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Con
la Literatura hemos topado Ángel Petisme, Alberto Olmos y Rolando Revagliatti accedieron amablemente a conversar con teína sobre su quehacer literario. En mi caso, los tres ejemplifican cómo la ciudad guarda recovecos misteriosos y afortunadas casualidades, a condición de caminar inocente por ella, pero atento. A los dos primeros los conocí gracias a esas gangas que ofrecen las librerías sin saber muy bien qué venden. En el caso de Ángel Petisme, el encuentro aconteció en la sucursal alicantina de una gran superficie, en una de esas balumbas musicoliterarias donde los jefes de sección amontonan mercancía considerada fuera de moda. Su disco-poemario Cierzo permanecía allí, ignorado por el instinto consumidor de los habituales del lugar, junto con otro del mismo formato, Nueva Etiopía, de Bernardo Atxaga con músicos vascos. Dado que el plástico hecho dinero y habitante entre el público de El Tijeretazo Anglosajón atiende mayoritariamente a la música bisbaliana más candente y a los escritores sobreexpuestos en las vitrinas (y demás salones de rayos ultravioletas), ambos discos-poemarios se podían comprar por la módica cantidad de 5 euros. El precio normal de cada uno oscila entre los 15 y 18, es decir, me ahorré en total unos 20 euros. En el caso de Alberto Olmos, hallé su novela A bordo del naufragio en una librería de segunda mano cerca de mi casa, en Buenos Aires. No sé cuántos potenciales lectores hojearon antes aquel único ejemplar del libro, publicado en 1998 en España y en cuya solapa aparece una escueta biografía: «Alberto Olmos nació en Segovia en 1975. Actualmente reside en Madrid, donde le han dado un título». El precio, asequible y favorecedor de la asunción del riesgo por parte del inversor: 6 pesos argentinos. Con Rolando Revagliatti hubo menos romanticismo y más contacto físico, como corresponde a un psicoanalista; él, gentilmente, me regaló algunos libros suyos. Vagar por las calles de Alicante y Buenos Aires provocó estos encuentros deseablemente inesperados. Por suerte, descubrí más afectados por esta clase de fenómenos. Hace poco me escribió Karmelo Fernández Gañán, cuyo libro Madame Lelann se peina con el cuchillo de la carne reseñé en el nº 2 de teína. Hasta ahora, las fuerzas del mal se habían confabulado contra mis intentos, postales o electrónicos, de ponerme en contacto con él. Al final, este surrealista azar objetivo en que se ha convertido la red forjó una nueva casualidad: Karmelo descubrió nuestra revista y nos escribió. Si echan un vistazo a aquella reseña, verán que la compra de aquel libro, aunque algo más cara, resultó también del errar por las calles de Pamplona, ciudad gélida hasta el dolor de oídos en aquel febrero de 2003. En su correo electrónico, Karmelo me relataba que una de sus mejores compras literarias sucedió (también) en El Tijeretazo Anglosajón, pero en otra ciudad. Según confiesa, por 75 pesetas (0.45 euros) compró un libro de un polaco impronunciable, capaz de proporcionarle tres horas de placentera lectura. Desde luego, el cine o salir a cenar hollan con mayor profundidad el bolsillo, y duran más o menos lo mismo. Dicho esto, se me ocurre: ¿por qué los vendedores insisten en plantarse en el umbral de casa, catálogo en mano, exagerando las virtudes de adquirir libros apoltronado en el sillón? Muchos consideran que la literatura sólo acontece en la imaginación. Bueno, ya ven que las calles y sus tiendas también guardan ases en la manga. Antes de abrirles la puerta que da acceso al jardín literario, quisiera llamarles la atención sobre Zaragoza, una ciudad en auge para teína. En los dos últimos números nos acompañó Jesús Jiménez, natural del lugar. Entre las reseñas de este número 4, encontrarán también al zaragozano Ignacio Martínez de Pisón, con sus novelas Antofagasta y Nuevo plano de la ciudad secreta, arquitecturas inventadas y más relacionadas con los sentimientos que con los edificios. Como entre aragoneses anda el juego, contamos también con la presencia de Ángel Petisme, bilbilitano. Y, si recuerdan, en el nº 1 invitamos a otro maño, Sergio Algora. No hubo premeditación ni alevosía... ¿O sí? En cualquier caso, reconozco que algo propende a unirnos con Zaragoza. En las otras dos reseñas abordaremos libros muy distintos, de Vlady Kociancich y de Guillermo Cabrera Infante. En el primer caso, La octava maravilla, aborda un extraño viaje pliegue temporal incluido entre Buenos Aires y Berlín, donde se encuentra involucrado el refranero popular español. El segundo, El libro de las ciudades, agrupa unos escritos referentes a diversas ciudades del mundo, con especial atención a Londres. En la trastienda, Amor y muerte en la ciudad, donde Cesare Pavese y Santiago Parres conversan sobre el placer de escribir... antes de que el tedio acabe con la salud mental de uno. Ojalá se sientan animados a recorrer las calles de nuestro barrio virtual. Atentos, la luz de las farolas está a punto de prenderse. |
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