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El libro de las ciudades
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El libro de las ciudades

 

Santiago Parres
voz@sparres.tk

 

Titular esta obra El libro de las ciudades viene a ser como si una sección de los informativos que hablara de fútbol por encima de cualquier otro deporte se llamara Deportes. Porque Londres ocupa buena parte de estos relatos o ensayos (o mezcla de ambos géneros) y goza de protagonismo al igual que los Beatles, en este recorrido anglófilo donde Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929) ofrece una cantidad de datos abrumadora acerca de sus calles, y de personajes que las recorrieron o que habitaron en la capital inglesa. En su cuasi enciclopédica narración encontramos tal cantidad de anécdotas y de nombres propios, que resulta difícil creer que tantos datos estuvieran en la cabeza del autor; da fe de sus encuentros con personajes que pertenecen ya a la historia de la Literatura, de la Música, del Cine, y no se inhibe a la hora de arremeter contra el cuarteto de Liverpool, sin ir más lejos, y en especial contra Lennon, a quien tilda de atroz, y cuyo fin -dice- «me sorprendió menos que su principio». Con todo, cuando supo que los Beatles se separaban se preguntó: ¿es el fin de una era?

En un paseo imaginado por las calles de Londres va relatando qué hombres y mujeres ilustres vivieron a diestro y siniestro, y ofrece, asimismo, una espléndida guía de compras por las tiendas de moda de más renombre, sin duda conocidas por él debido a la afición al escaparate de su esposa, Miriam Gómez, omnipresente a lo largo de las 260 páginas del libro.

Ésta es una compilación de narraciones escritas en épocas diferentes, por lo que no es de extrañar ver anécdotas que se repiten en dos relatos, sea a propósito, o por esa amnesia -que el mismo autor reconoció públicamente-, efecto secundario de los electrochoques a los que fue sometido para tratar de anular sus accesos paranoicos.

Dado que de un capítulo a otro puede variar considerablemente de tono, por momentos hace dudar de si nos encontramos frente a un diario, una guía turística, un ensayo o una novela. Debido a la vasta cultura de Cabrera Infante, tal cantidad de nombres propios puede llegar a ser un lastre para una lectura fluida. En buena parte de los capítulos se aprecia su afición a los juegos de palabras, como suele ocurrir en el resto de sus obras, en busca de rimas hasta el punto de transformar una palabra en otra, neologismos que justifiquen ese lirismo y que en ocasiones puede distraer también de la historia que seguimos. Como su querencia por la aliteración, lo que para algunos puede resultar una mera cacofonía.

Seguir el ritmo de la narración puede ser dificultoso, perderse en el camino ante tanto nombre propio si no se es cinéfilo, melómano y no se conocen al menos dos lenguas aparte del español, con las que salpica su prosa repleta de juego poético. Tal es su londonfilia que incluso su estilo se ve salpicado por una ausencia de comas que pueden llevar -y de hecho llevan- a confusión. Pequeños detalles que no impiden disfrutar de un humor marxista (de hermanos Marx) cuando dice «afortunadamente para su marido, esta señora es soltera», o al afirmar que «todo el mundo se puso a sudar fresco» cuando Mary Quant afirmó que el sudor fresco olía bien. Jugando también con personajes literarios, es capaz de comparar al Quijote y Sancho con los británicos Sherlock Holmes y Watson.

De otras ciudades se ocupa GCI en este libro: Madrid, «en un tiempo la capital del mundo y ahora mucho más que eso: la capital de España», licencia lírico-geográfica que no se permitiría decir a un autor español; Bruselas, San Sebastián, La Habana, Río de Janeiro, son otras ciudades a las que dedica tiempo, letras y jocosidad; a «la destrucción de Peñíscola por el turismo salvaje»...

Y a pesar de la contraportada engañosa, que hace pensar en una historia del nacimiento de las ciudades o también de su posible destrucción, Cabrera Infante demuestra en esta compilación de relatos de ciudades que el sentido del humor no tiene fronteras ni está reñido con la cultura o la intelectualidad, y por eso, un hombre le llamó en el aeropuerto de Bahía «o rei de la brincadeira», el rey de las bromas.

El libro de las ciudades, Guillermo Cabrera Infante
1999, Alfaguara
ISBN: 84-204-3075-7