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JAVIER SÁDABA, CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL DE LA UAM

«El relativismo no solo es la negación de la moral, sino de entendernos a nosotros mismos»

Es necesario -afirma el teórico- contar con valores universales. No es la sinrazón la que debe imperar como resultado tras el fracaso de los ideales de la razón ilustrada. Apunta a la importancia de los sentimientos racionales en contraposición con las meras reacciones emocionales. Y se muestra preocupado por el fenómeno del fundamentalismo del dinero, el que todos niegan pero al que la mayoría pertenece.


Por Juan Pablo Palladino (juanpabloteina@yahoo.es)

Hay un tipo de nihilismo, dice el catedrático español en Filosofía Moral Javier Sádaba, que «no tiene nada de malo». Y es que, a su juicio, únicamente sobre la base de comprender que de la nada se viene y a la nada se va, el ser humano «podrá aspirar a algo de importancia».

Sin embargo, Sádaba deja muy claro la necesidad de lograr el establecimiento de unos valores universales que rijan para todo el mundo, so pena de caer en el relativismo, aquella postura donde toda actitud moral y cultural es igualmente válida. Aquel, señala, lejos de apuntalar la coexistencia de concepciones diferentes, «niega la moral» y la posibilidad de «entendernos a nosotros mismos». Así, por más difícil que resulte establecer esos parámetros intersubjetivos y, sobre todo, practicarlos, Sádaba no tiene duda de su existencia.

Una de las observaciones que realiza en esta entrevista con teína resulta incluso embelesadora: de todos los fundamentalismos que se puedan identificar en el mundo actual, no debe perderse de vista bajo ninguna circunstancia el del dinero, muy común en las sociedades contemporáneas donde el parámetro económico resulta «incuestionable» y tiene un poder «tremendo».

Sádaba es catedrático de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y conocido autor de libros en esta materia. Saber vivir (un éxito editorial hace 20 años), El hombre espiritual o La filosofía contada con sencillez, son algunos de sus libros. Resaltan además, entre sus trabajos, los escritos dedicados a la bioética, al filósofo Wittgenstein y la filosofía de la religión.

COMPORTAMIENTOS RELIGIOSOS

La creencia en mitos parece ser una práctica tan antigua como la humanidad misma. ¿Esto responde a una necesidad del hombre de encontrarle respuesta a sus planteos existenciales?

El mito es consustancial al hombre. Lo que no es consustancial es que lo tome como algo verdadero. Precisamente la conciencia ilustrada consiste en tomar las ilusiones de manera simbólica. Más aún, en el mito, en su sentido peyorativo, se pasa rápidamente a la respuesta sin pararse en la pregunta. El pensamiento racional consiste en todo lo contrario.

¿De qué forma se da la relación entre la religión y la moral de un colectivo humano?

Hay dos tipos de relaciones. Una es la histórica y otra es la de la justificación o fundamentación. Históricamente, la ética ha ido evolucionando desde la religión. Pero actualmente tenemos razones suficientes para defender una ética autónoma que se basa en sí misma y que no tiene por qué fundamentarse en la religión.

Es decir, que es posible concebir un esquema moral completamente alejado de las concepciones teológicas, aun cuando el hombre siente la necesidad de volcar su fe en cuestiones metafísicas...

Por supuesto que sí. Además, entre una seguridad ficticia y una humanidad con incertidumbre, opto naturalmente por lo segundo. En el mundo contemporáneo de la globalización cohabitan (respetuosa o irrespetuosamente) diversas creencias o cultos y un gran porcentaje de escepticismo religioso.

Con la Modernidad occidental, lo religioso perdió peso en cuanto a los asuntos públicos, pasando a predominar su práctica en el ámbito privado... ¿De qué manera afectó este cambio a la estructura moral de la sociedad?

Es verdad que la religión ha sido desplazada a lo privado. Pero la sociedad continúa envuelta en mucho de lo que la religión ha aportado. De ahí un cierto cinismo en el laicismo oficial. En cualquier caso, creo que se va delineando una clara actitud que reduce la sociedad a sus aspectos estrictamente empíricos y racionales.

La religión, en un sentido muy amplio, va a estar presente siempre en el ser humano: mientras tengamos conciencia de muerte nos haremos preguntas religiosas. Pero cuando digo que hay un cinismo es en ese laicismo que sin ser consciente de ello sin embargo sigue teniendo muchos prejuicios que son heredados de la religión. El que en su manifestación explícita dice que es agnóstico o ateo, después su comportamiento es como en una iglesia. Los partidos políticos son como iglesias y funcionan con adhesiones típicamente teológicas aunque eso parece ser cinismo, hipocresía, puesto que no van de religiosos y, sin embargo, sí incorporan gran parte de lo que es la tradición eclesial religiosa.

