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P oemas de Leonardo Martínez
(seleccionados por josé emilio tallarico
y rubén a. arribas)
Algo hace y deshace la
memoria.
El sauce pleno vuela sus hojas en otoño.
El río del verano se amansa desde los primeros fríos.
La montaña es más ocre, más gris, más piedra
en los inviernos.
Algo
cabalga el tiempo
y hace y deshace la memoria
(extraído de El Señor
de Autigasta, Último Reino, 1994)
ME ACUNASTE
con el viento que desbordaba los adioses
y cubriste mis ojos
de noches dormidas al fondo
de tu noche.
Fui criado en los pastizales del sur
con la leche de extranjeras
vejadas por la lluvia,
floridas de una lepra alegre.
No nos conocimos.
La muerte en su agua pura
te escondió de mí
como entonces,
cuando el llanto era un arroyo seco
del invierno
y el bosque un corazón sin hojas
ni latidos
(de la serie De la madre, extraído
de El Señor de Autigasta, Último Reino, 1994)
TODOS HAN MUERTO.
Se han ido muriendo uno a uno.
Yo pude haberlos matado
pero dejé al tiempo la tarea.
Por segundos seré dueño,
dueño solo de la memoria
y desde mi sitial
abarcaré los sueños de los otros,
sus grandes desconsuelos,
sus vidas en pedazos.
Cuando me toque la muerte
seguiré sentado como en este instante,
bajo el tala,
mirando sin ver
los cerros,
allá lejos.
(de la serie Hombre solo, extraído
de El Señor de Autigasta, Último Reino, 1994)
El recuerdo
LA COCINA ERA NEGRA Y TRISTE
EN LOS CREPÚSCULOS
Sola entre ollas y cacharros
bajo un techo de hollín
protegida por paredes de color incierto
es una aparición más a la luz del mechero vacilante
Prepara la comida de la noche
desplazándose del fogón a los braseros
El recuerdo nos anida
juega y atormenta y vivifica
dice que los olores persisten para enloquecer a ratas inmortales
que el tacto melancólico arrasa con los cuerpos detenidos en
la infancia
que el hollín y el pasado son el gusto de la muerte
La mujer
la Rita
grasiento amor de los crepúsculos
se afana en la cocina
trajina con el asado en olla
No sospecha que la vida es un poema traducido
en el mejor de los casos transcripto
fotografía tomada con cámara lluviosa.
(Extraído de Rápido
paisaje, Último Reino, 1999)
EN ALTAS HORAS
cuando los pájaros nocturnos
en plena acechanza y cacería
organizan su festín de roedores
el bosque habla en voz baja
con sus muertos
Ellos rumian callados
la hojarasca del pasado otoño
Si en alguna primavera
te internas por la noche en la maleza
escucharás entre las hojas caídas
y los frescos retoños apenas movidos por la brisa
lo que el cielo el polvo
la oscuridad el sueño
cantan
y tendrás miedo de ese canto
Tendrás miedo de la herrumbre
de los años
De la estación corta
Del rápido paisaje
(De la seria Poema de las estaciones,
Extraído de Rápido paisaje, Último Reino, 1999)
UN INFIERNO MENOR
A Libertad Demitrópulos
MI TÍA Isidora
se suicidó una noche de enero
al comienzo de nuestras vacaciones
Pudo haber sido en diciembre o marzo
pero fue en enero
cuando los largos paseos a las montañas
nos hacían tan felices
Tragó su vida
y se incriminó en el desfile de muertos
adheridos al olvido más pedestre
Se fue diciendo
soy la Señora de los escapularios quemados
la doméstica del sagrario de las hostias marchitas
ningún lugar me contiene
desaparezco
sola con mi angustia
Y mi tía Isidora
se pudre en su cama de tierra
fuera del camposanto
por suerte sin la compañía de muertos
que la hubiera agobiado en vida
Las gallinas escarban los hierbajos
y algunos perros orinan
sobre la tumba sin inscripción ni cruz
Perteneció a varias cofradías
a sociedades de bien público
Demasiado hermosa
sus carnes de leche rosada
es seguro
intoxicaron de gozo al amante secreto
¿Adulterio?
¿Un amor deshonroso?
Ciudad de provincia de tribu pequeña
descendíamos señores y siervos del mismo genearca
por lo tanto el incesto era el diario alimento
y la muerte por la mano propia
el estrecho camino de un infierno menor.
(Extraído de Asuntos
de familia y otras imposturas, Último Reino, 1997)
TODAS ELLAS
madres tías madrinas abuelas
la multitud de primitas
las hermanas que no tuve
mis sobrinas del aire
las novias de la fiebre
la infinita servidumbre de mujeres
todas ellas
hilan y tejen y destejen
trepan a trenes sin destino
y se alojan al borde de la madrugada
en casas ruinosas
donde miran pasar los alborotos de la vida
Cumplieron con los preceptos morales
y también con los inmorales
Vivieron de oraciones y novenas
de comidas de llanto
de alegrías moribundas
matizadas de sexo mezquino y subrepticio
Están quietas
junto a una pared de sombra
condenadas a no dejar pasar la vida
a negarla
ellas
mis viejas diosas
(De la serie Mis viejas diosas,
extraído de Asuntos de familia y otras imposturas, Último
Reino, 1997)
POR LA MAÑANA
encuentro vestigios
de las correrías nocturnas
Toco un hueco en la almohada
y a mi lado
hay una forma imprecisa dibujada en las sábanas
Toco lo que vive en mí
Mi lengua es como un río
Mis dedos árboles orillando el río
Mi hermano un viento de agua
con olor al lejano país de los caballos
donde la sangre del sueño gotea sin peso
Algo encantado me trepa
desde la tibieza de las sábanas
Se evapora el día
En la cama florece el verano
(De la serie Un huecos en mi
almohada, extraído de Asuntos de familia y otras imposturas,
Último Reino, 1997)
DESTINO COMÚN IV
Yo soy nadie
y me enterrarán vestido de nadie
Los ríos mueren en el mar
o se insumen en los arenales
En ambos casos ingresan a caudales plenos
Yo soy nadie
luego entraré de muerto a la nada
deslucido nombre
para llamar al opulento reino
de cambios y mutaciones infinitas
Ayer nomás tallé este petroglifo
antes fui pez también fugaz insecto
mono fraterno y habitante de Lemuria
Ahora nadie
destino de hombre acaudalado de palabras
(De la serie Destino común,
colección Testimonio nº 1, editorial Ciudad Gótica,
2003)
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