Editorial
Por Rubén A. Arribas
tiempohuella@yahoo.es
Nuestro mapa multicultural cuenta esta vez con los siguientes nombres y accidentes literarios: Martín López-Vega, Leonardo Martínez y Fernando Aramburu, como invitados en la sección tintalabios; Campo general y otros relatos de Guimaraes Rosa, El filo de la navaja de Somerset Maugham y Makbara de Juan Goytisolo, como sugerencias del día en arroz con bogavante. Asimismo, cuando hayan digerido todas estas viandas y traten de escapar hacia otra sección, encontrarán el artículo Sólo café, solo, donde Santi Parres habla sobre las controvertidas normas de la RAE y la actitud de alguno de sus prohombres. Antes de ingresar a nuestro restaurante literario, permítanme unas palabras de presentación sobre los invitados:
Martín López-Vega, asturiano, viajero y escritor infatigable. Cuenta con tal cantidad de libros publicados, aquí y allá, que es imposible estar seguro de si uno los cita todos. Y sólo tiene veintiocho años... Por cuestiones de guión —recordemos que este número trata sobre el multiculturalismo—, Equipaje de mano era el libro de Martín sobre el que nos interesaba conversar. Equipaje de mano es una vuelta alrededor del mundo sin salir del libro, gracias a ese terreno fronterizo que hay entre literatura y viaje. Poemas nipones, hindúes, chinos, portugueses, belgas, checos... Eugenio de Andrade, Yehuda Amijai, Claude Roy, Jorge de Sena o Shinkei son algunos de los manjares y de los invitados que porta este bolso de mano y que el propio autor ha versioneado para la ocasión. Martín comparte a través de esta antología su gusto por viajar, su cariño por los libros y su interés por la literatura. Jesús Jiménez lo entrevistó para la revista Ciclo a raíz de la publicación del libro. Dicho reportaje nunca llegó a ver la luz, pues la revista desapareció. Resultaría un tanto embrollado explicar cómo nos conocimos Jesús y un servidor y cómo rescatamos dicha entrevista del limbo; así que les ahorro explicaciones. A final de cuentas, lo importante es que Jesús y Martín acabaron en teína y que la entrevista abandonó el cajón del olvido por la puerta del presente.
Leonardo Martínez es catamarqueño, esto es, de Catamarca, noroeste de Argentina. La capital, como suele suceder en otros lados, acapara la atención y determina lo actual; tanto es así que desde el exterior es fácil confundir la cultura argentina con la producida en Buenos Aires. Craso error, pues estamos ante un país enorme y de una diversidad espectacular. Según Leonardo, a los poetas del puerto se les llama poetas (a secas) y al resto se les llama poetas del interior, gentilicio incluido. La suya es, por tanto, vaya donde vaya, una de esas voces que van acompañadas del lugar donde nació: Leonardo, poeta catamarqueño. Aunque desde hace tiempo reside en la capital porteña, confiesa ser fiel en la escritura a su lugar natal y escribir desde ese recuerdo poético de Catamarca. Leonardo atalaya desde un lugar privilegiado ese viaje, desconocido para los profanos, que se da entre la capital y el resto del país. Según el también escritor argentino Juan José Hernández, «sólo hay literaturas regionales, y en el caso de existir una literatura nacional, ha de estar integrada por un conjunto de regiones, no sólo por la pampa húmeda y su ciudad-puerto». José Emilio Tallarico actuó de nuevo como anfitrión para nosotros, y un servidor, español destinado en la capital porteña, co-produjo con el doctor la entrevista.
Fernando Aramburu es donostiarra pero residente en tierras alemanas. Allí encontró la soledad que necesita todo escritor para encarar con garantías sus emprendimientos. A fe que lo hizo y en cantidad: ocho años tardó en escribir su primera novela, Fuegos con limón. Charlamos con él sobre esa primera novela y también sobre El trompetista del Utopía, hablamos de la construcción de sus personajes, nos explicó cómo se organiza un escritor profesional, cuál es su compromiso ante la sociedad, hubo algunas palabras para Gabriel Celaya y nos preguntamos por el imposible desenlace del terrorismo vasco. La entrevista debe contarse en el haber de los caprichos, en la lista de los deseos cumplidos y en el índice de materias que uno cursa para aprender a escribir, ¿por qué no? Es un gusto personal. Su prosa, genuina y autóctona como casi ninguna, es fascinante; releer cualquier página de sus libros resulta, además de un placer, una clase práctica sobre cómo se escribe. Una última cosa, quisiera agradecer públicamente la ayuda de Care Santos para poder concertar la entrevista; ya que, si es por la editorial, sólo habría estado autorizado a comprarme los libros de Aramburu y poco más. Gracias, Care, estoy en deuda contigo.
En cuanto a los libros reseñados, posiblemente algunos de ustedes sepan más que nosotros... En cualquier caso, nuestra intención es cursar una invitación a la lectura de aquello que nos conmueve; por este motivo, elegimos los libros que nos sientan frente a la hoja en blanco y disparan nuestros sentimientos. Es una cuestión de querencia: compartimos cuanto es actual para nosotros, no para las editoriales o los suplementos literarios. Disculpen. Un criterio tan cuestionable como cualquier otro, sí, pero nuestro; y eso es lo que cuenta. Santi, Valeria y yo nos tomamos la libertad de comentar a Maugham, Guimaraes Rosa y Goytisolo porque sí, porque nos apetecía hablar de lo que ellos nos sugieren.
Por último, cito la nómina de convocados para elaborar esta sección: Jesús Jiménez, José Emilio Tallarico, Valeria Iglesias, Santi Parres y Rubén A. Arribas. Culpables o inocentes, júzguenlo ustedes. Sepan que estamos a su disposición para escuchar cualquier crítica, compartir hallazgos inauditos o tomar una cerveza. El placer es nuestro.

|