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«Consideremos a la ciudad como un ente relativamente inmóvil, como un escenario o suma de escenarios relativamente sólidos por donde circula lo líquido, lo móvil, la música»
Sebastián
Palladino (*)
Si entendemos así la ciudad, cómo podríamos ponernos de acuerdo para entender, por sí misma, esta materia que fluye y a la cual llamamos música. Diccionario: «Música: arte de combinar los sonidos para causar un efecto estético» «Música: Combinación de sonidos siguiendo las normas de la armonía, melodía y ritmo» Música: no es simple definirla. Como obra o actividad humana puede ser entendida de diversas maneras: desde el que la compone, el que la interpreta, el melómano que la escucha apasionadamente, el docente que también la ve como un trabajo, el que negocia y hace dinero por medio de la música, el que se identifica por medio de ésta y se reconoce miembro de un grupo, pueblo, ciudad, etc. Las acepciones son diversas y se combinan, pero convengamos en algo: la materia prima de la música es el sonido. Y qué dice el manual sobre el «sonido»: «sucesión de vibraciones que se producen en un medio adecuado (aire, agua, etc.), en el espacio (entre el punto en que se originan y el oído de quien las oye) y en el tiempo (el que tardan en recorrer esa distancia).» En el espacio... 1.- Todo este rodeo sobre la música y la ciudad no hace más que posibilitar cruces entre ambos términos y mostrar la diversidad del asunto. Pero pasemos ahora a datos más concretos. La música (¡ese sonido!) circula por la ciudad como así también lo hacen los distintos grupos humanos. Es por esto que a Musimundo, la mayor empresa que en Argentina se dedica a la comercialización de música envasada (CD, casete, etc.), le interesa estudiar (marketing de por medio) la circulación de los diferentes grupos sociales por los distintos espacios urbanos, con el fin de ofrecer variedad y cantidad de discos de determinados géneros musicales (y no tanto otros) según la zona en que sus locales se encuentren. Por ejemplo, en los locales ubicados en los barrios de Flores y Liniers -donde circula mayormente gente de sectores populares- existe una mayor cantidad de CDs del género cumbia; en los ubicados en el Unicenter Shopping y en Santa Fe y Callao (esquina bastante céntrica pero también accesible a barrios de dinero) podemos encontrar una sala especial dentro del local mismo donde se escucha, y dispone de música clásica; por otro lado, los locales de la zona más céntrica (los de la calle Florida) están bien provistos de tango y folclore, géneros aparentemente preferidos por los consumidores turistas. Es decir, todos los locales tienen un stock más o menos común, pero algunos se destacan del resto según los potenciales clientes que transitan por sus puertas. Estos clientes son portadores de un determinado capital económico y de un determinado capital simbólico (que no siempre van juntos) y, casualmente, transitan por determinados sectores de la ciudad y no por otros. Cabría pensar entonces que los diferentes géneros musicales habitan en determinadas zonas de la ciudad, como si existiese un mapa musical urbano. 2.- Por otro lado, en Buenos Aires existen diversos escenarios donde se exhibe determinadas músicas y donde participan determinados grupos sociales. Para enumerar sólo algunos (sería imposible enumerar y conocer a todos): «bailantas»: lugares donde se escucha y se baila música tropical, cumbia o «cumbia villera» (género relativamente nuevo que identifica a jóvenes que viven en villas y exhiben su problemática, como por ejemplo, en algún caso, su rechazo por la policía); discotecas o pubs: generalmente identificados con la música disco o el rock; las «milongas»: escenarios donde se baila tango, vals y milonga, se caracterizan por funcionar en horarios tardíos, muchas veces en días de semana; por lo general, cada milonga funciona uno o dos días determinados y con sus participantes habitués (por ejemplo, la milonga «El cachafaz» funciona todos los martes y jueves, a las 22.00 horas hay clase de baile y más o menos desde la 24.00 comienza el bailongo propiamente dicho, donde muchas veces se puede escuchar orquestas); luego están las «peñas» donde se canta y baila folclore argentino; la murga (género rioplatense) provoca epilépticos y rítmicos bailes en centros culturales, plazas y calles sobre todo en carnaval; teatros desde pequeños a grandes y estadios de fútbol, donde