¿Considera que ha fracasado el proyecto ilustrado de fundar una moral basada puramente en la razón?

Creo que en buena parte los ideales de la Ilustración han fracasado. Las causas son tantas que no me atrevo a citar ninguna. En cualquier caso el repuesto a la razón no es la sinrazón, sino la capacidad para hacer funcionar las razones en cada uno de los juegos de lenguaje o formas de vida, que decía Wittgenstein.

¿Podría especificar esto último?

Yo le tengo mucha estima a Wittgenstein y le cito con mucha frecuencia. Cuando hablo de juegos de lenguaje no estoy refiriéndome a ningún tipo de relativismo, sino más bien a que cada uno debe ver en su situación, es la perspectiva de su situación la que le debe hacer saber cuál es su aportación a los aspectos de humanidad universales. Es decir, conocer bien la situación en la que se encuentra, el momento histórico, ser capaz de vivir la historia que a uno le ha tocado en suerte; en ese sentido hablo de juegos de lenguaje. Por otra parte no hay que confundir: no es lo mismo la certeza que uno tiene en matemática, que es total, con la certeza que uno tiene en otros campos, como por ejemplo en la moral, donde nunca vamos a tener una certeza absoluta. Hay que saber distinguir los distintos mundos de conocimiento en los que nos movemos, porque si se confunden nos equivocamos: uno no puede imponer una moral como se impone una ley física, que tiene su juego de lenguaje. La moral tiene el suyo, la matemática el suyo, el arte el suyo...

Una da las causas por las que se acusa al Proyecto Ilustrado es por haber intentado fundar una moral sobre bases netamente racionales ¿Cree que la dimensión moral puede mantenerse completamente aislada de lo sentimental?

No, todo lo contrario. Además, últimamente estoy muy interesado en ello, porque precisamente lo que nos están poniendo de manifiesto las neurociencias es la importancia capital de los sentimientos. Acá hay una distinción importantísima: una cosa son las meras emociones y otras los sentimientos. Los sentimientos y, concretamente, lo sentimientos morales son básicos en cualquier moralidad y creo que ese fue un efecto de la Ilustración, el haber cortado, el haber eliminado en buena parte los sentimientos de la racionalidad; en último término, los grandes sentimientos de indignación ante la injusticia o de solidaridad con los otros son fundantes en todo en la moral. Y creo que el fracaso, y no de la Ilustración, sino probablemente de la humanidad desde el Neolítico hasta nuestros días, es que hemos progresado mucho en racionalidad simbólico-tecnológica y muy poco en sentimientos morales. Estos, y no las puras reacciones emotivas, son esenciales.

Precisamente, ¿no nos encontramos en un mundo donde lo emocional (las reacciones emocionales) guía por encima de cualquier riesgo las conductas individuales?

Claro, por eso la pura emoción no sirve. La pura emoción está todavía en un nivel muy animal, muy primario. Todo el tipo de sensacionalismo que tenemos es algo que queda en la zona más primitiva nuestra. Las emociones no podemos cambiarlas ni moldearlas, mientras que los sentimientos se pueden educar, desarrollar. A veces las emociones disimulan el no hacer nada, son los grandes gestos, los grandes aspavientos. Mientras que lo importante es la educación y la modificación de los sentimientos.

¿Qué papel cree que ocupan hoy en día las religiones como inculcadoras de parámetros morales?

Habría que especificar qué tipo de religiones. Repito que ninguna tiene por qué fundamentar la moral. Algunas, y es el caso de las orientales y más concretamente las budistas, pueden ser una excelente ayuda para que evitemos el dogmatismo, desarrollemos los sentimientos morales y relativicemos nuestros esquemas eurocentristas.

¿Se debe concebir a las sociedades premodernas como más estables moralmente?

Por supuesto que las sociedades premodernas, por cerradas y poco ilustradas, podían ser mucho más estables. La modernidad trae consigo el cuestionamiento continuo, el movimiento y la duda. Esto último quizá traiga más angustia. Pero al mismo tiempo otorgará una felicidad más humana.

 

DERECHOS HUMANOS Y VALORES COMUNES

Autores como MacIntyre advierten que los Derechos Humanos constituyen el intento del ideal moderno de brindar parámetros objetivos e impersonales a los juicios valorativos, pero que en realidad no lo logran ¿Qué opina al respecto?

Admiro en muchas cosas a MacIntyre pero estoy completamente en desacuerdo con él en este punto. Los derechos humanos, que son derechos que nos hemos ido dando los sujetos a lo largo de la historia, son un logro incuestionable. Se les puede dar cierta fundamentación aunque esto sea muy difícil. Y sobre todo lo que hay que hacer es aplicarlos.

