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Mª
TERESA BEGUIRISTAIN, PROFESORA DE ESTÉTICA
El arte: mecanismo de denuncia...
mecanismo ético
Por L.L. y J.P.P.
lucioteina@yahoo.es
juanpabloteina@yahoo.es
No hay duda de que, como señala Maite Beguiristain,
«si el poder siempre quiso manipular el arte para su propaganda
es porque este es importante». Para la profesora de Estética en
la facultad de Filosofía de la Universidad de Valencia, el poder
ético del arte reside justamente en su condición de mecanismo
de denuncia, aunque aclara que no necesariamente su función
deba ser esa.
Si bien critica el aspecto light
de ciertos productos posmodernos, afirma que el arte hoy hace lo
que siempre: «hablarle al individuo de lo que es importante». Y
es que, para ella, «el arte siempre nos está enseñando a ver lo
que es el mundo».
Aunque mucho se dice al respecto, Beguiristain
niega que las sociedades contemporáneas carezcan de valores. De
hecho, afirma que se trata de los mismos de siempre, y achaca la
idea de esa suerte de vacío ético a la propaganda americana que,
con ello, busca vía libre para actuar según sus intereses.
¿Qué relación existe entre el campo
artístico y el moral?
Voy a contestarte como teórico de la estética.
En principio hay teóricos que siempre están trabajando una estética
ética, sobre todo desde el siglo XVIII, que es, me parece, muy legítima.
Ahora, desde luego no es la estética que hago yo, y no es la estética
que explica en general el mundo del arte. No todo el mundo del arte
está involucrado o necesita estar involucrado con el mundo político,
con el mundo ético, con el mundo comercial; son mundos que están
en contacto porque son afines pero que no son necesariamente el
mundo del arte o la teoría estética. En cuanto al artista como creador,
ni necesita estarlo ni pueden estar fuera de él. Es decir, como
artistas, ellos no necesitan estar involucrados en un proyecto ético,
político o económico; crean, muchas veces, independientemente de
lo que es moral o de lo que es amoral o de lo que es ético o no
ético. Incluso muchas veces utilizan la provocación en ese campo
como un revulsivo para hacer ver a la gente lo que ellos quieren
que se vea.
La ética no es tan falseable, pero la moral
sí. Y muchas veces se confunde ética y moral, y entonces se ataca
al artista desde un lugar no atacable, porque lo no moral puede
ser ético, es decir, es lo no moral para alguien.
Por ejemplo, para la mente americana puritana de este momento, un
desnudo es amoral, aunque sea ético para ellos es amoral, entonces
lo quitarán, lo censurarán... el juego de la ética es un juego muy
perverso y hay que tratarlo con mucho análisis y con mucho cuidado.
Cuando digo que (los artistas) no pueden estar fuera, lo digo sobre
todo desde las circunstancias en que estamos hablando, es decir,
el artista es un ser vivo que vive en una sociedad, y como individuo
social, desde luego está involucrado con todo lo que está sucediendo
en la sociedad que a él le impregna absolutamente. Entonces, el
arte es uno de los mecanismo de denuncia más poderosos y en ese
sentido es un mecanismo ético. Aunque uno no quiera está en esa
historia ética del momento, pero además puede quererlo.
¿Qué predomina hoy en día entre los
artistas?
En este momento se está volviendo al arte
denuncia por razones evidentes, porque la gente está muy preocupada.
Pero no estamos ni en el arte por el arte, que es un estar
en un mundo artístico que no tiene nada que ver con lo social o
con la vida ordinaria -no tenemos esa sensación de que los artistas
son genios como en otros momentos pasados en que se sostenían las
teorías del arte por el arte-, pero tampoco masivamente creo que
el arte sea de denuncia en el sentido en que lo era en el realismo
socialista o en el arte anarquista. Ahora, sí creo que cada vez
hay más arte de denuncia. Es arte de denuncia, aunque no de propaganda
como se entendía antes este arte, todo lo que se está haciendo ahora
desde la ecología, la denuncia de la destroza de la naturaleza.