aquí ya es necesario contar con públicos masivos, y por ende (en general), tener un vínculo estrecho con la difusión mediática y el éxito mercantil. La música clásica generalmente se proyecta en algunos sitios más bien reservados y de no mucho público, aunque a veces puede escucharse en lugares más abiertos, como parques, o en el anfiteatro de alguna universidad. El lugar de mayor prestigio de la música clásica es el Teatro Colón, que funciona como un espacio consagratorio de músicas y músicos, y que actualmente sostiene una política que busca la inclusión de algunos eventos de géneros populares y de una mayor cantidad de público. Gabriel Senanes, su actual director, dice a un reportaje publicado en la página www.operayre.com.ar: «El Colón por dos pesos es paradigmático, tenemos ensayos abiertos también con entradas desde dos pesos y en algunos casos desde 5 pesos, y queremos tener un teatro distendido. Con respecto a la vestimenta, también se ha distendido, sólo exigimos lo que cualquier cine o teatro requiere, una vestimenta mínimamente adecuada, pero no hay un filtro.» Ante estas declaraciones volvemos al tema del capital económico y del capital simbólico. Hasta hace no mucho tiempo, aparte del precio de las entradas, una vestimenta no adecuada era un obstáculo para acceder al Colón, éste siempre fue un lugar para la elite de la sociedad porteña. Hoy, si bien hay precios accesibles y se han «distendido» las barreras de ingreso, no todo el mundo accede al teatro; existe, quizá, una suerte de traba simbólica que hace que mucha gente no incorpore este escenario como uno posible. Por otro lado, dentro de la música clásica el gusto de los que acceden parece definido: hay mucho más público a la hora de escuchar obras del período barroco, clásico o romántico que a la hora de escuchar obras del siglo XX (Béla Bartók por ejemplo). Por su parte, la Municipalidad de Buenos Aires dispone de un importante órgano de difusión musical -la Dirección General de Música- desde la cual se organiza gran variedad de eventos, de todos los géneros, en diversos centros culturales, parques, etc. Por ejemplo, desde el 28 de febrero hasta el 7 de marzo transcurrió el VI Festival Buenos Aires Tango, que dispuso de gran cantidad de espectáculos y clases de baile desde el centro hasta los barrios. Incluso, desde la municipalidad, se realizaron grabaciones de discos de «expresiones musicales urbanas caracterizadas por su actitud de búsqueda, originalidad y calidad interpretativa», según palabras incluidas en uno de los CDs de la colección que conforma este programa. En un medio adecuado... 3.- El sonido se transmite por el aire. Son innumerables las estaciones de radio que hacen circular sus músicas y sus cosmovisiones urbanas. Las hay barriales y de gran alcance, de música clásica y popular, de músicas regionales e internacionales. Pero hay dos programas que me interesa destacar: el primero se llama radio La Colifata, programa hecho por internados desde el manicomio de la ciudad (cuenta también con página en internet: www.lt22radiolacolifata.com.ar); la peculiaridad del segundo programa es que su público principal son los presos y sus familiares, que a través de la radio se transmiten mensajes y se dedican canciones. Estos dos ejemplos nos hablan de gente sin acceso a la circulación por la ciudad pero con acceso a la música, que llega hasta ellos, que circula por ellos. La TV no se podía quedar atrás a la hora de provocar circulaciones musicales. El año pasado nos tocó a los porteños ser testigos (y a algunos pocos protagonistas) de los programas Carrera a la fama y Operación Triunfo. Ambos programas, como puede verse ya en sus nombres, eran una mezcla de escuela de música y de competencia musical entre los participantes que tenían como objetivo final, por supuesto, el triunfo, la fama, el éxito: una manera más de entender la disciplina que nos convoca. Claro está que el furor de estos programas provocó enormes puntos de rating, y su correlato en lo social mostró, más allá de un enorme triunfo mercantil a sus organizadores, serios trastornos en los peinados de entusiastas adolescentes. En el tiempo... 4.- A esta altura de la historia en las ciudades, se hace imposible concebir el fin de la música si éste no coincide con el fin del género humano. (*) Sebastián Palladino es músico y Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires.
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