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Ciudades
en la música. Música en las ciudades
Santiago
Parres
voz@sparres.tk
«La
ciudad donde vivo ha crecido de espaldas al cielo»; así empieza
Corazón de neón, de la Orquesta Mondragón, una de las muchas canciones
que hablan en un tono irónico de la urbe, que en realidad podría ser cualquier
ciudad. Amores, odios, apego, opresión, cualquier sentimiento ha dado
pie a músicos de todo el mundo para hablar de ciudades propias o ajenas,
lugares de adopción, nacimiento o donde reposar definitivamente, escaparates
para contemplar el trajín urbano y la vida sobre el asfalto.
Santiago Auserón utilizó un tono pesimista en La ciudad interior:
«recorriendo la ciudad, tu seguridad depende tan sólo de ti...», en tal
vez el mejor álbum de su discografía, De un país en llamas, cuya
riqueza de registros y tan elaboradas como a veces implícitas letras pondrían
el listón del pop español muy alto, incluso para ellos mismos, Radio Futura.
Joaquín Sabina, poeta inspirado, ave nocturna y urbana, habló de la capital
de España de un modo melancólico y casi trágico en Pongamos que hablo
de Madrid, tema que gustan de adaptar a sus sonidos otros cantantes
de la ciudad, como lo hizo Antonio Flores; «...aquí no queda sitio para
nadie, pongamos que hablo de Madrid» es parte de sus versos. Burning,
en Madrid, hablaban directamente a su ciudad: «Madrid, te odio,
pero qué le voy a hacer». Rosendo Mercado fue más agrio con su primer
disco en Leño, como se aprecia en Este Madrid: «es una mierda este
Madrid, que ni las ratas pueden vivir». A La Mode, uno de los grupos abanderados
del tecno en los años ochenta, la urbe los inspiró para El único juego
en la ciudad, donde ésta era un tablero y –decían- «el premio eres
tú», en su trabajo más memorable: El eterno femenino. Más
optimista fue el trío Mecano, lleno de deseos en Quiero vivir en la
ciudad, «aunque a las diez por la calle me juegue el pellejo».
Algunas ciudades han despertado una querencia entre los autores de letras
dedicadas: Sevilla, sin irse lejos, ha sido blanco de músicos muy dispares:
tonadilleras y rocieros, «Sevilla tiene un color especial», que César
Cadaval escribió para Los del Río (dios los cría y ellos se juntan); Miguel
Bosé se puso serio y compuso un tema destacable entre su producción, Sevilla.
A La otra Sevilla le dedicó un álbum el grupo de rock Acracia,
desatendidos por el sistema musical y comercial de España, lo que no les
ocurrió más allá de la frontera, en países con un idioma tan distinto
del nuestro como Alemania y Holanda; Los hermanos Amador, de Pata Negra,
sí consiguieron ser profetas en su tierra con temas como Si tú
te vas, «yo me quedo en Sevilla hasta el final», o El
rock del Cayetano en dos versiones magistrales del blues, en
que hablaban de Sevilla con una ironía rasgada con buenos compases
de guitarra.
Pero si alguna ciudad ha sido venerada por propios y extraños a nivel
internacional, sin duda ha sido Nueva York: Frank Sinatra en uno de sus
temas más populares e imitados, Nina Hagen en New York, New York,
donde afirma que «debes de estar loco si quieres vivir en esta ciudad»,
Lou Reed en su recopilatorio NYC Man, T. Rex con una letra simple
en New York City, Yardbirds con su New York City Blues,
Bob Dylan, AC-DC, John Lennon... y tantos otros cautivados con la ciudad
en la que, por cosmopolita, resulta fácil permanecer en el anonimato,
e incluso nuestros patrios Rebeldes con Un español en Nueva York,
que también sintieron añoranza por su Barcelona natal en Volveré a
la ciudad. U2 se refirieron a NY sin mencionarla en Where the streets
have no name: «...quiero guarecerme de la lluvia venenosa donde las
calles no tienen nombre». Y no sólo la ciudad, sino incluso sus barrios
han llamado la atención: Enrique Morente hizo suyo, junto al grupo Lagartija
Nick, el tema First we take Manhattan, de Leonard Cohen, y continuaron
juntando voz y música, respectivamente, para musicar versos del Poeta
en Nueva York de García Lorca. Volviendo a la ciudad condal, a nadie
pasó inadvertido ese peculiar dueto que con ocasión de las Olimpiadas
del 92 formaron la soprano Montserrat Caballé y el vocalista Freddy Mercury.
