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Entrevista Teatro de los Manantiales
Nota: la
entrevista la fuimos contestando de un día para otro, entre Ximo
Flores, Ruth Atienza y Xavier Puchades, con una breve incursión
de Arturo Sánchez. No sé si ha quedado todo lo seria que, quizás,
debiera... pero bueno, hay algunas cosas que dejamos claras.
Por
manida que parezca la pregunta, ¿de dónde viene el nombre? ¿Cómo
habéis ido armando el grupo?
Ruth:
Manantiales comenzó en un localito muy pequeño situado en el Cabanyal
de Valencia, en el año 95. Lo del nombre tiene que ver con Grotowsky,
que en esa época nos gustaba. Él hablaba del «teatro de los manantiales»
como el teatro que explora el nacimiento del hecho teatral. Nos
apropiamos el término. Lo de Grotowski se nos pasó, pero lo cierto
es que estamos marcados por el nombre, en todos nuestros espacios,
y ya van tres, siempre tenemos goteras.
En principio, éramos solo dos personas,
Ximo Flores y yo, y después, de una manera natural, nos encontramos
en el camino con gente a la que fue interesando el proyecto. Además
llegó gente de otras disciplinas, como Martina, que venía de Bellas
Artes, o Xavi y Arturo, que escribían. Y otros colaboradores en
el terreno de la música o el vídeo. Cada persona introdujo nuevos
aires y aportaciones personales que han ido configurando lo que
hoy es el grupo. Éste empezó con una dirección y un planteamiento
muy claro desde el comienzo. Hay aspectos en los que hemos evolucionando,
pero la base era sólida desde el primer día.
Sois
muy contundentes en vuestro dossier de prensa: alternativos e independientes.
¿Qué consideráis que es una sala alternativa? (Es que sorprende
la rapidísima capacidad para institucionalizarse de cierta terminología...)
Xavi: El
fenómeno de las salas alternativas, iniciado a finales de los 80
y principios de los 90, es algo que se ha desarrollado a nivel estatal,
sobre todo, en Madrid y Barcelona. Aunque es cierto que existen
en muchas otras ciudades de España con salas de referencia obligada.
En Valencia, el proceso que se ha dado, sin embargo, es un tanto
peculiar. Si, en un principio, con salas como Atelier 24 (hoy Espai
Moma) o Sala Trapezi (hoy Carme) parecía que las salas alternativas
en Valencia iban a subirse al mismo carro que las de otras ciudades,
el hecho es que la cosa acabó dispersándose, diluyéndose en otros
proyectos de mayor o menor repercusión. A mediados de los 90, cuando
se abre el Carme, el Círculo o los Manantiales, aparece una nueva
remesa de salas de pequeño formato en Valencia. Excepto el Carme,
con una programación abierta a otros grupos en sus inicios, el resto
sólo programaba sus producciones propias, trabajando desde una idea
de investigación interna del grupo. En el caso de los Manantiales,
aunque había programado algunos trabajos de otras compañías valencianas
en sus anteriores salas, en la actual sede es donde hemos apostado
por conjugar la exhibición de nuestros proyectos con otros de grupos
más o menos afines. El objetivo es persistir en la idea del espacio
como ámbito de investigación, al tiempo que lugar de encuentro (no
solo de simple programación) con otros grupos, incluso de fuera
de Valencia. Por otro lado, es cierto que el término «alternativo»
ha perdido el sentido inicial que tuvo en sus inicios, como puede
haber pasado en otros ámbitos como la música. Con el término «independiente»
pasa, quizás, más de lo mismo. Tanto una como otra es una terminología
que te viene desde fuera, por estudiosos y, sobre todo, desde la
prensa. Cuando las utilizamos es para que nos medio ubiquen en el
sistema de producción teatral. Pero es como todo, cada sala alternativa
funciona de una manera diferente, tiene un equipo artístico y técnico
particular, unos objetivos distintos, etc.
Independientes. Intuimos por dónde
van los tiros en este tema; sin embargo dejáis bien claro que en
siete años no habéis recibido una sola subvención. Haciendo una
reducción un poco simple: ¿En qué consiste este independentismo
subvencionado que buscáis?
Ximo: Efectivamente,
es una reducción un poco simple. Por un lado, nos gustan algunos
de los valores que defendía el llamado Teatro Independiente de los
años 70, por eso empleamos en un momento el término «independiente»
en lugar de «alternativo», entendiendo por independencia mantener
un espíritu crítico con el poder, al margen de que te apoyen económicamente,
ya que el dinero no es de ellos, sino de los ciudadanos. Y creo
que en los últimos tiempos ha quedado demostrado que la ciudadanía
también puede cuestionar la política salvaje de nuestros gobernantes.
