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ENTREVISTA
A JORDI BORJA
«El mercado dejado suelto es destructor de la ciudad»
Para
el geógrafo y urbanista catalán, el mercado no puede actuar sin restricciones
en las ciudades. Considera que la ciudad-negocio destruye la ciudad,
y reclama que los poderes públicos reduzcan los efectos desequilibrantes
que el mercado suelto genera. Y asegura que la ciudad seguirá siendo un
espacio de dinámicas y situaciones contradictorias.
Por
Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es
Entre
las muchas temáticas que con marcada lucidez aborda en su libro más reciente,
La ciudad conquistada (Alianza Editorial, 2003), Jordi Borja deja
en claro la necesidad de limitar el libre albedrío de mercado a la hora
de hacer ciudad. Rechaza también la idea de que la sociedad atraviese
por un proceso de despolitización, y sostiene que de la ciudad
de los próximos años, de la ciudad que está por venir, sólo tenemos tendencias
e insinuaciones pero no certezas acerca de cómo será. Sobre éstas y otras
cuestiones conversó con teína.
Usted destaca que la ciudadanía es una conquista cotidiana y que la vida
social urbana nos exige conquistar constantemente nuevos derechos o hacer
reales los derechos que poseemos formalmente. ¿Qué pasa cuando no se ejerce
esa ciudadanía, esos derechos, o cuando a numerosos habitantes de las
ciudades (como a los sin papeles) se les niega tal posibilidad?
En la medida, por ejemplo, que no se les reconoce el derecho a voto, tienen
menos capacidad de expresión y de presión política; en la medida que no
tienen papeles tienen más dificultades para acceder a los servicios, al
empleo, etcétera. Por lo tanto, en cierta medida, las personas a las que
no se les reconocen esos derechos, no son ciudadanos.
Señala que la crítica social siempre ha tenido efectos positivos en el
momento de hacer ciudad. ¿En épocas de marcada despolitización
se puede esperar que ese tipo de movilizaciones sigan y que, en ese caso,
consigan los objetivos perseguidos?
No creo que exista despolitización. Lo que ocurre es que la politización
se manifiesta de formas diferentes. Por ejemplo, hay un desapego o una
pérdida de confianza en los partidos políticos, pero la gente va a votar
de todas formas. Puede haber un cierto desinterés para movilizaciones
muy ideológicas y, al mismo tiempo, por ejemplo, aparecen los movimientos
antiglobalización, que por cierto son bastante ideológicos. En el caso
de las ciudades, como es el caso español, ha habido un proceso de gestión
democrática de los ayuntamientos, con demandas y reivindicaciones que
antes movilizaban a la gente pero que ahora no ocurre, lo cual está muy
bien porque quiere decir que las administraciones públicas prestan unos
servicios y responden a demandas importantes de la población. Pero de
todas formas, cuando esto no ocurre, aparecen las movilizaciones populares.
Ahora la conflictividad vuelve a aparecer. La conflictividad en sí misma
no es un mal ni un bien, sino que expresa un desequilibrio entre las ofertas
y las demandas de las políticas públicas y sociales.
En la ciudad multicultural se aprecian mucho estas contradicciones entre
las diferentes demandas...
Las ciudades siempre han sido multiculturales, lo que ocurre es que ahora
estamos en la primera fase de una nueva dimensión de multiculturalismo.
Las ciudades siempre se han desarrollado en gran parte a través de las
migraciones. Los mismos tópicos que hoy se aplican a los magrebíes, años
atrás se aplicaban a los murcianos o a los andaluces. Más o menos son
los mismos tópicos. Ahora no hay ningún problema entre los catalanes de
origen y los españoles provenientes de otras partes de España; en cambio,
puede haberlo respecto a otras minorías. De todas maneras creo que eso
es algo que no tiene mayor importancia, salvo cuando se utiliza para estimular
los comportamientos xenófobos, racistas.
También advierte de la desigualdad cada vez más creciente que se da entre
sectores dentro de una misma ciudad, y cómo, a menudo, vastos sectores
son directamente olvidados y ni siquiera reconocidos por las autoridades.
Respecto a esto, Manuel Castells se teme que, de no reverse esta situación,
las megaciudades tendrán universos paralelos en los que, por un
lado, estarán sectores integrados y globalizados, y otros estarán segregados
y excluidos. ¿Es eso lo que nos espera?
Eso no es lo que nos espera, ¡esto es lo que es! Es decir, están mucho
más cerca de Madrid, Valencia o Barcelona gente que vive a centenares
de kilómetros y que está conectada a las diferentes ofertas culturales,
que gente que vive en barrios de esas ciudades y que, sin embargo, están
absolutamente desconectados de esas ofertas, de Internet y en general
de la vida de ciudadanos. En general, en nuestras ciudades hay sectores
que viven en condiciones de exclusión como si no se hubiesen enterado
de que la economía y de que el mundo han cambiado porque quedan excluidos
y están viviendo con estrategias de supervivencia.
¿Ésas
son responsabilidades propias, ajenas, compartidas?
Bueno, es que esto es consecuencia de un sistema de economía capitalista,
de la lógica del mercado, de la exclusión política y de la falta de redes
solidarias lo suficientemente fuertes en la ciudad.
Usted es bastante crítico con el mercado...
