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Editorial
Con
mucho más retraso del que nos hubiera gustado aparece nuestro segundo
número. Fueron muchas las cosas que nos pasaron y no pocos los obstáculos
que hemos ido superando desde que se nos ocurrió engendrar teína;
entre ellos, por ejemplo, la proverbial pereza de que hacemos gala
y la necesaria tendencia a diluirnos en otros intereses, de vez
en cuando, por culpa de esas otras obligaciones que nos ayudan a
pagar al casero, a la compañía eléctrica, a la compañía del gas
y a nuestra compañía, que peregrina por los bares de la ciudad
y parte del extranjero los fines de semana y fiestas de guardar.
Nunca sospechamos que editar una revista nos iba a costar tanto,
cierto; pero estuvo bien aprenderlo. Hemos hecho propósito de enmienda
y confiamos en que la experiencia acumulada en el último año nos
ayude a reconducir nuestra irregularidad y que logremos, al fin,
colocar género fresco en el mostrador con una frecuencia menos digna
del paciente y santo Job. Lo vamos a intentar; veremos a qué altura
se hallan las circunstancias y si podemos estar con ellas y tutearlas...
o si el próximo número de teína habremos de preverlo a modo
de plan quinquenal. En cualquier caso, prometemos que no pertenecerá
al catálogo de deseos imposibles.
Desde
este editorial nos gustaría agradecer su lectura a quienes guardaron
un poco de su tiempo y nos lo dedicaron leyendo el primer número;
algunos cometieron incluso la osadía de escribirnos y contárnoslo,
cuando no la desfachatez de decírnoslo en plena calle, sin tener
en cuenta el riesgo que eso implica para la verticalidad de seres
delicados y fácilmente perturbables por ese tipo de emociones como
somos nosotros. Para ellos va este segundo número. Gracias.
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