Habría que proclamar la máxima: «El perro debería morder la mano
que le da de comer». En principio, perseguimos un proyecto autogestionado,
y si recibimos algún tipo de ayuda, como ha ocurrido en alguna ocasión,
la aceptamos para mejorar, sobre todo, la infraestructura y funcionamiento
de la sala. Lo que nunca hemos hecho ni haremos es autocensurarnos.
Xavi: Que
quede claro que somos una asociación sin ánimo de lucro, aquí no
cobramos ni dios. Lo que hacemos, lo hacemos porque creemos que
es necesario.
«Teatro de los Manantiales es una
asociación cultural cuyo principal objetivo es dinamizar la creación
teatral independiente en Valencia». Hay una fina línea que separa
la mera agitación o reivindicación cultural de los proyectos reales
y serios de investigación artística. Por otro lado, de poco sirve
investigar con seriedad si al final los frutos obtenidos no se pueden
compartir, y para compartir no queda más remedio que agitar, aunque
solo sea para vencer la indiferencia con que se reciben las ideas
nuevas. ¿Cómo equilibráis los extremos de la balanza?
Ximo: Para
nosotros no son extremos de una balanza. La agitación o la provocación
de nuestras propuestas es la consecuencia de la lectura que hacemos
de lo que vemos. Y eso es el resultado de un trabajo artístico que
venimos realizando desde hace años. Por tanto llegamos a la conclusión
de que la agitación es una manera muy válida de transmitir unos
contenidos. Pero lo auténticamente necesario es hablar del contenido,
el discurso que se encierra en cada propuesta artística.
¿Cómo relacionáis el tipo de dramaturgia
que os gusta llevar a escena y lo que hemos hablado antes sobre
lo alternativo, la independencia, los objetivos sociales
y culturales de que habla vuestro dossier, etc.?
Ximo: Yo
creo que ha habido una evolución en el sentido de haber entrado
al teatro de un modo quizás convencional y, hasta cierto punto,
lógico: desde el texto dramático y de autores del XX ya clásicos
como Valle, Genet o Beckett. Después, con Acera derecha de
Rodrigo García, se marca un punto de inflexión importante, hacia
una dramaturgia de autores actuales. Para llegar a nuestros últimos
montajes, donde el texto dramático ya no es el motor del espectáculo,
sino que pasa a ocupar el mismo lugar que el resto de elementos.
Donde texto, acciones, espacio escénico, etc., se retroalimentan
constantemente. De ahí la importancia de introducir a los autores
que hoy trabajan junto a nosotros dentro del proceso creativo. Partimos
de ideas, conceptos que cada uno de nosotros desarrolla en el ámbito
que más conoce, para llegar finalmente al encuentro de todos ellos
en la puesta en escena. Estas ideas sirven de punto de partida,
muy generales, para ir introduciendo diferentes aspectos de la realidad
actual que verdaderamente nos preocupan y que, creemos, preocupan
también a nuestros espectadores. Por ejemplo, en Morir debería
ser tan simple como perder el equilibrio, el primer día de ensayo
coincidió con el 11-S; evidentemente, eso marcó el montaje desde
el principio. La idea general era hablar del nacimiento y la muerte,
y algunas de las cosas que se dejaban claras en este montaje eran
el nacimiento y la muerte de un nuevo orden mundial, y la sensación
de incertidumbre y perplejidad que esto generaba.
¿Qué lugar ocupa la figura de Rodrigo
García en la historia de Manantiales?
Ruth: Habíamos
acabado Fin de Partida, y a todos nos apetecía acercarnos
a un autor vivo que estuviera escribiendo ahora. Topamos con los
textos de Rodrigo, y nos gustó muchísimo Acera Derecha. A
punto de estrenarla conocimos el trabajo de La Carnicería y creo
que a todos nos impactó. A mí por lo menos me abrió nuevos puntos
de vista, una nueva manera de entender el teatro que sentí cercana.
Desde entonces supongo que nos ha influido, aunque, como siempre,
vamos a la búsqueda de un lenguaje propio.