Años atrás, Mercury había cantado con Queen el Brighton Rock, con
uno de sus falsetes más memorables, junto a una guitarra de May que estaba
destinada a ser copiada luego hasta el hartazgo. En los años ochenta,
un grupo barcelonés que ahora resurge tomó el nombre Brighton
64 para sus correrías mods, y empezaron su carrera musical
con Barcelona Blues.
En Inglaterra, mencionar algunas de sus ciudades ha sido hablar de un
sonido característico y traer a la memoria alguna de sus bandas locales;
tal es el caso de Liverpool o Manchester. En EEUU, en los mismos términos
se podría hablar de Detroit en los setenta, con MC5 (Motor City 5) y The
Stooges, o del sonido Filadelfia con Three Degrees o Dusty Springfield,
entre otros.
Hay multitud de maneras en que la música se ha hecho eco de la
vida en las ciudades, de su desarrollo, de todo lo que inspirase, de lo
bello y lo perverso, de la monumentalidad, de los pequeños detalles,
de cualquier rasgo que las diferencie de otras localidades. O de lo que
las une, un tono, un paisaje, un entorno, un espacio que crece con sus
pobladores y se adapta a ellos, y viceversa. Si de rememorar cualquier
gran ciudad se trata, qué mejor que el instrumental Theme for great
cities de Simple Minds, que barrió en discotecas en los años ochenta,
al tiempo que también lo hacía Anne Clark con su Sleeper in Metropolis:
«ninguna alternativa podía crecer donde el amor no halla raíces». Continuando
con ciudades imaginarias, La Unión vieron una vida muy distinta en Sildavia,
que podría ser ciudad, país o continente que no se halla en los mapas,
pero es «un nuevo destino para el ocio», y también contaron las desventuras
de un Lobo hombre en París. Screamin’ Jay Hawkins se puso más lírico
que nunca, aunque sin dejar de lado su toque de locura, para cantar I
love Paris. Mucho menos agitada que éstas, y con un tempo más melancólico,
una exquisita Vienna fue compuesta por Ultravox y encandiló incluso
a los monjes del Monasterio de Silos para dar su versión gregoriana. Con
una voz menos armoniosa pero con guitarras contundentes, Los Suaves hablaban
de la vida nómada del músico en Otra noche, otra ciudad, y también
cantaron Una ciudad llamada Perdición, e incluso nominaron a un
disco San Francisco Express. Quince años antes, Jim Thirlwell,
también conocido como Foetus, publicó un disco titulado
Foetus Over Frisco. Y también el trío madrileño Sobrinus aseguraban
vivir en esta ciudad, de manera obsesiva y entre distorsiones en su álbum
Coño.
A
la ciudad del neón y las apuestas cantó el mismísimo
rey, Elvis Presley, y también los sureños ZZTop, dos entonaciones
diferentes para la misma Viva Las Vegas. Dead Kennedys dieron su
versión particular para el tema, como también lo hicieron
Dread Zeppelin (no confundir con Led).