Lo que están haciendo los arquitectos modernos que trabajan el edificio
como un elemento pasivo, no como un elemento construido, que esconden
las casas dentro de la naturaleza para no dañar la naturaleza. Es
arte comprometido muchos tipos de denuncia del arte feminista. Todas
estas formas están en la sociedad y, desde luego, como seres éticos.
Ahora, los mismos artistas que están produciendo ese tipo de cosas
producen objetos que no tienen nada que ver con aquello, lo hacen
por puro placer estético.
Es
decir, que el arte en mayor o menor medida siempre está reflejando
lo que está ocurriendo en un momento dado en la sociedad.
Cuando coges el mundo del arte, si coges
el de los artistas es distinto, pero si coges el mundo del arte
en general, creo que siempre. Es más, creo que prevé muchas cosas.
Si miras atentamente en la historia del arte qué han estado haciendo
los artistas y qué ha estado ocurriendo en la sociedad, el arte
prevé lo que está inminente en llegar.
LA
CULTURA DE LO EFIMERO
¿Cuál
es el quiebre que sufre el arte a partir de la posmodernidad, de
la caída de los grandes relatos de la modernidad?
Sobre todo lo efímero. Hay como un auge,
una gran influencia de lo que ha sido el arte povera, en
el uso de lo encontrado, en el uso de materiales pobres, en el uso
de temas en principio sin importancia, de lo pequeño, de lo cotidiano,
la mirada a la intimidad, a lo cotidiano, a lo efímero, porque lo
cotidiano es siempre muy efímero. Se está haciendo un arte para
hoy, no se está haciendo un arte para la eternidad. Eso es una consecuencia
del todo vale de la posmodernidad que ya no se sostiene pero
que ha dejado una especie de regusto como que no hay valores, que
es mentira. Hay también una vuelta a la figuración de una manera
distinta huyendo de la abstracción que ahora parece muy académica
y hay una cierta influencia de la deconstrucción de Derridá, la
gente está despedazando figuras y centrándose en trozos de cuerpos
humanos.
Hoy
se habla precisamente de la privatización de la moral, de eso de
que cada uno hace lo que quiere y de la falta de valores generales...
Eso
es pura propaganda estadounidense para permitirse a sí mismos hacer
lo que les da la gana. Porque la sociedad y la cultura está absolutamente
repleta de valores y además son los mismos valores que teníamos
antes. Y emitimos criterios, y los criterios son emisiones de valor,
continuamente. Pero la propaganda va por otro lado, y cuando cada
uno quiere hacer lo que le da la gana y justificarlo, primero emite
algo que parece una teoría, y como todo lo que viene de Estados
Unidos parece que sea la verdad, lo asumimos, pero es mentira. Lo
mismo que fue mentira y tuvo mucho auge en la posmodernidad y mucha
influencia en Estados Unidos. Muchos críticos de arte te decían:
a mí me gusta Velásquez igual que me gusta el helado de vainilla,
porque me gusta y no lo tengo que justificar. Bueno, esto les viene
muy bien, pero que les venga muy bien no quiere decir que tengan
las bases reales y unos fundamentos para esas teorías que en realidad
no son teorías, son pura propaganda. No es porque no haya ética
en el mundo que ellos están masacrando, no solamente seres humanos,
sino también monumentos artísticos y bibliotecas y, si no masacrando,
dejando que los masacren (la no acción a veces es una acción). En
cualquier caso, la falta de ética es de ellos. Es mentira que no
hay valores éticos, los hay desde siempre, no los hemos destruido.
Sí hemos destruido determinados conceptos universalistas que además
nos vienen del siglo XVIII como el sentido del Estado, de la Europa
unida... Sí lo hemos hecho con valores morales, pero las morales
son privadas, manipulables, los éticos no.
¿Y
es este papel de denuncia el que el arte debe desempeñar para defender
o consolidar los valores éticos?