Ximo: Rodrigo
no ha ocultado nunca cuáles son sus referentes artísticos, muy conocidos
en las artes plásticas y no tanto en el teatro. Su verdadera aportación
para nuestro trabajo es el conocimiento de esos referentes y su
aplicación teatral. Se ha hablado peyorativamente de «rodriguismo»
por parte de la crítica, pero es por falta de conocimiento de esa
misma crítica en relación a los citados referentes. Rodrigo ha ampliado
esa visión del teatro hacia las artes plásticas. La mayoría del
teatro que se hace hoy todavía parece anclado en una concepción
del arte y de la sociedad de hace siglos. El hecho de compartir
algunos referentes artísticos, como Paul MacCarthy o Bill Viola,
por citar solo dos de esos referentes, puede generar algunas coincidencias
formales, lo que no quiere decir que se utilicen con las mismas
intenciones.
¿Cuáles son las actividades y objetivos
de la Federació d’Espais Teatrals Independents, que fue premiada
por su labor en los Max de las artes escénicas en el 2002,
y a la que vosotros pertenecéis? ¿Realizáis algún tipo de
labor conjunta con las otras salas de Valencia que también pertenecen
a la FETI, la sala Círculo y Carme Teatre? ¿Y con alguna del resto
del Estado?
Xavi: En
relación con el problema de la inexistencia de salas de pequeños
formatos, alternativas o independientes, en el 2000 tratamos de
unirnos todas las de Valencia en una misma federación, con la intención
de hacer fuerza frente a la Administración: la FETI (Federación
de Espacios Teatrales Independientes). Lo único que recibimos, aparte
de un premio Max, que al menos sirvió para protestar en directo
por la tele, fue una ayuda para hacer el boletín NUS. La paradoja
era que podíamos anunciar y comentar en este medio nuestros proyectos,
proyectos que, sin embargo, seguían realizándose sin subvención
alguna. Teníamos dinero para una revista que, si no fuera por nuestro
empeño por hacer teatro, habría tenido las páginas en blanco. Por
otro lado, quizás por la diversidad estética de los proyectos de
cada sala y sus resultados, es difícil realizar una labor creativa
conjunta. De hecho, actualmente, los Manantiales ya no está dentro
de la FETI.
¿Qué autores y obras se pueden encontrar
en las repisas de vuestras estanterías con riesgo a ser reconocidos
como vuestros favoritos?
Xavi: Arturo
Sánchez Velasco, sin duda.
Arturo: Xavier
Puchades, por supuesto.
Ximo: Xavi
y Arturo, sin lugar a dudas. Y una edición apócrifa del Libro
Gordo de Petete.
¿Qué tipo de objetivos os marcáis
anualmente para que la sala siga viviendo? ¿Es consensuada por el
grupo la programación que ofrecéis, tanto para las producciones
propias como para las que no lo son?
Xavi: Los
objetivos son cada vez más ambiciosos, pero sin prisa. Siempre decimos
que nuestro proyecto es a largo plazo.
Ximo: La
esencia del proyecto es la creación artística propia del colectivo.
A partir de ahí, buscamos generar un entorno de artistas valencianos
afines a nuestras inquietudes, que puedan exhibir sus trabajos no
solo específicamente teatrales, sino también de otros ámbitos como
la danza. Nos gustaría ampliar, además, la programación con otro
tipo de disciplinas artísticas. Y, desde luego, a medio plazo, poder
dar cobertura a otras propuestas artísticas de fuera de Valencia.
Ruth: En
cuanto al tema de la programación, hay un par de personas dedicadas
en exclusivo a ello, y todos los miembros de Teatro de los Manantiales
compartimos su criterio de programación.
Ximo: Por
otro lado, hay que decir que no es tan fácil programar todo lo que
nos gustaría, por una cuestión principalmente económica. Estamos
intentando conseguir financiación para ello.
¿Tenéis previsto que el grupo crezca,
o por el contrario buscáis consolidaros como bloque creativo los
que formáis ahora Manantiales?
Xavi: Como
equipo, algunos de nosotros estamos juntos ya mucho tiempo, y en
nuestra evolución hemos ido enriqueciéndonos progresivamente con
la llegada de nuevos miembros y colaboradores esporádicos. Esto
se da de una forma natural, hay gente que llega y otra se va, y
ya está. De modo que nos consolidamos como bloque creativo
cada cierto tiempo. Es muy importante que, como un manantial (quizás
ese sea el significado profundo de nuestro nombre), el agua creativa
no se quede estancada y huela mal.
¿Cómo se gestiona una sala como
la vuestra? ¿Os dedicáis a tiempo completo al teatro? ¿Llega para
pagar las facturas?
Ruth: El
proyecto se gestiona entre todos, cada uno aporta el tiempo que
puede. Todos tenemos un trabajo aparte, la situación de cada uno
es muy diferente. Algunos nos dedicamos únicamente al teatro, y
otros tienen una profesión distinta. El proyecto cada vez exige
más, hay que echarle muchas horas, pero bueno... nos vamos apañando.
