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anahí lazzaroni - poemas



Del diario de una convaleciente

Cada minuto
ganado a la vida
me
desborda.
 
[Dibujos, 1988]
 

Escuchando a las visitas (conclusión)
Nadie aprende
a desistir de su locura
en el lento
atardecer del mundo.

[Dibujos, 1988]
 

Vida
Te derramas sobre mí como una lluvia torrencial,
me agobias,
me agotas.
Enloqueces mi paciencia
con esos fulgores de la suerte.
Ahora carezco del orgullo necesario
como para vivir a tus espaldas.

[El poema se va sin saludarnos, 1996]

 
Meditaciones de fin de siglo
La luz morada del otoño,
un ave que grazna mientras sobrevuela el agua.
No siempre la naturaleza reconforta,
y el mundo
posee habilidades:
nos alimenta
o
nos despoja.

[El poema se va sin saludarnos, 1996]
 

¿Para qué publicar?
El poeta envía su material
con el sigilo de un conspirador.
Quien lo recibe
también sabe:
la poesía
rueda por el suelo,
cruje como las hojas secas.

[Bonus Track, 1999]
 

Tribulaciones de alguien que escribe  (dos)
No puedo escribir a la buena de Dios
como hacen otros poetas.
Escribo esperando que la poesía
me agobie
o me acorrale.
Dejo que la mano trace ese mapa luminoso
cuando ya no hay salida,
aunque eso signifique caer en la morosidad
y no tener nunca
una provisión de textos nuevos
para arrojar al mundo despiadado.
Hoy llovió toda la santísima tarde
pero el día ha sido claro.

[Inédito]
 

En el fin del mundo
Hoy nadie se detiene
a mirar la lluvia.
Escribir cartas
es huir de la ciudad

[Bonus Track, 1999]
 

Lo dicen por ahí

Te atraen las ciudades en decadencia,
los hoteles ruinosos, la gente loca y amable
sucumbiendo a sus propios designios.
Aquellos pájaros gordos
quietos sobre la última nieve.
La música secreta tocada en un piano
por alguien que durmió en Calcuta.
El cielo lleno de nubes de esta comarca perdida.
El andar afelpado del leopardo.
Los conocimientos inútiles.
La luz que trastoca a los soñadores.
Las preguntas infinitas saliendo de su cauce
como ríos alucinados.
La posibilidad de escribir.
Mirar el aleteo de una mosca
sin que el tiempo importe demasiado.
Dicen que es cierto.

[Inédito]
 

Anotaciones sobre la ciudad (dos)
Alguien tiene que sentarse a mirar lo que sucede
en esta ciudad presumida.
El poder ciego permite el avance de estatuas desgraciadas.
Los pájaros regresan del invierno como hatos de luz.
El décimo día de noviembre
gauchos amanecidos fuera de las pampas
hacen retumbar galopes por los suburbios.
En menos de lo que canta el gallo
la codicia que habita las fronteras
produce una traición.
Y ya se aguarda a los viajeros de todos los veranos
que llegan atravesando los cielos o el mar.
Como un río la vida sigue su propio curso.
Nieva en primavera.

[Inédito]
 

En la casa del Tigre
Cuentan grandes penas, amoríos trágicos
e historias de madres posesivas hilando la tarde.
Despliegan el dolor como si fuera un mantel
y beben alegres las copas del olvido.
Una embarcación en ruinas
navega el río de la noche,
dicen que en ella viajan
el rey mendigo y su guardia de sonámbulos.
A mediados del siglo
en una ciudad mal llamada Buenos Aires,
repiten, un niño levantaba apuestas de caballos
a espaldas de sus inmaculados padres
y más lejos otro niño loco
se inventaba solitario la llanura.
Murmuran trozos de vida
ya cubiertos por el polvo
o casi.

[Bonus Track, 1999]
 

Vaticinio
En la hora última
de la noche destemplada
verás al ángel
preparar tu hoguera.

[El poema se va sin saludarnos, 1996]