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santiago parres
por rubén a. arribas


Bueno, por fin publicaste, esta pregunta, por tópica y recurrente no debe dejar de hacerse ante este tipo de acontecimientos: ¿y...?

Mi familia y mis amistades se han alegrado mucho. Creo que hasta se sienten orgullosos.

No publicas en solitario, sino que tres de tus relatos, que ya fueron premiados, aparecen junto con los de otros escritores en una editorial valenciana nueva, Tempus. ¿Qué expectativas tienes depositadas en este primer paso? ¿El número de ejemplares editados y los canales de distribución permitirán llegar?

La experiencia que tiene esta editorial es que las librerías no ayudan mucho a los pequeños. El que quiera un libro de esta editorial, como de tantas otras que no pueden competir con las reinas del marketing, ha de mirar por las estanterías hasta el rincón más escondido.

Los relatos editados son algo antiguos, ¿ves la posibilidad de editar parte del material que has estado escribiendo más recientemente?

Los relatos los escribí hace unos cinco años y no los he retocado para la ocasión, aunque no me faltaron ganas. Yo habría elegido otros que a lo mejor no están premiados y considero mejores, pero fue selección del editor. La posibilidad de seguir editando siempre existe, pero no conozco los planes de esta editorial y tampoco voy a buscar otras. Con el tiempo he perdido la motivación.

De tus compañeros de publicación, ¿hay alguno que te guste especialmente y al que creas que hay que seguirle los pasos, por si acaso?

Los seis autores hemos cosechado algún premio, detalle que no tendría que ser significativo, porque existen escritores no premiados que ya deberían figurar en las librerías, y así de paso nos librábamos de otros que tienen carta blanca para publicar todo lo que escriben, sin ningún criterio selectivo. Si acaso, me quedo con los dos que ganaron el concurso que ayudé a convocar por internet. Otros que se quedaron a las puertas se podrían haber publicado perfectamente.

Aparte de las ínfulas y sueños que cada cual se hace alrededor de un tema tan poliédrico como es la literatura y aún más la cuestión de editar, tú que eres un avezado concursante literario y que has llamado a puertas de editoriales mil, ¿cómo ves el espinoso asunto de publicar en un mercado como el español?

Es cierto que fui concursante durante más de un año, pero no he llamado a tantas editoriales, y nunca he conocido al jurado antes de la obtención del premio. Dejé de concursar cuando hice balance de gastos, recompensas, y recopilé bastante información acerca de los tejemanejes de las entidades convocantes y de los sorprendidos premiados. Toda una indecencia y un desprecio para los pobres concursantes que siguen intentándolo con ilusión y mucho esfuerzo.

El escritor: bohemio, romántico, hiperrealista, surreal como la vida misma, comercial... ¿Te atreves a contestar la pregunta de si eres escritor y a qué especie perteneces, o la dejamos para interminable discusión de café literario, si es que en nuestra ciudad hay alguno?

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que soy un inventor. Invento versos, palabras, músicas que se desvanecen sin llegar a ningún sitio. Lo de las especies y poses no me interesa. He intentado narrar con distintos estilos, dependiendo del estado de ánimo y de lo que quiera transmitir. Y soy cuentista desde que tengo entendimiento. La palabra «escritor» ha perdido bastante del prestigio que tenía, ahora que cualquiera puede escribir o poner el rostro por lo que ha escrito otro. El mercado marca las pautas acerca de lo que tenemos que leer, como los 40 principales de las letras.

Oye, entre nosotros, que le echamos bastantes horas a esto de escribir y que a veces incluso nos provoca cara de preocupación... ¿sirve de algo si aparentemente no se va a ninguna parte, si no se publica y se llega de manera más o menos masiva a un público que pudiera estar interesado?

A mí me ha servido por el mero placer de sentirme creador, construir algo desde la base hasta el tejado y sin ayuda. Con las propias creaciones entiendes mejor las de los demás, y así de paso desmitificas y se te derrumban los ídolos si los tuvieras. Crear es uno de los mayores placeres que se puede sentir. No voy a decir que sea el primero, ni el segundo. O sí, no sé.

¿Cuánto tiempo llevas escribiendo? ¿Cuántas novelas no llegaron a ningún lado? ¿Tiraste ya los poemas a la basura? ¿Te quedan aún relatos que juntar e intentar en una de estas seguir publicando?

Empecé en 1995, y en ese momento fue un arma para combatir el tedio del desempleo. Siempre había deseado escribir, pero nunca encontré autoconfianza o ganas para recorrer una distancia larga. En cuanto me puse a ello me embarqué en dos novelas que ya procuraré que nadie lea, tengo más de cien relatos y puede que mil poesías, muchas de ellas en forma de soneto. Podría hacer una selección para intentar editar, pero, como ya te he dicho, se me han ido las ganas de llamar a más puertas. Prefiero esperar a que venga a mí la montaña.

Y encontrar trabajo en temas aledaños a la escritura, aunque sea para ir matando el gusanillo y llegar a final de mes, ¿dan trabajo las editoriales? Acá puedes poner un enlace a tu currículum (teína te ayuda a buscar trabajo).

