La coartada multicultural
Hoy asistimos a la celebración de la diversidad cultural. Sin embargo, en muchos casos esa proclamación esconde un proyecto de homogeneización. El pensamiento único amenaza seriamente la posibilidad de tal diversificación.
Por Lucio Latorre
lucioteina@yahoo.es

Si bien se trata de dos conceptos diferentes (para detalles ver en este dossier Multiculturalismo y diversidad) tanto el multiculturalismo como el pluralismo apuntan, al menos en sus respectivas declaración de intenciones, a conseguir que en las sociedades multiculturales de hoy día se mantenga la diversidad cultural existente en un marco de respeto y tolerancia respecto del otro.
Esto, sumado a la certeza de que no existen culturas puras y que en todas, en mayor o menor grado, se dan procesos de hibridación, de mezcla con otras culturas, puede llevar a pensar que la diversidad cultural es poco menos que infinita. Sin embargo, esta situación no es ni por asomo así. Y no puede serlo en un mundo como el actual en el que el sistema imperante, el neoliberalismo, se muestra más poderoso e insaciable que nunca; un sistema que no tiene descaro en sus intentos por imponerse a todo y a todos los que vayan en contra de sus intereses. Y la idea misma de multiculturalismo, entendido en su acepción de la celebración de la diversidad cultural, puede terminar siendo una coartada, una peligrosa fachada de algo que en realidad no ocurre.
Esto lo tiene muy claro el filósofo argentino Eduardo Grüner, para quien un multiculturalismo de estas características representa en realidad «una falsa diversidad que esconde la profunda destrucción y genocidio cultural acarreados por la sistematización técnica y comunicacional que promueve el neoliberalismo».
Que en las sociedades culturales, en el mundo entero, existe variedad de culturas, es obvio. Y que no son pocas, también. Pero está claro que no ya el futuro, sino el presente de esa diversidad está en retroceso ante el fuerte y acelerado proceso de homogeneización que, impulsado por unos supuestos mejores valores materiales y simbólicos, se expande por todas latitudes. Se trata de la universalización de una visión del mundo particular. Citando al pensador Slavoj Sisek, Grüner advierte de que «corremos seriamente el peligro de transformar al multiculturalismo en una inconsciente coartada que sirva para sacar patente de progres mientras el Poder avanza arrollando con todas las bases de posibilidad de la tan proclamada diversificación cultural». Y agrega que el multiculturalismo, entendido de esta manera, «lejos de permitir la diversidad cultural, tiende, por debajo de las apariencias, a homogeneizar la lógica de la cultura y el universo de lo simbólico como condición de pautas de producción y consumo más ordenadas y rentables».
Esta expansión del pensamiento único, del neoliberalismo en todas sus facetas, se da a través de una correa de transmisión bastante clara. Como Pierre Bourdieu y Loïc Wacquant lo señalaron en Las argucias de la razón imperialista, los esquemas del pensamiento neoliberal han conseguido imponerse en las últimas décadas «gracias a la labor de zapa de los think tanks conservadores y de sus aliados en los campos políticos y periodísticos». De ahí entonces la necesidad de saber diferenciar la verdadera diversidad cultural de aquélla de diseño que se nos vende, por distintos medios y media, y en la que la supuesta diversidad, en realidad está unida por el hilo homogeneizador de un modelo único.

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