Yo nunca diría lo que el arte tiene que
hacer, porque ese es el error de todos los críticos del pasado:
decir qué es lo que tiene que hacer el arte. El arte hace lo que
hace, porque el arte está compuesto de muchos señores que están
haciendo un montón de cosas, y ese resultado es lo que uno tiene
que analizar.
Y posicionándose usted hoy en papel
de crítica, ¿qué es lo que está haciendo el arte?
Está, por una parte, haciendo muchas más
cosas -que no están en primer plano- de las que parece. Es decir,
hay un cierto arte sumergido que está funcionando muy bien y que
hay que ir a buscarlo. Y se nos ha olvidado ya que hay que ir a
buscar el arte, porque los medios de comunicación y el uso que la
política hace a través de los medios de comunicación del arte nos
da la sensación de que el arte viene a nosotros. Eso es un arte
oficializado que es sólo parte del arte. El arte está haciendo ahora
lo que ha hecho siempre: hablarle al individuo de lo que es importante.
¿Podría
darnos algunos ejemplos de este tipo de arte?
Lo que les he dicho de las nuevas tendencias
del arte y la naturaleza, que han comenzado antes del asunto del
Prestige. Los del Andart fueron los primeros que hicieron
ver a la gente que eso existe y no es algo que está ahí para que
nosotros lo manipulemos, que estamos sobre él y que más vale que
lo cuidemos. Llevan muchos años anunciándonos cuál tiene que ser
nuestra actitud contra esa manipulación y cuál tiene que ser nuestra
posición en este mundo.
Lo mismo que en tiempos de las vanguardias
los artistas nos enseñaron a ver los colores, que no los veíamos
porque buscábamos una historia en los cuadros, y los colores eran
el relleno de las figuras. El arte siempre nos está enseñando a
ver lo que es el mundo, enseñando a ver lo que hay para ver, y después
a interpretarlo y no al revés, no ir a ver las cosas después de
una interpretación porque entonces es cuando viene el engaño, es
ahí cuando la propaganda tiene eficacia; cuando no ves lo que hay
para ver, que es lo que realmente te produce el criterio, sino cuando
miras aquello que te dicen que tienes que ver.
¿Qué
sucede cuando estos tipos de movimientos under son absorbidos
por el propio mercado? ¿Se anula su discurso?
Se anula su discurso, se convierten en
arte oficial y surgen otros. Siempre ha habido arte underground
y siempre existirá, porque hay mucha gente que está produciendo
y que no está en este mundo fosforito y de relumbrón de artista
oficial, en inauguraciones con muchos sombreros y mucho vino. Un
signo de la importancia que tiene el arte es el interés que ha tenido
el poder, lo mismo sea el político que el económico o el eclesiástico,
en manipularlo y en hacer uso de él para su propia propaganda. Si
eso lo hace el poder es porque es importante; si no, lo dejaría
de lado. Fijaos como no maneja en la misma medida la educación,
porque una sociedad educada no es proclive a obedecer, y entonces
no la sacan. Pero con el arte, si tu le enseñas a la sociedad como
se le está enseñando ahora a ver lo que quieren ellos que tú veas,
producen una sociedad obediente como la nuestra. El arte oficial
no produce conocimiento sino aceptación, aceptación de lo que los
demás piensan que es arte.
¿Y
se podría hacer algún cuestionamiento ético de esa manipulación
del arte?
¿La manipulación
es ética? Esa es la pregunta. No manipulan eso más que otras cosas,
pero qué es el poder sin manipulación. Si no manipulas no tienes
poder, es el signo del poder. Entonces lo que te cuestionas es el
poder en sí. ¿Se puede a estas alturas cuestionar el poder? No lo
sé, después de muchos siglos de iglesia católica no sé si se puede
cuestionar el poder. Creo que es un sine qua non, está ahí
y no parece destructible, cambiable sí, pero no destructible. Todos
sabemos la sensación de poder que te da saber que puedes manipular
algo. ¿Es ético?... lo dejo ahí porque no creo que tenga respuesta.
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