuadro heterogéneo y manipulable. Sin embargo, no resulta menos cierto que éstas siguen proporcionando algunos de los alambiques con los que transformar la materia social bruta en un nuevo sujeto social con el que enfrentarse al «ogro filantrópico». La lista de movimientos y organizaciones que no callan para no otorgar irrumpe amplia y alentadora. Sin duda son signos de que hay vida inteligente y corazones que laten más allá del diario espejismo orwelliano.


José Beltrán Llavador


Un conocido pensador del siglo XX afirmaba en forma de aforismo que «el lenguaje acompaña al mundo». Algunas expresiones del lenguaje que sufren una recreación respecto de su forma original apuntan, cuanto menos, a derivas que no conviene pasar por alto. Es lo que sucede con la fórmula Organizaciones No Gubernamentales, que ha dado lugar —a través de una operación irónica a la vez que icónica— a su traducción como «Organizaciones Neo Gubernamentales». La apelación a la ironía constituye un buen antídoto contra el dogmatismo o, como en este caso particular, advierte de la conversión —más bien reconversión— de lo que comenzó como un proceso en un producto (capital social), de la cristalización de un movimiento en un monumento (empresa social).

En el breve espacio de estas páginas apenas cabe introducir algunos indicios, algunos interrogantes, de un debate que está cobrando cada vez mayor relevancia. Un buscador de Internet arroja miles de entradas si se le pide información sobre la voz Organización No Gubernamental. Pero también sorprende, aunque la cantidad sea menor, el número de entradas de la voz Organización Neo Gubernamental. Y a poco de pasar por algunas de las propuestas asociadas a esta voz, se confirma la intuición de que se refieren a las debilidades, insuficiencias o problemas de (id)entidad de las ONG. Lo cual conlleva una ventaja a la hora de las observaciones, pues nada más fácil que la crítica fácil. Pero nada más injusto, también, si la crítica se realiza ad hominem, pues acaba acusando, aun sin pretenderlo, a un buen número de personas que participan con la mejor voluntad, con lo mejor de sí, en causas nobles.

Cabe ir por partes. Al hablar de ONG se hace referencia a una de las traducciones de lo que dio en llamarse el «tercer sector», del que De Sousa Santos (1999: 59-60) ofrece la siguiente aproximación:

Es la definición, residual e imprecisa, con la que se intenta dar cuenta de un vastísimo conjunto de organizaciones sociales que se caracterizan por no ser ni estatales ni mercantiles, es decir, todas aquellas organizaciones sociales que, siendo privadas, no tienen fines lucrativos y que, aunque respondan a unos objetivos sociales, públicos o colectivos, no son estatales: cooperativas, mutuas, asociaciones no lucrativas, ONG, organizaciones casi-no gubernamentales, organizaciones de voluntarios, comunitarias o de base, etcétera.

Uno de los dilemas que destacan en este marco, en la resignificación de las ONG como ONeoG, es el papel que cubren ante el «vacío del Estado». O lo que es lo mismo, las dudas suscitadas se dirigen hacia la incierta legitimación que las ONG hacen de la delegación de responsabilidades sociales por parte de lo que se llamó «el Estado mínimo». Y en este sentido, surgen no pocas preguntas, entre ellas: ¿Las ONG han de ser instancias intermedias entre el Estado y el Mercado? ¿Han de cubrir estas organizaciones, como espacios intermedios, los agujeros rotos del Estado social? ¿Han de paliar los efectos del Mercado sobre el Estado, del secuestro de la política por parte de la economía? ¿Las casi-ONG han de atender a los requerimientos de los cuasimercados? ¿Los actores —sus mejores activos— de las ONG han de formar parte del capital social? ¿La misma noción de capital social no se puede entender como una reedición, con una expresión de nuevo cuño, de las viejas y tercas tesis del «capital humano»? ¿Cabe considerar que las ONG son o actúan como empresas sociales? ¿Hasta qué punto las formas de financiación invierten o subvierten los fines nobles de las ONG?