Ah, y las facturas se pagan todas, por supuesto.
No son pocas las representaciones
a las que hemos asistido con menos de diez personas en salas cuyo
aforo, obviamente, era muchísimo mayor. ¿Cómo vivís esta situación
en una ciudad donde mantener una programación regular, más que satisfacciones,
parece dar dolores de cabeza e interminables conversaciones con
los bancos?
Ximo: Quizás
la gente no va al teatro porque, realmente, no interesa lo que se
hace en él. Tenemos lo que nos merecemos. La culpa no está solo
en el espectador.
Xavi: Pensamos
que el aforo que ahora mismo manejamos es casi ideal para la demanda
teatral que realmente existe en esta ciudad. Pero no nos movemos
por intereses económicos, nuestro espacio genera una proximidad
con el espectador que está implícita en las necesidades receptivas
de nuestros trabajos. Es una forma mucho más real de acercar
el teatro a la gente. Por otro lado, teatros con aforo mucho mayor
suponen un mayor gasto y no asegura que vaya mucha más gente que
la que viene a nuestro teatro.
¿Cómo es vuestra relación con el
resto de la profesión de la ciudad y comunidad?
Ximo: Muy
buena.
Xavi: Estupenda.
Arturo: Yo
me llevo muy bien con vosotros.
¿Cómo valoráis la situación actual
del teatro en la Comunidad Valenciana? En la gala de entrega de
los premios de les Arts Escéniques de la Generalitat Valenciana
se hizo patente, aparte del malestar por el conflicto bélico, la
disconformidad de todos los sectores: actores, autores, empresas...,
con la gestión del organismo público; ¿residen en él todos los males
del teatro valenciano?
Todos: No,
no todos los males residen en la Administración. Pero no nos gustan
cosas como la Ciudad del Teatro; cómo se reparten las subvenciones;
lo que se programa habitualmente en los teatros públicos; sus criterios
de producción; el peinado de cierta señora; el jurado de los premios
de Teatres; el desfase histórico de sus espacios teatrales; la falta
de apoyo a la ESAD de Valencia; y, como espectadores, el que no
nos tengan al día de lo que se hace en el resto de España y Europa;
y otras cosas que todo el mundo sabe, excepto quienes deberían,
al parecer, saberlo y hacer algo.
Por otro lado, falta autocrítica en la profesión, los que
hacemos teatro deberíamos intentar, cada vez más, conectar con las
inquietudes reales de la sociedad. Y esto comprende todos los ámbitos
teatrales, tanto formales como de contenidos, como de modos de exhibición.
El teatro está cada vez más próximo a convertirse en una pieza de
museo.
En
dicha gala, Ximo Flores recibió el premio a la mejor dirección escénica
por Morir debería ser tan fácil como perder el equilibrio,
una de vuestras últimas producciones. ¿Cómo se viven y que significado
tienen los premios para Manantiales?
Xavi: Los
premios sirven para que te conozcan, si alguien lee la sección de
cultura de los periódicos; aunque lo que verdaderamente hace que
te conozcan es el trabajo bien hecho, el boca-oreja. Los
premios sirven para hinchar el currículum, como las críticas de
la prensa, y poco más.
Ximo: Estimulan
el ego un tiempo, los que antes no te saludaban ahora lo hacen,
y poco más.
Para acabar la entrevista, comentadnos
qué tenéis previsto ofrecernos en estos últimos meses de la temporada.
Para
este tercer trimestre hemos programado dos nuevos espectáculos:
el primero, Marea Baixa de la Companyia Amaranto, de Barcelona;
el segundo, la muestra de final de curso de la ESAD: Estem tan
bronzejats que fem una mica de fàstic, con textos de tres autores
valencianos: Patricia Pardo, Juli Disla y Alejandro Jornet. De alguna
forma, cada una de ellas abre nuevas direcciones en nuestro proyecto:
por un lado, tratar de programar creaciones de grupos y autores
de fuera de Valencia; por el otro, participar en la exhibición de
montajes realizados por escuelas de esta ciudad, al tiempo que continuar
nuestro apoyo a la nueva dramaturgia valenciana, como ocurre en
este caso. Además de estos dos montajes, hemos decidido iniciar
este año otra nueva línea de trabajo que hace tiempo perseguimos:
proponer cursos de cualquier aspecto relacionado con el teatro.
De momento, ofrecemos dos en julio a cargo de Rafa Linares y Ximo
Flores.
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