¿Hasta qué punto es posible construir un tejido de valores compartidos, que ayude a superar las diferencias en materia moral? ¿Se puede concebir una moral de carácter universal, o esta solo puede existir a nivel de comunidades locales?

Sagan y Küng han intentado buscar un mínimo común que funcionara como núcleo en una humanidad globalizada y plural. Me parece que es una buena idea y ojalá dé algún fruto. Por mi parte, sin embargo, creo que lo decisivo es conseguir unos valores universales que sirvan para todo el mundo. Lo demás es relativismo, que es la negación de la moral. Otra cosa es que las costumbres sean muy diversas y haya que respetarlas.

¿Y por dónde cree usted que deberían pasar tales valores?

En los valores universales hay que distinguir dos cosas: una es el aspecto estrictamente formal y la otra de contenidos. Cuando digo formal quiero decir que en último término reconocemos o respetamos que todos valemos igual, es decir, que cada uno es un miembro más de la humanidad. Eso es fundamental, es el aspecto formal porque no estoy diciendo cómo tenemos que actuar en un momento concreto sino cómo tenemos que entendernos, la autocomprensión como iguales todos; ese es el primer valor universal, el supuesto de cualquier valor. Después, en términos de contenido, debería desarrollarse mucho más el concepto clásico de solidaridad, de saber estar con los otros. La resistencia sería otro valor concreto ante la mentira organizada. Otro muy importante es recuperar la cultura plena, huir de la ignorancia, hacer que todo el mundo pueda conocer la cantidad de cosas que siguen siendo secretas o dónde sigue estando manipulada la información.

¿Puede atribuirse el surgimiento de fundamentalismos religiosos a una necesidad de cubrir una suerte de vacío moral, de desconcierto y debilitamiento de valores intersubjetivos?

Creo que los fundamentalismos han estado presentes aunque latentes en la mayor parte de las religiones, y por supuesto en las monoteístas. Actualmente han surgido con fuerza no solo por el declive de la ortodoxia tradicional sino ayudadas por el fundamentalismo del dinero. Cuando se unen los dos (y si no, que se mire a EEUU), encontramos el modelo de lo que estoy diciendo. Tenemos un ejemplo claro, yo no quiero ser demagógico en eso, pero por ejemplo en los últimos días hemos asistido a un fenómeno nuevo: la conjunción en Estados Unidos del fundamentalismo del dinero, en el sentido de que es un valor incuestionable, absoluto, y el fundamentalismo religioso que está detrás del neoconservadurismo norteamericano que es bien claro. El fundamentalismo en estos días puede ser distinto del que tuvo Alá cuando funda en el siglo VII el Islamismo o de ciertos fundamentalismos tribales o más primitivos. Pero a mí me parece que el fundamentalismo de nuestros días es peligroso porque muchos de los que creen no ser fundamentalistas lo son, eso es un autoengaño enormemente peligroso. Hay un fundamentalismo del dinero que me parece enormemente peligroso, en donde no hubo dioses, precisamente, el dinero que es muy abstracto pero que tiene un poder real tremendo.

El filósofo André Glucksman señala que el fantasma del nihilismo recorre el planeta, utilizando antiguas ideologías y religiones para llevar a cabo su plan destructor ¿Es este espíritu nihilista característico del mundo contemporáneo?

El nihilismo ya nos lo anunció Nietzsche. Lo que diga Glucksman no me interesa mucho. Pero hay un nihilismo que no tiene nada de malo. El ser humano sólo podrá aspirar a algo de importancia (incluido el misterio) si es consciente de que de la nada viene y a la nada va.

Frente al panorama mundial, al choque permanente que se produce en materia moral... ¿debemos pensar que la vida es un caos absoluto y que ningún parámetro intersubjetivo puede subsistir al relativismo moral?

No, en absoluto. Hay criterios intersubjetivos, por difícil que sea establecerlos y, por  supuesto, vivirlos. Como dije, el relativismo no solo es la negación de la moral sino de entendernos a nosotros mismos. La alternativa no es el caos, es la fuerza. Lo cual, evidentemente, hay que rechazar. Si el relativismo tuviera razón, entonces la solución sería la fuerza, porque dado que cualquier cosa es relativa en función a cualquiera, el que más fuerza tiene se va a imponer sobre la base de que es el que tiene la razón. Sería una actitud subjetiva y ahí siempre ganan los que más pueden, el poder. Mientras que frente a eso lo que está es que, por más difícil que sea dar la fundamentación de la moral o por muy respetuoso que haya que ser con las relatividades culturales, hay universales morales, como por ejemplo el de que todos valemos igual. El relativismo es el que lleva a la fuerza, a la fuerza desnuda, mientras que la moral es todo lo contrario.