Las editoriales dan trabajo, otra cosa es que sepan darlo. Recordarás que te conté hace poco que dejé a medias un libro de Conan Doyle que salía a una media de quince o veinte faltas por página. Resultaba doloroso a la vista y al sentido común.

La navegación digital no tiene ya secretos para ti, pues llevas bastante tiempo conectado (gracias a ella nos conocimos cuando yo vivía lejos de esta ciudad). ¿Cuál es el balance que haces de este fenómeno paranormal que es la red de redes en relación a tus intereses literarios?

Hoy por hoy lo considero indispensable por la gran cantidad de información gratuita que ofrece, información de cualquier índole. Para mí es una herramienta, pero cada cual tiene lo que busca, y eso en principio es mejor que la ausencia de Internet. Se puede sacar mucho provecho o también perder un tiempo precioso.

¿Se puede leer buena literatura en Internet? (Y no me refiero a la posibilidad de encontrar textos clásicos, sino a posibles hallazgos de escritores, incluso amateurs, que le puedan interesar a uno).

Aparte de los clásicos, que los hay y cada vez más, en Internet se encuentran los extremos en cuanto a calidad. Y con tanta saturación se va haciendo más difícil buscar, ese es el problema. En un mismo espacio digital puedes ver a verdaderos artistas y a poetas que todavía piensan que la mujer es comparable con una flor. Pero esta gran red nos da la oportunidad de encontrar a verdaderos escritores con talento, a los que tal vez nunca leeremos en otro lugar más convencional.

Sé que preferirías una publicación en formato papel a esta que actualmente desarrollamos en versión digital. Aun así, ¿qué se te ocurre que nos puede dar esta manera de no aburrirnos tan moderna en su formato?

Lo primero que se me ocurre es una difusión instantánea allá a donde quieras llegar. Respuestas inmediatas también, si es que las hubiera. Se economizan medios y se gana en velocidad, pero la pantalla cansa y es menos manejable que el papel. ¿Puedo decir ya lo del proyecto Teína en papel?

Pongámonos otra vez clásicos en el tema de las preguntas: autores de cabecera, ¿quiénes son y por qué? ¿Podrías contarnos un poco de ese affaire que tuviste con el maestro (así le llamas tú en mi presencia) Arrabal?

No tengo autores de cabecera. Si leo un libro y me apasiona, dejo pasar mucho tiempo antes de leerme otra obra del mismo autor. Lo hice en el pasado y no podía evitar ver repeticiones que me distraían de la trama. Bueno, a veces me he atrevido a recomendar a Maupassant, y me consta que no me habéis hecho puto caso. Más que en los autores, confío en determinadas obras. Siendo muy joven me impactó Las mil y una noches, y creo que fue a partir de ahí cuando pasé de los cuentos ilustrados a los libros para adultos. Al maestro Fernando Arrabal le envié algo de mi creación hace unos tres años. En seguida me envió un libro suyo y otras cosillas dedicadas de su puño. Poco después me hizo llegar por medio de su editorial un libro que acababa de editar. Esto y sus críticas me animó bastante. Lo que hizo Arrabal al responderme y obsequiarme, a mí que no soy nadie, demuestra su grandeza.

Valencia: ¿qué tenemos por aquí para ofrecer al paseante autóctono, al japonés pro-Gaudí intrigado por lo que se cuece en estos pagos, al turista ocasional, etcétera y etcétera?

Esta siempre ha sido tierra de artistas. La familia que no tiene un artista es que es extraterrestre. Y el que aquí no se divierte, ya sea buscando arte, jolgorio o inflándose a paella, es que tiene algún problema serio. Lo que están terminando en el viejo cauce del Turia no tiene precedentes: ópera, oceanográfico, exposiciones... Ahora falta que dejemos de ser una de las ciudades más ruidosas del mundo. Y que no cierren los bares tan pronto.

De entre los géneros literarios practicados (natación, esgrima, windsurf y esquí de fondo, entre otros), ¿dónde crees tú que vas encontrar al final un huequecito para ir tirando (sin llegar a plantearnos lo de vivir del cuento, nunca mejor dicho) y publicando de higos a brevas, más para satisfacción personal (opciones como aspirar al Cervantes, al Adonais, etc., también serán consideradas como legítimas) que por demanda de un público enfervorecido y que se mesa los cabellos si no tienen algo tuyo que leer?

Muy de vez en cuando escribo algo que os envío a la pequeña masa que me gritáis desde la barrera policial que queréis un hijo mío. No tengo más pretensión literaria hoy por hoy, me he cansado. Si me fuerzas a elegir de todos modos, relato y poesía están bastante acordes con el tiempo que me dura el entusiasmo por las nuevas ideas.

Barra libre: invitado quedas a decir cuanta cosa se te pase por las mientes y que me haya dejado en el tintero, mezclado con la ropa de color oscuro u olvidado en el horno.

Yo no quería entrevista.

marzo de 2003