LA VIEJA DISYUNTIVA ENTRE FINES Y MEDIOS

Hace dos décadas no tenía demasiado sentido formular estas preguntas. Vale la pena hacer un pequeño esfuerzo de distancia para observar, en España y tras cinco años del cambio de milenio, la emergencia a partir de la década de los 80 de los nuevos movimientos sociales (feminismo, pacifismo, ecologismo, movimientos de base, voluntariado, organizaciones no gubernamentales, etc.). En un sugerente ensayo de hace algo más de diez años, Jorge Riechmann y Fernández Buey, poco sospechosos de ingenuos o conformistas, señalaban que uno de los grandes objetivos de estos nuevos movimientos consiste en «reconstruir los vínculos sociales sobre fundamentos de igualdad, libertad y solidaridad», esto es, «la construcción de una sociedad emancipadora». Y la principal base social, el segmento cuantitativa y cualitativamente más importante, que los sustenta la integra «una parte de las nuevas capas medias, especialmente aquellos segmentos que trabajan en profesiones de servicios sociales y culturales o en el sector público». Asimismo, y como dicen estos dos autores, «este sector de servicios no directamente implicado en la producción (educación, salud, trabajo social, arte y comunicación), existe en todas las sociedades industriales avanzadas y ha visto crecer su importancia con la construcción del Estado de Bienestar en la fase fordista del capitalismo».

Además, señalan Riechmann y Fernández Buey, que «los activos de este sector  actúan en cierta medida fuera del mercado y de su trunca racionalidad reducida al cálculo de costes-beneficios en términos monetarios: es plausible, por tanto, (y la investigación empírica lo demuestra) que sus intereses y valores diverjan marcadamente de los de otros grupos sociales».

¿Qué ha cambiado desde entonces? Un estudio reciente sintetiza muy bien la percepción que los propios sujetos participantes de diferentes acciones de voluntariado en la Comunidad Valenciana muestran acerca de las organizaciones a las que pertenecen:

En la mayor parte de los discursos recogidos —afirma el redactor principal—, aparece la idea de que la financiación pública reduce la independencia de las organizaciones receptoras. Independencia es un concepto difícil de aprehender y una meta elusiva, si no improbable, en un mundo de interdependencias múltiples. La libertad completa y absoluta es un sueño. Con todo, es fácil comprender que pueda haber más o menos independencia; también que puede haber situaciones en las que las constricciones, que son obligaciones y son impedimentos, limiten severamente la libertad de una organización o de un conjunto de ellas para, por ejemplo, fijarse sus propias metas y elegir sus medios más requeridos.

(Aliena, R. et al., 2004: 279).

Una vez más, aparece el viejo dilema —uno, pero central, entre muchos otros— que se dirime entre fines y medios. En relación con la reflexión inicial de este artículo acerca del lenguaje, y parafraseando el título de Austin, se trata de «cómo hacer cosas con sentido» y qué sentido hacer con qué cosas. A veces los juegos del lenguaje revelan que hay mucho en juego, más allá del propio lenguaje. Entre otras cosas: la industria de los sentimientos, el tráfico de volunta(rieda)des, el negocio del altruismo, la gestión de las libertades, el mercado de la solidaridad, los réditos de la cooperación.

En una entrevista reciente a Hans Magnus Enzensberger aparece la expresión Leviatán filantrópico para referirse a una economía social de mercado agónica, que quizá explique algunas cosas, no por sabidas menos necesarias de ser reiteradas: nada es gratis, y la deuda e(x)terna comienza a ser interna. No puede extrañar que los cooperantes busquen hacer de su actividad más que una mera condición, una profesión. ¿Acaso no se paga a algunos por pensar, convirtiendo también esta condición en un oficio? Mientras tanto, más vale enfrentarse a las propias contradicciones —si no superándolas, al menos disolviéndolas— antes que negar la realidad de su presencia a fuerza de medias verdades que acaban siendo mentiras totales (y ejemplos ni han faltado ni siguen faltando en el mundo). 

MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS

La crítica y el escepticismo han de mantenerse señalando el rostro bifronte de las ONG/OneoG, siempre que esta mirada no contribuya a la parálisis y al cinismo. Es cierto que las ONG ahora mismo presentan un cuadro policromo, diverso, heterogéneo, vulnerable, manipulable; que estas organizaciones se mueven en un campo minado por las incertidumbres, cercado por el mercado; que corren el riesgo de ser engullidas por la máquina, como en la escena goyesca donde Saturno devora a sus hijos. Pero no resulta menos cierto que siguen proporcionando algunos de los alambiques con los que transformar la materia social bruta —la miseria del mundo, por utilizar la expresión de Bourdieu— en la promesa de otra cosa —res publica— diferente: un nuevo sujeto social con el que enfrentarse al ogro filantrópico. Así, la suma de movimientos en la actualidad no es despreciable, y generó lo que se caracteriza como movimiento de movimientos: la respuesta alterglobalizadora. O lo que es lo mismo, aquello que ya sugería Henry Thoreau en Desobediencia civil: «Si la injusticia requiere de tu colaboración, rompe la ley. Sé una contrafricción para detener la máquina».

No es poca cosa: la transmutación de la contradicción en contrafricción. ¿Cabe hacer más? La lista de movimientos y ONG que no callan para no otorgar irrumpe amplia y alentadora. Junto a las que más suenan —AI, ATTAC, Oxfam, Médicos sin Fronteras, Vía Campesina, en réplica a las siglas BM, FMI, OMC, GATT, etcétera—, también operan y emergen constantemente iniciativas menores, pero relevantes y estimulantes. Signos de que hay vida inteligente y corazones latiendo más allá del espejismo orwelliano cotidiano.

Como ya  recordaba Kant en su Crítica, podría decirse que no hay ONG puras, como no hay revoluciones puras, como no hay una razón pura. Pero entre los rasgos que caracterizan a la razón —y a sus traducciones en el terreno material, vale decir, en el suelo social— está el del ejercicio de la autocrítica constante. Este ejercicio supone la mejor garantía para convertirla en condición de posibilidad del conocimiento y de la acción humana. Sin duda, la presencia de las ONG puede interpretarse como un conjunto de tentativas valiosas para dar respuesta a las preguntas centrales y siempre vigentes que había formulado el filósofo alemán en la esfera de la ética y de la praxis: ¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer?

El incorregible Cortázar publicó Vampiros multinacionales en 1975, un sabroso relato de denuncia y de apoyo al Tribunal Russell que llevaba intercaladas tiras cómicas como si se tratara en verdad de una historieta. Allí aparecía el siguiente fragmento:

Lo bueno de las utopías —dijo claramente una voz afrocubana que sonaba como un cascabel— es que son realizables. Hay que entrar a fajarse, compañero, del otro lado está el amanecer, y yo te planteo que…

De los lectores depende completar el espacio que los puntos suspensivos dejan abierto, como una invitación a proseguir tareas comunes en pos de un mundo un poco más habitable para todos, impulsado por tantas dosis de compasión como de rebeldía.

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Algunas referencias bibliográficas:

Aliena, Rafael et al.: El porvenir del altruismo. Análisis de discurso y propuesta de orientaciones para la acción voluntaria organizada en la Comunidad Valenciana. Valencia, Tirant lo Blanch, 2004.

Cortázar, Julio: Fantomas contra los vampiros multinacionales. Una utopía realizable narrada por Julio Cortázar. México, PEPSA, 1975.

De Sousa Santos, Boaventura: Reinventar la democracia. Reinventa el Estado. Madrid, Sequitur, 1999.

Díaz-Salazar (ed): Justicia global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre. Barcelona, Intermón-Oxfam, 2002.

Fernández Buey, Francisco: Guía para una globalización alternativa. Otro mundo es posible. Barcelona, Ediciones B, 2005.

Riechmann, Jorge y Fernández Buey, Francisco: Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales. Barcelona, Paidós, 1994.

El País (21 de enero de 2006: 29).