El mercado dejado suelto es destructor de la ciudad, porque en sociedades
desiguales el mercado tiende a demandas desiguales y segrega estas demandas
en los espacios, se crean guetos de ricos, de pobres, áreas funcionales,
parques tecnológicos, etcétera. El mercado suelto destruye la ciudad;
al mismo tiempo, la ciudad necesita el mercado porque la ciudad es fundamentalmente
un lugar de intercambio y el mercado es una forma efectiva de asignar
bienes y servicios. Lo que tiene que haber es un poder público que regule
este mercado y que reduzca al máximo los efectos desequilibrantes que
el mercado suelto genera.
¿Cómo
se hace para que el poder público no pierda esto de vista?
Mire, esto es fácil, otra cosa es que se quiera o no se quiera hacer.
Es decir, un poder público puede hacerlo a través de fijar condiciones
sobre el respeto al espacio público, a través de establecer cesiones de
suelo para distintos usos, de no admitir que se hagan operaciones absolutamente
homogéneas, que se incluyan viviendas protegidas... se trata de establecer
condiciones que obliguen a los sectores privados a actuar respetando ciertos
compromisos y ciertos equilibrios en cuanto a espacio público, a equipamiento,
a diversidad de ofertas, en cuanto a precios, etcétera.
LA CIUDAD NEGOCIO En
los últimos años se ha vuelto una constante (y en España sobran los ejemplos
de ello) ver cómo numerosas ciudades se han volcado, a veces de
manera frenética y precipitada, a construir edificios-emblemas (auditorios,
museos de arte contemporáneo, etcétera), a encarar importantes procesos
de transformación urbana y a la realización de grandes eventos, con las
bienales de Arte como opción más repetida.
Y
ante tanta variedad de proyectos, los resultados también han sido diferentes.
Los ha habido muy buenos, como no tanto. Para Borja, «los
grandes proyectos en sí mismos no son ni buenos ni malos. Lo que es interesante
es que las ciudades más exitosas han tendido en Europa a plantearse grandes
proyectos de carácter integral. Es decir, no solamente de carácter urbanístico
o de carácter social, sino integrando distintos elementos. Como actuaciones
de recuperación de centros históricos, reconversión de áreas industriales,
etcétera. Otra cosa es cuando la utilización del producto urbano, del
edificio emblemático, cuando esas operaciones buscan crear una imagen
de la ciudad, de una zona de la ciudad, a través de un edificio emblemático.
Esto en algunos casos ha funcionado muy bien, como en Bilbao con el Guggenheim.
En otros casos el edificio se ha adaptado perfectamente al entorno y es
un elemento que le da un plus de cualidad, como el Kursaal de San Sebastián.
Y también hay otros casos, como es el de Valencia con la Ciudad de las
Ciencias y las Artes que me parece que es una operación absolutamente
artificiosa en cuanto a su contenido cultural pero también en cuanto a
su impacto sobre el territorio. Me parece artificiosa y presuntuosa. Yo
no estoy en contra de los edificios emblemáticos, estoy contra esta reducción
de la arquitectura a estos edificios y contra esta especie de alianza
impía entre el divismo de los arquitectos, la afirmación de poder de los
políticos y la ostentación de las grandes empresas».
Lo que Ud. decía de que está en contra de la ciudad como negocio.
En la ciudad se tiene que hacer negocios, esto es evidente. Ahora, lo
que no se puede hacer es poner a la ciudad al servicio de los negocios,
que es una cosa que ahora ocurre bastante en España.
En su opinión, la ciudad es un espacio de dinámicas contradictorias cuya
configuración futura no conocemos con certezas, sino que apenas la intuimos
y presagiamos. ¿Cómo trabajar entonces de cara al futuro ante esa incertidumbre?
La incertidumbre existe siempre en los procesos sociales y por lo tanto
en el desarrollo de la ciudad. De lo que se trata es de fijar unos escenarios
de futuro deseables a través de un proceso de debate ciudadano entre muchos
actores. Decir hacia dónde queremos ir fijando, pues, unos elementos
tanto físicos como de actividades, de las funciones de la ciudad... saber
un poco cómo queremos que sea la ciudad del año 2010, la ciudad
de 2020, y sobre todo concretar algunos proyectos importantes y algunos
criterios para avanzar en esa dirección. Es lo que comúnmente se conoce
como planeamiento estratégico o cosas parecidas, que es lo que permite
tener un marco de referencia y un catálogo de actuaciones deseables. Teniendo
esas perspectivas de futuro se trata de encontrar la combinación entre
actuaciones concretas deseables y oportunidades para realizarlas.
¿QUIÉN
ES JORDI BORJA?
Jordi
Borja es actualmente director del Máster de Políticas y Proyectos
Urbanos de la Universidad de Barcelona, y ha participado en la elaboración
de planes estratégicos y proyectos de desarrollo urbano de varias ciudades
europeas y latinoamericanas. Lleva la organización del Diálogo Ciudad
y ciudadanos del siglo XXI para el Fórum Universal de
las Culturas 2004 en Barcelona. Entre los varios libros que ha publicado
se destacan Local y Global: la gestión de las ciudades en la era de
la información (Taurus Ediciones, 1997) en colaboración con Manuel
Castells, y La ciudad conquistada, su publicación más reciente
(Alianza Editorial, 2003).
Borja
es, en resumen, uno de los urbanistas españoles más importantes y de mayor
proyección a nivel mundial.
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