Red Hot Chili Peppers hicieron un espléndido Under the Bridge,
escrito en uno de los momentos más sensibles de Anthony Kiedis, para hablar
de Los Angeles. The Stooges, con unos modos bien distintos, hicieron un
L.A. Blues muy alejado del blues y bastante caótico. Arlo Guthrie,
en Comin' into Los Angeles, llegaba en avión desde Londres,
un tanto mareado por el viaje o por alguna extraña sustancia. El
trío mod The Jam conoció cierta gloria al publicar
In The City, título de disco y canción, «donde hay
miles de caras brillantes» y «miles de hombres uniformados», refiriéndose
tal vez al acomodado barrio londinense The City. Su vocalista. Paul Weller,
compuso cinco años después una canción a Malicia,
una ciudad, en A Town Called Malice. The Clash mostraban su talante
inconformista en London Callin’. En Last Train To London,
los chicos de Electric Light Orchestra se sentían solos mientras veían
marchar el último tren, en una de las ocasiones en que la ciudad enmarca
los sentimientos más nostálgicos. Paolo Conte deseaba una
ciudad para los dos en Genova per noi.
Si algo se puede recordar con cierta nitidez y añoranza es la ciudad
donde transcurrió la juventud, los años locos y las correrías
que mentalmente se ubican en los escenarios urbanos. En esta línea,
Thin Lizzy cantaron a la rebeldía en The Boys Are Back In Town,
y Eagles hicieron lo propio, con más suavidad, en New Kid In Town.
La formación más exitosa de los mujeriegos confesos Deep
Purple compuso uno de sus mejores rocks con Woman from Tokyo,
justo después de una gira japonesa recogida en uno de los directos más
memorables del rock duro, Made In Japan. Jagger y Richards, Rolling
Stones ambos, se divorciaban virtualmente en Nueva York y caían
en brazos de un torbellino con forma de mujer en Honky Tonk Women,
que también hizo suya, en primera persona, Tina Turner, así
como las ironías de Ike en Nutbush City Limits, una ciudad tranquila
donde ir de compras el viernes y el domingo a la iglesia, y también el
Living For The City de Stevie Wonder, que poetizó acerca de la
dura vida en la ciudad.
Y tanto es el amor de algunos músicos por su ciudad, que encontraron
su mejor nombre de guerra en el hecho de haber nacido o crecido en determinado
lugar; tal es el caso del grupo americano de AOR Boston, de los más melódicos
Chicago y de los radicales New York Dolls.
De lo que nos ha llegado de los países sudamericanos por las vías tradicionales,
quién no ha canturreado algún pasaje de Mi Buenos Aires querido
que Carlos Gardel hizo universal, verdadero mito que no murió, sino del
que dicen que cada día canta mejor; «mi Buenos Aires, tierra
florida donde mi vida terminaré». A México han cantado las rancheras, como también
a Guadalajara, lejos del tono blues eléctrico que utilizó John
Mayall para su México City.
Es
indudable la influencia de la ciudad a la hora de buscar registros e inspiraciones,
tanto para los músicos como para artistas de otras disciplinas.
Las canciones, así, pasan a pertenecer al acervo de referencias
de la ciudad y dejan una huella honrosa (siendo optimista en algunas ocasiones)
en su nombre. Los letristas han volcado toda clase de deseos y utopías
en la idea de la ciudad, en su idealización quizás, en los
lienzos de asfalto y rascacielos, o simplemente en el paisaje urbano que
los ha alimentado y al que, a su vez, han querido inmortalizar con sus
letras y acordes. Y si las ciudades se constituyeron con arquitecturas
y planos, con las gentes que pasaron por ellas y dejaron registro de sus
costumbres, con submundos que han evolucionado y se han transformado junto
a las urbes, también lo han hecho con las canciones que sus pobladores
les han dedicado y ya son parte de la tradición y la cultura.
Muchos otros hablaron de ciudades en los últimos decenios del siglo
XX, para bien o para mal, y otros que se han bautizado como ellas, o por
la ciudad han dado título a sus discos o canciones; algunos que han sido
obviados a propósito; otros que se escapan de la memoria; y a otros que,
lamentablemente en este planeta musical, no he tenido el gusto de escuchar.
Me daré un poco de tiempo para ello.
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