| |
Actriz
(monólogo de Jerónimo
Cornelles)
Hola… ¿Digo mi
nombre?… (…) !Ah!, claro, que no hace falta…(…) ¿Cómo?… ¡Ah, sí!
Soy el 214, ese es el número que me dio la chica de fuera… Me siento
como una res marcada…(…) Sí, claro, entiendo que de algún modo tendréis
que identificarnos… ¿Mis perfiles?, claro, este es el derecho y
este el izquierdo. ¡Uy! Perdón, creo que lo he dicho al revés… (…)
No, no soy graciosa, es que estoy un poco nerviosa… ¿Si quiero añadir
algo? Pues creo que sí… ¡Ah, que no tenéis tiempo… Sólo será
un momento, un minuto… Un momento donde me encantaría que el espíritu
de Susan Sarandon en Thelma y Louise me poseyera para mandarlos
a la mierda con mucha educación… (…) Sólo un momento para
decirles que soy una auténtica gilipollas por tragar y por callar
ante ustedes. Gilipollas por desear esa mierda de personaje que
nadie podrá hacer mejor que yo y que me dará el dinero suficiente
para poder resolver mi vida un par de meses, comprarme esos pantalones
estupendos, y poder hacer un curso de alguien, que con o sin nombre
para mi currículum, creo que es importante.
El momento de
la duda, de la cobardía y de la prostitución. El momento del silencio.
Lo sé, callo y
no digo nada. Callo. Ahora me iré sonriendo, y al llegar a casa
lloraré al recordar que estuve dos horas pensando qué me ponía y
cómo me maquillaba. Y estaré dos semanas mordiéndome las uñas convenciéndome
de que si no me cogen no importa, pensando, de vez en cuando, el
porqué de haber nacido con las tetas pequeñas mientras me emborracho
acompañada de un camarero, actor también, en la barra de un tugurio
donde no tengo que ir maquillada ni sonreír. Y le confesaré al camarero,
desde ese momento íntimo, que la próxima vez no pienso callarme.
Y que soy y seré actriz, y que por suerte o desgracia amo esta profesión.
Y aunque nunca deje de ser un número, nunca dejaré de amar este
tren que para mí es la interpretación.
Asumo mi edad,
mi peso, mi altura, mi opción sexual, mis preferencias sobre con
quién prefiero tomar un café. Me asumo a mí, entera, de arriba abajo.
Asumo no haber
tenido más papeles por no tener un apellido. Asumo que no soy “amiga
de” ni quiero serlo si eso significa tener que comerme una polla
que no me apetece comer. Asumo el exclusivismo, amiguismo y corporativismo.
Asumo castings cerrados en compañías abiertas. Asumo ayudas
económicas descomunales por causas políticas que ni entiendo ni
quiero entender, aunque asumo que a lo mejor, por una de esas ayudas,
yo también me comía una de esas pollas que nunca te apetece comer.
Asumo la impunidad que los críticos poseen a la hora de hablar y
escribir. Asumo la prepotencia de los provincianos que creen que
han conseguido éxito. Asumo la prostitución de algunos dirigentes
de salas o compañías para engordar sus bolsillos. Asumo esta profesión
“valenciana” cerrada, hermética, proteccionista de un grupo reducido
que creyéndose en la cima lo orientan todo para no perder esa posición,
ese supuesto privilegio de ombligo del mundo. Asumo la pregunta
“hola, qué tal, ¿estás haciendo algo ahora?”. Asumo que mi amigo
de hoy tal vez sea mi enemigo mañana. O lo asumo, o me bajo de este
tren y me subo a otro.
Asumo que estoy
aquí. Vendida, cansada. Asumo el trabajo y el esfuerzo porque creo
que tal vez, algún día, todas estas mierdas dejen de pasar e incluso
es posible que asumamos que ya no tenemos que asumir más estas cosas
y entre todos, o yo sola, no me importa, abramos las ventanas. Asumo
el verde, que es el color de la esperanza, y asumo que seguramente
viaje sola en un tren verde durante toda la vida ya que nunca pienso
largarme… Asumo sonreír ya que lo prefiero a llorar. Asumo que esta
es mi vida porque no sé vivir sin ello, y no quiero vivir sin ello.
Asumo la vida y asumo vivirla. Asumo que antes que ser actriz soy
persona. Asumo que hoy he sido el 214 y que mañana si tengo suerte
haré otro casting. O lo asumo, o me bajo de este tren y me
subo a otro.
|
|